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Trae sonrisas desde EUA a niños pobres de Honduras

Gloria Johana Sierra se fue a vivir a Estados Unidos, pero nunca olvidó a los niños de su aldea.

Con la misma alegría que  empaqueta en Estados Unidos los donativos, los reparte en Honduras.
Con la misma alegría que empaqueta en Estados Unidos los donativos, los reparte en Honduras.

San Pedro Sula, Honduras.

Como todos los años, Gloria Johana Sierra volvió en Junio a la aldea donde creció para repartir alegría entre los niños mediante los donativos que logra reunir durante todo el año en Estados Unidos, donde trabaja.

En El Junquillo y otras aldeas de Nueva Armenia, Francisco Morazán, es esperada en Navidad y a mediados de año porque llega con juguetes, alimentos y útiles escolares, pero sobre todo con mucho amor y la alegría de ayudar reflejada en su rostro.

Sin proponérselo logró que su labor trascendiera en Estados Unidos a través de las páginas del Washington Post que le dedicó un artículo en su sección El Tiempo Latino, lo cual fue determinante para poder captar más donativos.

Gracias a ello, cada vez llega a más comunidades hondureñas con sus “bolsas de amor” como llama a los donativos que consigue con sus amigos, compañeros de trabajo y familiares. En enero de este año, Gloria Johana recibió una emotiva carta del alcalde de Texíguat, El Paraíso, Lorenzo Arturo Sierra, para agradecerle en nombre de “los niños y padres de la aldea Jamayupe” por conseguir que San Nicolás les llevara juguetes.

Gloria nació en Tegucigalpa, de una madre soltera. “Durante mi niñez, mi madre trabajaba y estudiaba por la noche. Crecí en la pobreza pero rodeada de amor. Las únicas vacaciones que mi madre me podía dar era mandarme a la casa de mi abuelita en una aldea en la que no había electricidad o agua potable”, cuenta Gloria.

Luego su madre emigra a EUA y Gloria queda, con 7 años, a cargo de una tía que se convierte en su “segunda madre”. Con el tiempo, la madre de Gloria se casa con un estadounidense y “da a luz a mis dos hermanitos”.

Llegó a Estados Unidos a los 11 años sin saber inglés. “Fui a una escuela en la cual yo era la única que hablaba español y fue muy difícil ajustarme a una nueva cultura, nueva escuela y hasta a una nueva familia”, explica y añade que seis meses después “ya podía hablar, leer y escribir inglés”. “Crecí con unos padres amorosos, y con el conocimiento de Dios. Mi madre y mi padre son mis ídolos: ellos me enseñaron a ser agradecida, luchadora y siempre ayudar a los necesitados”.

En la universidad estudió contabilidad y hoy es una profesional con 10 años de experiencia. “Gracias a ser bilingüe y profesional he tenido la oportunidad de regresar a Honduras y a mi aldea humilde todos los años, y me he dado cuenta que las cosas no han cambiado mucho desde mi niñez”, le dijo a The Washington Post.

Gloria recuerda con tristeza cuando llegaba la Navidad y pensaba que San Nicolás solo visitaba a los niños ricos, no a los pobres. Ese sentimiento la llevó a crear la “The Glo Foundation” en 2011 (www.glofoundation.org) que representa “luz, esperanza y felicidad”.

Al tener un trabajo estable y muchos amigos se propuso ayudar a esos niños que viven en condiciones precarias. Se le quiebra la voz y humedecen los ojos cuando recuerda que uno de esos niños caminó más de una hora “cargando un saquito de frijoles en agradecimiento por poder conocer a Santa”.