Desgarrador adiós a niños asesinados en La Pradera

Kenneth Alejandro Castellanos (7) y Luis Edgardo Hernández (13) fueron sepultados en medio del dolor de sus familiares y amigos.

Los hermanitos de Luis Alejandro Hernández contemplan el féretro del menor.
Los hermanitos de Luis Alejandro Hernández contemplan el féretro del menor.

San Pedro Sula, Honduras.

Dos familias lloraron ayer la partida de sus hijos, dos pequeñas víctimas de la ola de violencia que impera en la colonia La Pradera, en el este de San Pedro Sula.

Ayer dieron el último adiós a Kenneth Alejandro Castellanos (7) y Luis Edgardo Hernández (13), dos de los ocho niños que han sido asesinados en solo un mes en este sector sampedrano.

En el funeral de Kenneth hubo desmayos, gritos desgarradores, sentimientos de pesar y palabras de cariño en memoria del pequeño. Solo acudió su familia. Fue un momento íntimo, donde su madre, hermanos, tíos y primos solo pudieron orar por él.

Elevaron sus plegarias al cielo pidiendo no solo por su alma, sino por ellos, para que el consuelo y la fortaleza los acompañen y superar los duros golpes que en solo una semana les ha tocado vivir con el asesinato de dos de sus hijos: Kenneth y Anthony Castellanos (13), sepultado el jueves anterior en el sector López Arellano, Choloma, Cortés.

El dolor también lo vivía ayer en otro sector de la ciudad la familia de Luis Edgardo Hernández Argueta (13), cuyo cadáver fue encontrado el lunes en las cañeras del ingenio Santa Matilde, en el municipio de San Manuel, Cortés, pero que fue reconocido hasta el jueves por las autoridades forenses y entregado el viernes por la noche a su madre Daysi Argueta.

Lo velaron en una humilde vivienda de la colonia La Primavera, en las faldas de El Merendón, acompañados por familiares y miembros de la iglesia que los apoyaron en todo momento. Ayer al mediodía fue sepultado en el cementerio de Calpules.

El sonido de la pala que cubría el féretro con la tierra apenas rompía el ambiente de tristeza en la despedida del pequeño que cursaba el cuarto grado.

El rostro de sus familiares reflejaba el dolor, la impotencia de ver partir a un niño que dejaba el recuerdo de sus carcajadas y el apoyo que en todo momento brindó a su familia.

Un adiós a Kenneth

Desde las 8:00 am, la familia Castellanos llegó a Medicina Forense para retirar el cadáver de Kenneth. La espera se prolongó dos horas, mientras su madre, abuelo y tíos hacían los trámites. El avanzado estado de descomposición del cuerpo obligaba a sus familiares a llevarlo de inmediato a sepultar.

A las 10:46 am, el vehículo donde transportaban el féretro con los restos del pequeño de siete años ingresó al cementerio Amor Eterno, en la López Arellano.

Sus familiares se acercaron a la fosa que habían preparado para recibir sus restos, pero el dolor por su pérdida destrozaba el corazón de su familia.

La abuela no pudo soportar el impacto de su muerte y entre sollozos exclamaba: “¿Por qué te lo llevaste, Señor? Yo quería ver la cara de mi niño por última vez. Se me parte el corazón; es un dolor tan grande”.

En una esquina de la carpa colocada para despedir a Kenneth, Wendy Castellanos, su madre, estallaba en llanto.

La mujer se desmoronó. En solo cinco días vivía la peor pesadilla de su vida con la pérdida de dos de sus hijos.

“Es un dolor inmenso, una prueba dura que hoy enfrento y solo me queda sacar fuerzas, pedirle a Dios que me ayude para aceptar la partida de mis hijos. Me llevaron lo que más quería en mi vida”.

La lluvia comenzó a caer y sellaba la despedida de aquel pequeño, el travieso, el que estaba dispuesto a ayudar y que ahora, asegura su familia, se convierte en el ángel que desde el cielo cuida a la familia.

Sepultan a Luis Edgardo

Habían planeado sepultar a Luis Edgardo Hernández a las 7:00 am en el cementerio La Puerta, pero su entierro se retrasó tres horas. La fosa donde depositarían sus restos no estaba terminada y tuvieron que buscar un espacio en el cementerio de Calpules, en el este de San Pedro Sula, para sepultarlo.

La familia tuvo tres horas más para velarlo. Para recordar los momentos que compartieron con aquel niño que con sus travesuras dejaba anécdotas grabadas en la memoria de sus hermanos, primos, tíos y madre.

A las 11:00 am, el pick-up negro partió con el ataúd al camposanto. Solo su familia iba con él para despedirlo. Los rostros reflejaban tristeza, las lágrimas rodaban por las mejillas y el silencio reinó en todo el recorrido y en su entierro.

“Se me parte el corazón. Con él se va una parte de mi vida. Desde el cielo será mi guardián, el que me dé fuerzas para continuar porque esto no es fácil de superar. Dios sabe los propósitos y solo nos queda aceptar su voluntad aunque duela. Gracias a las personas que nos han apoyado en estos momentos”, dijo Daysi Argueta, la madre.

Kenneth y su hermano, junto con Luis Edgardo, son tres de los ocho niños que según la Policía han sido victimados supuestamente por pandilleros en menos de un mes con el mismo patrón de privarlos de su libertad para asesinarlos en las cañeras y otros lugares solitarios.

El temor acecha. Las familias están preocupadas por estos hechos en la colonia La Pradera. Las muertes de los niños marcan una nueva amenaza para los padres de familia que viven en los alrededores. Están a la expectativa de las respuestas de las autoridades para esclarecer estas muertes.

En las redes sociales, la población se unía ayer a la campaña de diario La Prensa para condenar la ola de crímenes contra los menores. Todos piden justicia y seguridad.

De día y de noche vigilan la colonia la pradera

Policías y militares intensificaron desde ayer los patrullajes, saturaciones y puntos de control en la colonia La Pradera. Los uniformados aseguran que vigilan las 24 horas la zona y los sectores aledaños para dar seguridad ante el temor que tienen los vecinos de nuevas desapariciones o asesinatos de menores de edad.

“Estamos cercando la zona, queremos que los pobladores sientan que los protegemos, que estamos respondiendo a las demandas de seguridad y ahora más por la alarma generada por la muerte de estos menores.

Hay un compromiso de la Policía de dar respuestas y solo les pedimos que confíen porque esperamos tener capturas en las próximas horas”, dijo Óscar Alexis Sosa Martínez, jefe de la Unidad Metropolitana de Prevención e Intervención contra el Crimen (Umep) en el sector Satélite.

Los equipos de vigilancia se han distribuido por el bulevar Las Torres y la 27 calle para vigilar las cuatro entradas de la colonia La Pradera. Incluso las operaciones abarcan el sector que colinda con el barrio Perpetuo Socorro, donde fue encontrado uno de los menores asesinados.

Los policías saben que hay banderas informando de sus acciones, pero tienen claro que darán la batalla para evitar que nuevos hechos enluten los hogares de otras familias ante la avanzada que en el último mes han dado los delincuentes en la zona.

Piden tomar medidas

Debido al cierre de espacios que según las autoridades llevan a cabo en la zona, temen que los pandilleros emigren a otros sectores, por lo que piden a la población tomar medidas y sobre todo denunciar cualquier situación anormal en los barrios y colonias sampedranas.

“El trabajo de la Policía con apoyo de las Fuerzas Armadas en la zona provocará sin lugar a dudas la salida de los pandilleros a otros sectores. Ante esa posibilidad, le pedimos a la población que denuncie cualquier situación que se genere. Pueden llamar al 911 y de esta manera prevenir situaciones que después se lamenten”, dijo el oficial.

La presencia de los uniformados para algunos es una buena señal porque aseguran que se sienten más seguros en el sector.

“Nos alegra que estén permanentemente en la calle. Es necesario tener más controles. Esta zona ha estado sometida, con tiroteos constantes y las amenazas de los pandilleros, lo que nos obliga en las noches a no circular en la calle”, dijo un vecino que omitió su nombre por seguridad.

Un mal mensaje

La muerte de los ocho menores, para los investigadores que han tomado el caso y la Policía que vigila la zona, no es más que un mensaje que quieren dejar en la población para instaurar el miedo, pero se debe combatir denunciando.

“Nos preocupa que en estos casos de niños raptados en la zona y encontrados muertos en otros puntos de la ciudad nunca se presentaron denuncias. Eso limita la operación o la respuesta inmediata de las autoridades.

Preocupa esta situación porque se da un mal mensaje. Esto es aprovechado por los malvivientes porque siembran el miedo y con la hipótesis de que hay pandilleros tras estas muertes es como decir que el niño que se niegue a ser parte de estos grupos perderá la vida”, dijo Sosa.

Las autoridades aseguran que no desmayan en el caso, que hay instrucciones precisas de los superiores para responderle a la ciudadanía y no descansarán hasta que se encuentre a los responsables de las muertes de los niños.

La Prensa