Después de una noche de vientos huracanados, Iota inundó los Bajos

La ya degradada tormenta terminó de destruir lo que Eta comenzó.Temen que el nivel de la inundación aumente con la llegada de las aguas de occidente.

Todas las aldeas del sector bajo de Choloma comenzaron ayer a inundarse con el agua del río Chamelecón. Fotos : Franklin Muñoz
Todas las aldeas del sector bajo de Choloma comenzaron ayer a inundarse con el agua del río Chamelecón. Fotos : Franklin Muñoz

CHOLOMA.

Las comunidades del sector bajo de Choloma y la aldea San José del Boquerón, de San Pedro Sula, comenzaron en la madrugada de ayer a quedar nuevamente inmersas en aguas turbulentas ante la mirada de cientos de habitantes que tenían la fe que Iota no sería tan destructivo como el huracán Eta.

José Ángel Bojarque (de 75 años), quien evitó refugiarse en un albergue para quedarse en una carpa armada con pedazos de plástico, después de una noche de zozobra bajó a la aldea Flor del Valle para ver si localizaba su vivienda, y le resultó imposible.

“Otra vez las casas están quedando inundadas. Yo no logré entrar hasta la mía porque la corriente de agua seguía creciendo”, dijo Bojarque, quien no logró dormir la noche anterior porque sentía que los vientos (de Iota) “arrancaban” la carpa.

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Los habitantes de estas comunidades están refugiados en albergues, en las orillas de las carreteras y en los cerros cercanos. Ellos creen que el nivel del agua seguirá aumentando en la medida que baje de occidente el caudal de los ríos.

Con las inundaciones de Eta, Bojarque, dedicado a la agricultura, perdió la cama y todos los muebles que había en su casa, además, dos manzanas de yuca que ayer terminó de devastar la tormenta Iota.

“Me quedé sin nada. Espero que esta nueva inundación no me bote la casa. Me preocupa esta situación porque el nivel del agua seguirá subiendo estos días por el agua que viene de occidente”, dijo.

Albino Amaya (de 60), amigo y vecino de Bojarque, después de una noche de desvelo bajo las carpas de plástico, llegó a las 6:00 am a la aldea a medir la profundidad de las aguas que rápidamente avanzaban sobre las calles y solares de las casas.

“Desde las seis de la mañana estoy aquí viendo cómo avanza y sube la llena. En cinco horas avanzó varias cuadras. Eso nos preocupa porque todavía hay agua que no llega y que nos inundará mucho más”, refirió.

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Amaya y gran parte de los habitantes de Flor del Valle aprovecharon la semana pasada para retirar una capa de lodo de más de cinco pulgadas que les dejó la inundación de Eta creyendo que Iota, aunque traería lluvias, “no causaría desastres”. Julio César Zúniga (de 46), a quien Eta le derrumbó su pequeña casa de bajareque, confiaba ayer en Dios que las aguas desbordadas del Chamelecón “no sigan en estos días inundando más esta zona”.

“Por el covid no logramos trabajar y ahora, con estos huracanes, hemos perdido lo poquito que habíamos logrado hacer con grandes esfuerzos. Nosotros vamos a quedar más pobres en estas aldeas”, dijo Zúniga, padre de dos niños, quienes tampoco lograron dormir por la abundante lluvia que cayó y los vientos huracanados que azotaron la noche del martes y madrugada de ayer.

José Amílcar Pineda (de 24) y Henry Pineda (de 17) salieron temprano ayer del alberque adonde se encuentran refugiados desde Eta con la “idea de ver cómo esta nueva inundación había dejado la casa”, pero no lograron entrar porque las aguas del Chamelecón anegaron todo el sector de Monterrey.

Otra vez las casas están inundadas. yo pensé que este otro huracán no sería tan dañino.

José Angel Bojarque, afectado por los huracanes

“Vivimos en La Fúnez, pero no podemos pasar porque todo está inundado. Nos han dicho que el agua está cubriendo la casa de nosotros... Podríamos entrar solo en lancha”, dijeron.

En San José del Boquerón, desde la carretera, Josué Eduardo García (de 23 ) observaba con nostalgia el techo de su vivienda que era lo único que podía ver en una laguna de agua fétida.

“La primera llena llegó mucho más allá y nosotros ya habíamos limpiado las casas. Esta nueva llena nos deja en peores condiciones… Yo estoy albergado en una iglesia desde Eta sin hacer nada, solo esperando”, dijo García, padre de dos hijos.

La Prensa