Iota convierte a La Lima en una ciudad fantasma

Más del 90% de los habitantes del municipio han evacuado para salvar sus vidas. Un porcentaje menor de personas se queda en la segunda planta de viviendas.

Las calles del centro de La Lima siguen anegadas de agua turbia que comienza a emanar olores nauseabundos.
Las calles del centro de La Lima siguen anegadas de agua turbia que comienza a emanar olores nauseabundos. / Fotos Yoseph Amaya

LA LIMA.

Alfredo Escobar salió en su bicicleta de la paupérrima y ahora destrozada colonia Pineda 1 para “observar el panorama” abrigando la ilusión que la “situación no era tan crítica”. Desafortunadamente encontró a su Lima natal “como si fuera una ciudad fantasma”.

Escobar tenía la esperanza de ver, “ahora que ha bajado el agua” que dejó el huracán Eta, a los comerciantes del centro de la ciudad “limpiando los negocios” y la “gente caminando por las calles, como ha pasado después de otras tragedias”.

“Pero no es como yo pensaba. Esto parece como una zona de guerra, parece que nos hubieran bombardeado, atacado desde diferentes partes. Y se ve más triste porque no hay gente, todo el mundo se ha ido porque viene otro huracán”, dice Escobar (de 63 años) que usa una gorra estilo militar.

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Con la evacuación del 90% de la población, en buses o carros particulares, la ciudad está desolada.

La Lima, con 82,000 habitantes aproximadamente, quedó vacía el fin de semana un poco después de que las autoridades exhortaran a la población a evacuarla por la llegada inevitable del nuevo huracán Iota que, según los análisis del Centro de Huracanes de los Estados Unidos, este lunes alcanzará la categoría 4 con un poder “extremadamente peligroso”.

Gran parte de los limeños, que ya habían comenzando a sacar el lodo de sus viviendas dañadas por Eta, abandonaron la ciudad y ahora se encuentran en zonas que ellos creen menos vulnerables en municipios vecinos, como San Pedro Sula, otros, que no quieren repetir la pesadilla, buscaron refugio en los hogares de sus familiares en el occidente del país.

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Algunas personas, que no tienen donde ir y no quieren estar en albergues, han decidido quedarse en casas de dos plantas, como Sanadra Romero, María Suazo e Isidro Costa Euceda.

“Desde el viernes ha andado la Policía diciendo que nos salgamos. Nosotros no hemos esperado que nos pidan que nos vayamos. Mi mujer y mis cuatro mis hijos están desde el sábado en San Pedro Sula y yo vine solo a sacar estas camas”, relata Wilmer Omar Medina (de 39).

Medina, vendedor de jugo de naranja, y su familia regresarán a su vivienda en la colonia San Juan hasta que la temporada de huracanes concluya a finales de este mes.

Con botas de hule, porque aún hay agua en las casas, los amigos de Medina, residentes en las colonias La Paz y Oro Verde, llegaron ayer a sacar las camas húmedas y llenas de lodo y muebles despedazados por temor a que entren los ladrones a robarles.

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En las desoladas y fantasmagóricas colonias periféricas de La Lima, un hombre que se identificó ante periodistas de Diario LA PRENSA con el nombre de José Pérez y su familia recogen en un pick-up camas, sofás y cualquier mueble que encuentran en las calles.

“Nosotros vivíamos en la Siete de Abril de El Progreso, nos venimos a recoger las cosas que la gente dejó en las calles. Las vamos a lavar, reparar y vender para ganar y recuperarnos porque perdimos todo”, explica.

Muchos se han quedado en la Planeta En la colonia Ciudad Planeta, de La Lima, no todos los habitantes han evacuado.

Mientras esta familia, que también rehuye a estar refugiada en un albergue, recolecta objetos destruidos en la La Paz, Sandra Romero Mata y seis personas más se quedarán en la segunda planta de la casa de su hija “confiando en Dios”.

“Yo tengo 53 años, soy asmática y también tengo mazamorras. No puedo andar para arriba y para abajo. Yo perdí todo en mi casa que tengo en Los Pinos”, dice.

Isidro Costa Euceda (de 70) y su esposa María Suyapa Suazo (de 67) determinaron no evacuar y permanecerán en la segunda planta con Romero hasta que la tempestad haya pasado.

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“Nosotros también perdimos todo. Nosotros vivimos en la colonia Municipal y nos venimos para acá. Esperamos que este nuevo huracán no nos inunde más”, dice Euceda.
Aún con la orden de evacuación emanada por el alcalde Santiago Motiño, Alejandro Medrano (de 70) se quedará en la céntrica colonia Sitraterco para “aguantar otra embestida”.

“Me quedaré en una casa de segunda planta que estoy cuidando. Tengo agua y comida. No creo que ocurra una nueva llena. Eta nos dejó en la lipidia, ha sido peor que Mitch y no creo que vuelva a ocurrir algo parecido”, dice.

Me quedaré en una casa de dos plantas y espero aguantar
otra embestida con Iota.

Alejandro Medrano, habitante

Medrano, así como Alfredo Escobar, perdieron todo lo que había en su vivienda con la última inundación y solamente logró mantener en un lugar seguro la bicicleta con la cual ahora transita cerca de las calles de agua turbia de la cual comienzan a emanar olores nauseabundos.

Apoyado en su bicicleta, frente a una calle de agua achocolatada y hedionda, Alfredo Escobar expresa que ha decidido “enfrentar este nuevo fenómeno” como hizo con Eta la semana anterior “sobre el techo de la casa”.

“Lo voy a enfrentar. Yo he vivido muchas experiencias y no creo que me vaya a ahogar. Yo viví el Fifí (1974), el Mitch (1998) y otras tormentas, como Gamma y Félix, pero nunca había visto tantos destrozos como esta vez con Eta. Eso me duele mucho porque yo nací y he crecido aquí”, dice Escobar con los ojos inundados de lágrimas.

La Prensa