Hondureño trabaja como taxista y estudia tres carreras universitarias a la vez

Alberto Fabriciano trabaja como taxista desde hace unos 10 años. También estudia Periodismo, Derecho y Relaciones Industriales en dos universidades de San Pedro Sula.

Esta imagen retrata dos mundos totalmente diferentes en la vida de Alberto: en las aulas de clase de la Unah-vs y trabajando como taxista VIP.
Esta imagen retrata dos mundos totalmente diferentes en la vida de Alberto: en las aulas de clase de la Unah-vs y trabajando como taxista VIP. /

San Pedro Sula, Honduras.

Son alrededor de las 2:00 de la madrugada, un cliente llama a la base solicitando una carrera y el encargado en la central se comunica con sus taxistas: "Móviles 10-20, móviles 10-20", "aquí Estadio Olímpico, aquí Estadio Olímpico", responde Alberto Fabriciano Vásquez Argueta (43) a través del woki toki.

Día del Taxista en Honduras
El 7 de septiembre de cada año se celebra el Día del Taxista en Honduras. Todos los sectores han resultado afectados por la pandemia del COVID-19, y el del taxi es uno de los que más ha sufrido en cuanto al impacto económico.

Desde a las 8:00 pm emprende el inicio de una jornada que termina habitualmente a las 6:00 am del siguiente día, esfuerzo paralelo que hace mientras avanza en sus tres carreras universitarias: Periodismo, Derecho y Relaciones Industriales.

No importa si se trabaja desde el escritorio de una oficina, en el área de mantenimiento, si se es profesor o funcionario, lo importante es hacer la diferencia para salir adelante, una lección que aplica al 100% Alberto, por eso la historia que están leyendo es de esas que hacen del mundo un lugar mejor.

Un día a día de Alberto antes de la pandemia del COVID-19 era entrar a clases de Derecho y Periodismo desde las 7:00 am hasta a eso de las 7:00 pm (con varias horas de descanso) en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (Unah-vs).

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Alberto trasladando a uno de sus clientes hasta su destino de trabajo en San Pedro Sula.

Luego, a las 8:00 pm salir en su taxi Chevrolet Cruze año 2015 en búsqueda de clientes y brindar un servicio VIP a su estilo, culminando hasta las 6:00 am del siguiente día. A medida que las manecillas del reloj avanzan, su ritmo se vuelve ligero e intenso mientras la mayoría de la población descansa.

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Sus horas de trabajo nocturnas se tornan cada vez más peligrosas por la delincuencia que impera en la ciudad, en esos momentos cuando la soledad es el principal abrigo de algunos y el frío es el castigo de otros, pero para Alberto es la oportunidad única hasta ahora para recibir dinero que le permita subsistir.

Uno de los momentos más complejos que ha vivido en su trabajo como taxista fue un asalto que sufrió hace un tiempo en la colonia Satélite, San Pedro Sula, lugar donde dos desconocidos, sin mencionarle la dirección hacia dónde iban, se le acercaron, abrieron las puertas, uno ingresó a la cabina principal y otro se colocó en la parte trasera.

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Alberto trabaja desde que era un adolescente, como mecánico en taller, ayudante de autobús, vendedor de huevos y taxista.

Tras algunos segundos en marcha, "el que estaba atrás me puso una navaja en el cuello, me empezaron a exigir la billetera, el celular y todo lo de valor que andaba. Uno de ellos le decía al otro que me mataran, en ese momento lloré y les supliqué que me perdonaran la vida por mis hijos, fue así como tras varios minutos de zozobra decidieron solo dejarme encerrado en el baúl", recordó.

¿Cómo eran sus fines de semana antes de la pandemia? El sábado y el domingo Alberto recibía clases de Relaciones Industriales en la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH) desde las 7:00 am hasta las 10:00 am, el resto del tiempo para trabajar o compartir con su familia.

"Me gusta Relaciones Industriales porque está vinculado a algo de lo que he ejercido con el pasar de los años, en el caso de Derecho porque quiero sacar de la cárcel al inocente, ser ese abogado para quienes no pueden verdaderamente pagar uno, mientras que Periodismo me parece una profesión noble", manifestó el universitario.

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Alberto leyendo el libro "Cuando las tarántulas atacan", en un tiempo libre durante su jornada de trabajo.

Alberto también es un amante de la literatura, en sus tiempos libres cuando trabaja como taxista aprovecha a leer, normalmente lleva consigo entre dos a tres libros, justo cuando conversábamos en entrevista mencionó que unos de los últimos que exploró es "Cuando las tarántulas atacan", cuyo autor es Longino Becerra.

"Trabajando en el taxi he salido adelante y he apoyado a mis hijos que ahora tienen 22, 21, 20, 18, 15 y 14 años de edad. He aprendido que hay que ser perseverantes y ambiciosos, no dejarse vencer y siempre querer triunfar", exteriorizó.

Una vida de sacrificio y esfuerzo

La vida de Alberto está marcada por una infancia de altibajos como la de todos, el motivo de mayor peso fue la economía. Nació en el barrio Guamilito de San Pedro Sula, no tuvo el apoyo de su padre, por lo que junto con su madre tuvieron que desafiar cada obstáculo que el camino les fue mostrando.

Contacto de Alberto Vásquez
Puede apoyar a Alberto en su trabajo llamándolo al: 9945-2040

Su mamá trabajaba como empleada doméstica donde un ciudadano de origen salvadoreño, cuyo oficio era taxista y manejaba un taller de mecánica. Ella con el poco dinero que ganaba trabajando en casa logró darle solo hasta el segundo año de primaria, pues llegó un momento en que ya su salario no le alcanzaba ni siquiera para mantener a su hijo, se miró asfixiada ante la ola de obligaciones y le pidió a su pequeño que le escribiera una carta a su patrono solicitando apoyo para dejarlo vivir en su casa.

Era un 3 de enero de 1984, Alberto redactó lo siguiente: "Hola, don Ángel, soy Alberto, le escribo esta carta porque mi mamá ya no puede sostenerme en la escuela y ella desea que usted me apoye".

Don Ángel, quien era el patrono de la madre de Alberto, recibió la misiva y al mirar la situación de calamidad en que vivía aquel niño, decidió respaldarlo económicamente hasta el sexto grado en la escuela Esteban Mendoza de la colonia Modelo, además de eso le dio un techo y le permitió que durmiera en una de las habitaciones de la casa en el barrio Las Palmas.

Cuando Alberto salió de la escuela allá por 1989, quiso ingresar al colegio para cursar su plan básico, pero miró que la situación para cumplir ese anhelo era muy difícil. En ese momento también don Ángel lo terminó sacando de su vivienda y le sugirió que mejor optara por aprender un oficio, fue así como Alberto dio los primeros pasos en el mundo de la mecánica automotriz, tenía 10 años de edad.

Del taller salía todos los días a las 4:00 pm y después se iba a trabajar como ayudante de autobús, concluyendo su jornada laboral un poco antes de las 9:00 pm. Así fue su ritmo de vida durante un tiempo para poder subsistir, y en 1993 colocó un paso hacia delante ingresando al Instituto José Trinidad Reyes (JTR).

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Alberto trabajaba en un taller ubicado en La Lima, su jornada finalizaba a las 5:00 pm, luego se iba en vehículo junto con la hermana de uno de sus amigos hacia el JTR y viceversa, pero esa cómoda modalidad de traslado solo duró un año. Para seguir activo en la asistencia al centro educativo, Alberto se vio obligado a caminar a diario desde la Lima hasta el colegio, de igual manera en su regreso al taller, donde dormía al interior de un vehículo viejo.

En 1996 entró a la Escuela Técnica Naval, allí culminó su noveno año de estudio, posteriormente realizó una plaza como militar. Después de varias misiones como uniformado solicitó retirarse en el año 2000 para dedicarse de lleno a la mecánica y poder ahorrar para avanzar en sus estudios.

En 2003 decidió entrar al Instituto Internacional Tecnológico (INTEC), donde cerró con éxito su carrera profesional en 2006. Los espacios y las oportunidades para Alberto cambiaron, ya que en el lugar donde trabajaba le propusieron ascenderlo de puesto, pero con una única condición: seguirse preparando académicamente.

Sus inicios en la educación superior

La propuesta orilló a Alberto a entrar a la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH) en 2007, donde inició una Ingeniería Industrial, carrera que después cambió por Relaciones Industriales.

Alberto fue repentinamente despedido en 2008, motivo que lo distanció de los estudios universitarios a nivel privado.

"En 2009 hubo un paro nacional por lo ocurrido en el país políticamente, en ese año me despidieron de otro trabajo. Luego, en medio de la desesperación, entregué más de 50 hojas de vida, pero no obtenía respuesta, me sentí ahogado, fue entonces cuando terminé llegando por diferentes razones a Radiotaxis San Pedro, allí conocí a los dueños y me propusieron el trabajo, me explicaron la dinámica y aproveché la oportunidad porque tenía un buen vehículo", dijo.

Aún con todas las vicisitudes que pasó en años anteriores, su entonces esposa lo convenció de ingresar en 2013 a la Unah-vs, donde optó por las carreras de Periodismo y Derecho.

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Junto con sus compañeras en una clase de radio de la carrera de Periodismo en la Unah-vs. Imagen de archivo

En ese tiempo Alberto se recuperó económicamente para volver a la UTH, donde en la actualidad le faltan apenas 14 clases para graduarse, mientras que en Derecho lleva 33 cursadas y en Periodismo está a nueve de poder recibir su título.

Con Radiotaxis San Pedro laboró cuatro años, luego se aventuró a la venta de huevos en las calles de la ciudad y a su vez a trabajar como taxista independiente. Posteriormente, en 2015 ingresó a Radiotaxis Kadilak, donde permanece hasta la fecha.

Aún con todas las dificultades que ha atravesado a lo largo de los años, Alberto es feliz trabajando como taxista y estudiando sus tres carreras universitarias. También se ha sabido readaptar al trabajo y a los estudios producto de la pandemia del COVID-19, además añora con tener una pequeña o mediana empresa de transporte, sueño que espera se haga realidad en un futuro cercano.

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Compartiendo con otros dos profesionales en los pasillos de la universidad previo a iniciar su jornada de trabajo como taxista. Imagen de archivo
La Prensa