Irka, un edén "hecho cenizas" para una emprendedora sampedrana

El otrora restaurante de una zona histórica de San Pedro Sual fue incendiado por supuestos vándalos la madrugada de este sábado.

El restaurante tenía una temática ecológica y verde. En la foto añadida se muestra en cenizas. /

San Pedro Sula, Honduras.

"Karen, su negocio está hecho cenizas", fue el doloroso mensaje que vecinos de la 12 avenida, 10-12 calle del barrio Paz Barahona de San Pedro Sula, al norte de Honduras le dieron a Karen, la emprendedora hondureña que desde ese momento daba por cerrado definitivamente un restaurante que con mucho esfuerzo familiar logró levantar.

Supuestos vándalos prendieron fuego a las instalaciones del otrora restaurante llamado Irka ubicado en ese estratégico lugar, cercano al monumento a la madre en el suroeste de la ciudad la madrugada de este sábado 23 de mayo.

Karen, relató a LA PRENSA, desde el lugar del incidente cómo un sueño hecho realidad quedó literalmente "hecho cenizas".y que ahora le ha dejado pérdidas casi millonarias.

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"A mis 20 años, mi papá me preguntó qué queríamos hacer para tener nuestro propio negocio y yo le dije que quería un restaurante, diferente y que fuera del gusto de los sampedranos", relató con nostalgia mientras recorría el lugar lleno de escombros.

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Así lucía el restaurante Irka en sus mejores tiempos en el barrio Paz Barahona de San Pedro Sula.

Con 16,000 lempiras arrancó el proyecto la emprendedora que hace siete años tenía 20 años de edad de la mano de sus familiares y un poco de su creatividad.

El eslogan de su negocio era "un edén dentro de la ciudad" ya que el concepto verde y pintoresco de la fachada le permitía sus clientes desconectarse de los quehaceres diarios, según relata.

"Siendo tan joven me lancé a emprender y fue una experiencia bonita, a la gente le gustaba venir a este lugar porque rompía todo el molde de una ciudad y eso era lo que queríamos".

Un obstáculo tras otro

Irka, llamado así por la combinación de nombres de Irma (su madre) y Karen (la propietaria), llego a tener una gran preferencia de los sampedranos y turistas de diferentes partes del mundo durante varios años cuando empezaron los contratiempos a desafiar a sus dueños.

"Mi madre contrajo cáncer y tuvimos que enfocarnos en su salud. Con esto, debimos sacar un préstamo para embellecer aún mas el negocio y dio resultados, pero lamentablemente los obstáculos no pararon", expresó.

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Lo que antes fue un lugar de esparcimiento para los sampedranos quedó hecho cenizas.

A finales del 2017, la crisis post electoral en Honduras sumado a la ubicación del restaurante que era cercano a la zona de protestas obligó a los dueños de Irka a mantenerlo cerrado y comenzar un contrareloj que les hizo acumular deudas.

"Tuvimos que cerrar y esto nos afectó sumado a las deudas y todos los costos que implica un negocio. Nosotros priorizamos a nuestros empleados, que ellos tuvieran su pago a tiempo pero también se sumó las trabas de los permisos de la Alcaldía, luego el Servicio de Administración de Rentas (Sar) que nos aplicó otra serie de complicaciones sin sentido y en ningún momento no dieron opciones para arreglar la forma de pago y demás. No teníamo cuello en estas instituciones y nos llevó a tener que priorizar qué cosas pagar y que no hasta cerrar definitivamente".

Por si esto fuera poco, en medio de la pandemia del COVID-19, se vieron obligados a cancelar a sus empleados de seguridad que desató que vándalos comenzarán como pirañas a robarse las cosas que con tanto esfuerzo lograron establecer.

Karen a estas alturas ya habla con lágrimas en sus ojos y en su voz se nota la impotencia.
"Yo no tenía a nadie que me ayudara a mover las cosas hasta mi casa, aparte que no tenia un espacio para guardarlas. Con la pandemia tuvimos que dejar de pagarle a los guardias y esto lo aprovecharon los delincuentes que se metieron a robarnos. Apenas pude salvar cuatro cositas del restaurante", lamentó.

Y finalmente, este sábado 23 de mayo recibió la fatídica llamada que sepultó su sueño.

Emprendedora incansable

A pesar de las desgracias que su derecho a emprender le implicaron, Karen y su familia decidieron no darse por vencidos y ahora mantienen un poco de "su edén" a disposición de los amantes de las plantas.

"Tenemos un servicio en redes sociales que se llama Barriga Llena HN donde ofrecemos semillas y otros productos que vendemos en kits pues durante funcionaba el restaurante eso también comenzó a ser un atractivo para los clientes", confesó.

Aunque su sueño inicial era restablecer Irka y ponerlo a funcionar en otro lugar, la emprendedora sampedrana hace el llamado a las autoridades hondureñas a no darle la espalda a los emprendedores que como ella se encuentran en este tiempo con las manos atadas y ven lentamente perder lo que con tanto sacrificio han logrado.

La Prensa