Familia hondureña en Nueva York afirma que sobrevivió al coronavirus gracias a medicina natural

Carla García y sus hijos se contagiaron de coronavirus al mismo tiempo.

Foto tomada en diciembre de Carla García y su hija Auriana Melendez.

Nueva York, Estados Unidos

Carla García se contagió de COVID-19 al mismo tiempo que sus dos hijos. "No sabemos cómo fuimos infectados, mis dos hijos y yo, el mismo día nos dio fiebre", empezó a contar Carla García, una hondureña residente en Brooklyn, Nueva York.

"Comenzó mi hijo más pequeño, quien estaba yendo a la escuela de forma regular y yo en mi trabajo, esa semana tuve que visitar algunos clientes en sus casas, mi hija regresó de la universidad porque las cerraron", dijo la hondureña, quien nació en La Ceiba, Atlántida.

"Una mañana mi hijo (de 14 años) se despertó y me dijo que le dolía la cabeza, le di una tabcin de Honduras, siempre mantengo, se puso a hacer sus tareas y como a las 11:00 am se acostó a dormir, me pareció raro", comentó la mujer garífuna coordinadora de relaciones internacionales y miembro directivo de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh).

"Yo me sentía como irritada, como le decimos en Honduras, con un poquito de fiebre y mi hija también pero nada fuerte", indicó.

"Después de dos hora voy a tocar a mi hijo y veo que está hirviendo, cuando le tomo la temperatura eran más de 40 grados. Inmediatamente llamé a la pediatra y le expliqué lo que tenía. La doctora le recomendó que si no tenían problemas respirar que se quedaran en casa y si llegaban a tener problemas con el aparato respiratorio que le comunicaran para enviarle un salvaconducto y así ir a la emergencia del hospital.

En la noche de ese mismo día ya Carla y su hija Auriana Melendez tenían fiebre. "Ya éramos tres personas con fiebre, a mis hijos les di acetaminofén (taylenol) que recomendó la doctora y no hizo absolutamente nada. Eran fiebres demasiado altas y fuertes", contó Carla quien padece de alergias

"Por mi alergia no puedo tomar antibióticos ni medicamentos para el dolor porque se me inflama el cuerpo. No podía tomarme una acetaminofén o una tylenol. La fiebre interna es muy fuerte, tuve que dormir toda una noche con esa fiebre porque no podía tomar ningún medicamento. El sentido del gusto regresa a los tres o cuatro días", indicó.

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Carla García comenzó a usar mascarilla desde diciembre por su problema de alergia.

Medicina natural

Después del segundo día con fiebre, ya por la noche, tras conversar con su mamá y otros parientes, quienes le recomendaron que hiciera gárgaras de agua con sal y limón, lo que probaron y no hubo ningún resultado.

Posteriormente recordó que cuando era niña su mamá la ponía a hacer gárgaras de yodo negro diluido en agua. "A la misma agua tibia con sal y limón le agregué yodo y fue increíble como empecé a ver lo que salía de mi garganta, mucosidad que no sentía que estaba en la garganta", detalló.

Después de la primera gárgaras que hizo la fiebre cedió casi de forma inmediata. Pero a parte de la fiebre, dolor de cuerpo y cabeza, también tenían manchas en la piel tipo ronchas pequeñas. Entonces le dio a sus hijos, y al día número dos ya nadie tenía fiebre y continuaron haciendo gárgaras tres veces al día hasta que se les fue quitando.

"También hacíamos vaporizaciones, poníamos agua en la estufa a hervir y le echaba una pastilla de alcanfor para estar aspirando", indicó.

También cuenta que cuando la infección por el COVID-19 estaba adentro se sentía que picaba la garganta como si estaban inhalando algo tóxico. Carla explicó que con jengibre, romero, manzanilla y clavo de olor siguieron medicándose, tomando como té.

El dolor de cuerpo y cabeza se lo quitaron con una medicina ancestral que no fue revelada.

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La hondureña trabaja como coordinadora de servicio al cliente en una empresa en Nueva York.

Recuperación

"Mi hijo estuvo como ocho días para recuperarse, pero para el cuarto día ya se sentía bien. Al octavo día ya estaba 100 por ciento recuperado", mencionó.

También su hija de 25 años se recuperó por completo hasta casi el día número 18. "No es que uno no tenga síntomas, pero no se siente al 100% de su vitalidad", dijo.

"A mí me duró casi un mes el coronavirus, costó 30 días decir okey estoy completamente bien", recordó.

"Perdimos todo olor corporal, el sentido del gusto, el olfato, la vista por los dolores de cabeza, porque si volteaba a ver para los lados sentía que los ojos se le van a despegar literalmente del cerebro, como duele", indicó.

La hondureña dice que cada vez que iba a la tienda o al supermercado y regresaba a su casa se volvía a sentir con síntomas "como que me iba a dar fiebre y decaimiento. Yo decía el coronavirus está allá afuera esperando que uno solo lo huela o no ha salido completamente de mi cuerpo".

Hubo un momento que los doctores tuvieron que decidir quien estaba más grave para poderlo admitir en el hospital porque los hospitales estaban desbordados. "Mucha gente que llamó a la ambulancia y les dijeron que no, que se quedaran en sus casas todavía podes manejar la enfermedad desde tu casa y la gente preocupada porque ya tenían problemas de respiración".

Garífunas en Nueva York

La pandemia del coronavirus no ha respetado raza, sexo, pensamientos ideológicos, religión y estatus económico; ha infectado a todo el que ha podido. "Yo tengo muchos conocidos, algunas personas ya fallecieron por COVID-19, ha sido doloroso para la comunidad garífuna", dijo.

Hubo un momento que ciudad de Nueva York se vio desbordada por tantas personas con coronavirus.

Dato
Médicos de las comunidades garífunas publicaron un manual, completamente gratuito, donde está toda la sintomatología y medicina que se pueden elaborar para luchar contra el coronavirus en casa.

"Justo ayer murió una persona de la comunidad garífuna en el Bronx, y los médicos habían dicho que esta persona ya estaba recuperada, solo era cuestión de tiempo para darle el alta y falleció", relató.

La comunidad garífuna en Brooklyn y El Bronx se ha visto muy afectada por el coronavirus. "Hay mucha gente garífuna infectada, tenemos puntos donde no podemos evitar ser contagiados, dependiendo de nuestro trabajo, hay personas que tienen que salir todos los días, tienen que tomar un autobús que son focos de infección", comentó.

En la ciudad también hay complejos de edificios donde viven hasta 15 mil personas, donde hay muchas personas que viven del día a día.

Para Carla es muy difícil estar cerca de una persona que le dice: su mamá se murió, mañana es el Día de la Madre, y lo último que pudieron saber es que su mamá estaba en un hospital y ni siquiera pudieron hablar con ella. Y al salir del hospital el cuerpo no lo vaya a entregar porque al fallecer por coronavirus tenga que enterrarlo en una fosa común.

"Una situación muy terrible, una joven garífuna hondureña que murieron en el Bronx y sus niños como lloraban. Cuando sus hijos se enteraron que no podían ir a ver a su mamá. Una situación desgarradora", apuntó.

Ahora Carla tiene miedo meterse a un tren, coger un taxi o un bus porque y no sabe si se volverá a reinfectar.

Fiesta en confinamiento

En Nueva York se un grupo de amigos de Carla se infectaron porque no creían que existía el coronavirus. "Hicieron una fiesta e incluso la publicaron por Facebook cuando todo mundo tenía que estar en su casa", señaló.

"Todos fueron infectados y algunos de ellos fallecieron", aseguró.

La Prensa