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Sacerdote italiano: "Seleccioné Honduras creyendo que era en África"

Ferdinando Castriotti, el sacerdote italiano que lucha por disuadir a jóvenes hondureños de emigrar.

El sacerdote italiano Ferdinando Castriotti habla con jóvenes deportados de los EE. UU. Mientras comen en su fundación en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR
El sacerdote italiano Ferdinando Castriotti habla con jóvenes deportados de los EE. UU. Mientras comen en su fundación en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR

El Paraíso.

A sus 50 años, el sacerdote Ferdinando Castriotti luce el porte atlético de quien jugó fútbol profesional en su Italia natal. Radicado en Honduras, el religioso está consagrado a ayudar a jóvenes deportados y disuadirlos de volver a buscar el "sueño americano".

El religioso desarrolla varios proyectos, algunos dirigidos a los jóvenes deportados en el casco urbano y entre los bosques verdes del municipio de El Paraíso, unos 70 km al este de Tegucigalpa, cerca de la frontera con Nicaragua.

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Un joven deportado de los Estados Unidos permanece sentado frente a un mural en la fundación del sacerdote italiano Ferdinando Castriotti en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR / STR

Con los proyectos "se logran dos cosas: que la gente no salga del país y crear condiciones de reinserción" de los deportados a la sociedad, cuenta a la AFP el religioso de 1,90 m de estatura y tez blanca.

Los proyectos de su Fundación Alivio del Sufrimiento atacan las causas que provocaron la salida de miles de centroamericanos en caravanas a Estados Unidos, que estallaron hace un año: violencia y falta de salud, educación y trabajo.

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El sacerdote italiano Ferdinando Castriotti (R) habla con estudiantes en su fundación en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR

Entre unas llanuras de los alrededores del pueblo, la Casa Juan Pablo II alberga a 23 jóvenes en franca rehabilitación por consumo de drogas.

- En recuperación -

Uno de ellos es Joshua Andino, de 24 años, quien llegó deportado de Estados Unidos en 2017 luego de huir en 2010 de los pandilleros que lo querían reclutar en la localidad sureña de Choluteca.

"Solo me recupero y me voy de regreso porque allá tengo a mi madre. Yo estaba legal pero me deportaron" por una pelea callejera, lamenta.

Pero Taylor Pax, de 23, quien aprendió a cocinar en el programa de rehabilitación para adictos, no está pensando en emigrar. "Tengo familia en Estados Unidos pero tenemos riquezas en el país", argumenta.

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Las personas mayores en silla de ruedas esperan recibir asistencia médica en la fundación del sacerdote italiano Ferdinando Castriotti en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a los deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR

Dentro del predio de Casa Juan Pablo II hay una cancha de fútbol donde practican los jugadores de cinco equipos de jóvenes de la comunidad, donde Castriotti espera descubrir talentos para llevar a Italia.

En la entrada del recinto, jóvenes adiestrados como albañiles por voluntarios construyen viviendas para albergar deportados, quienes recibirán apoyo para aprender oficios y recibir capital semilla para emprender proyectos propios.

Pero la iniciativa insignia de la fundación es un hospital de 10.000 m2 con 200 camas, atendido por ocho médicos generales y una decena de especialistas, quienes llegan cuando hay casos de necesidad en ginecología, pedriatría y geriatría, entre otras. Atiende un promedio de 1.300 pacientes al mes.

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Jóvenes deportados de los EE. UU. Caminan por la fundación del sacerdote italiano Ferdinando Castriotti en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR


Cerca del hospital están la escuela y el colegio del proyecto, con 620 estudiantes vestidos con uniformes azul y blanco. En la misma zona, conocida como "Ciudad de los jóvenes", los alumnos disponen de un anfiteatro para actividades de ciencia, arte y cultura.

En la pared de la entrada del anfiteatro resalta un grafitti titulado "El Paraíso", símbolo del "sueño americano" que los hondureños ven como un paraíso.

"Esa es la Bestia", dice el sacerdote señalando en la pintura el tren en que se trasladan los migrantes en la arriesgada ruta migratoria a su paso por México, donde muchos mueren o quedan mutilados.

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Un hombre recibe asistencia médica en la fundación del sacerdote italiano Ferdinando Castriotti en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a los deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR

En otro proyecto educativo, manda profesores a comunidades extraviadas entre las montañas a dar clases a niños sin acceso a la escuela.

Con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) espera instalar paneles solares para poder poner computadoras que permitan a los estudiantes conectarse a la internet para complementar su formación.

- Finca de la Esperanza -

A unos 40 km está la "Finca de la Esperanza", donde viven 34 jóvenes que estudian en universidades públicas y privadas de la capital o instituciones vecinas.

Uno de los estudiantes es Milton Arturo Sánchez, de 18 años, quien cursa el bachillerato en Contaduría y Finanzas en el Instituto Frank Ramírez Mateo en Ojo de Agua, una comunidad cercana. "Se me hacía difícil estudiar", reconoció el joven que llegó del municipio occidental de Zacapa.

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Un joven deportado de los EE. UU. Hace un mural en la fundación del sacerdote italiano Ferdinando Castriotti en El Paraíso, Honduras, en la frontera con Nicaragua, el 20 de octubre de 2019. Castriotti entrena a deportados para facilitar su inserción social. / AFP / STR

"A mí me trajo un amigo que conocía al padre, tenemos el apoyo de él y de nuestros padres", afirmó Luis Miguel Martínez, de 19 años, originario del municipio de Marale, cerca de la capital.

La fundación cuenta también con un asilo de ancianos, un albergue para 50 niños de la calle, y un centro de caridad para atender a los migrantes extranjeros en camino hacia Estados Unidos.

Un sector denominado "Gran árbol", donde hay un árbol de frondoso follaje y edificios, albergará a mujeres retornadas de la ruta migratoria víctimas de violencia doméstica y que no pueden volver a su hogar.

Castriotti llegó a Honduras hace siete años "por accidente". En Italia le entregaron una lista de países para que seleccionara uno a donde quisiera ir. "Seleccioné Honduras creyendo que era en África", agrega entre risas.