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Hijos de héroe cubano están enterrados en viejo panteón

Hoy es el día de los difuntos y los hondureños visitan los cementerios del país para honrar a sus seres queridos

La torre con su campanario domina desde lo alto las tumbas de diferente arquitectura. Como testigo silencioso de un acontecimiento histórico está la tumba de los hijos del general Maximiliano Gómez Baéz en un rincón del viejo cementerio general San Pedro Apóstol.
La torre con su campanario domina desde lo alto las tumbas de diferente arquitectura. Como testigo silencioso de un acontecimiento histórico está la tumba de los hijos del general Maximiliano Gómez Baéz en un rincón del viejo cementerio general San Pedro Apóstol.

San Pedro Sula, Honduras.

Una campana de bronce que ya no repica domina desde lo alto de una torre de concreto antiguo, en el viejo cementerio, al final de la avenida Lempira de San Pedro Sula, en el que hay tumbas hasta de 1876.

La torre fue levantada sobre una tumba en la que descansan los restos del empresario sampedrano Manuel Viera y su esposa. “él era el productor más grande de tajadas de plátano de la ciudad y fue quien mandó a instalar el campanario”, dijo Eliseo Fajardo, jefe del Archivo Histórico Municipal.

En uno de los viajes que el empresario hizo a México compró dos campanas que mandó a instalar en lo alto de la torre, pero solo una ha soportado los rigores del tiempo.

Se dice también que abajo de la torre se encuentra un mausoleo subterráneo en el que descansan los restos de los esposos, quienes heredaron la torre y el campanario a la municipalidad sampedrana.

El cementerio, cuyo verdadero nombre es Apóstol San Pedro, guarda un tesoro histórico porque en él fueron sepultados reconocidos personajes hondureños como el expresidente Miguel Paz Barahona. Es a la vez un museo a cielo abierto, aunque no está registrado como tal, por los caprichosos estilos arquitectónicos de los antiquísimos sepulcros, dijo Fajardo.

Aquí es frecuente ver turistas extranjeros tomándose fotografías en la tumba conocida como El Castillo o visitando los cementerios internos de los chinos y el de los judíos.

Las tumbas de los judíos están bien pulidas y tienen pequeñas piedras encima que los visitantes dejan cada vez que visitan el lugar de entierro de un ser querido. Poner una piedra es un tributo al difunto y deja la marca de la visita de alguien.

La tumba más antigua que se encuentra a la vista en el clausurado cementerio es la de los niños Andrea y Margarita Gómez, sepultados en 1884, según se lee en la lápida vertical hecha de fino granito. Eran hijos del general Máximo Gómez Báez, un militar de la guerra de independencia de Cuba que residió en Honduras.

Aquí fue reconocido como general de división en el Estado Mayor General del Ejército. El militar murió en Cuba a una avanzada edadd.

Detrás de la lápida vertical de los niños está una tumba tipo tambor, un estilo muy usado entre los ingleses.

No obstante, la tumba más antigua data de 1876, pero no está visible porque sobre la misma fue colocada otra tumba, según consta en documentos del Archivo Histórico Municipal.