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“No sabemos dónde pedir apoyo porque nos han dejado solos”

Reina Margarita Morales asegura que tienen miedo y que el Ministerio Público los abandonó y nunca les dio los nombres de los autores intelectuales de la muerte de su esposo.

Tegucigalpa, Honduras

Han transcurrido seis años y los familiares del Fiscal de Oro, Orlan Chávez, siguen viviendo un verdadero calvario. No solo por la tardanza de justicia por su muerte, sino que también por la desprotección y abandono en el que, aseguran, los dejó el Ministerio Público.

Ayer, Reina Margarita Morales, esposa de Chávez, creyó que por fin daría inicio el juicio oral y público que determinará la culpabilidad o inocencia de dos de los acusados, quienes son considerados autores materiales del asesinato. Sin embargo, sorpresivamente fueron informados que el juicio se pospuso para los días 29, 30 y 31 de mayo.

“Veníamos preparados para el juicio, pero no nos dábamos cuenta que se había suspendido. Quiero una explicación por parte del Ministerio Público o de las fuentes que están en el caso para saber qué pasó, por qué lo suspendieron”, dijo la esposa del fiscal.

Se informó que para el juicio hay tres testigos protegidos que vincularán a los acusados y demostrarán como el oficial de policía Mario Guillermo Mejía Vargas fue quien planificó la muerte de Chávez.

“Los testigos fijarán cómo se dio la venta del arma, dónde estaba Luis Alejandro Castro y la relación del arma con el hecho. Asimismo, cómo esos testigos y los vaciados telefónicos, ubican al exoficial Mario Guillermo Mejía Vargas como uno de los autores intelectuales en el crimen”, explicó Wilfredo Rubio, abogado acusador.

Desprotegidos

Un calvario, asegura la familia del fiscal, es lo que han vivido desde su muerte. Se enfrentan al miedo porque aseguran que no saben quienes ordenaron la muerte de Orlan Chávez y han tenido que cargar con el abandono de las instituciones adonde laboró, y ahora una demanda que interpuso un abogado cobrando honorarios por una declaratoria de heredera que realizó ella para reclamar los bienes que su difunto esposo dejó.

“El Presidente Juan Orlando Hernández sabe lo que mi esposo dio a este país, lo que hizo y que por su trabajo fue asesinado. No he tenido el apoyo suficiente. Incluso el abogado Tulio David Barahona ha querido dejarme en la calle desde que me sacó los papeles de heredera de una casa, tengo una cuenta de más de un millón de lempiras en la Corte por esos honorarios. Me pregunto: ¿Eso es lo que vale la muerte de mi marido? Después de matarlo, me quieren dejar en la calle”, dijo la viuda.

Reina Margarita asegura que ni ella ni sus hijos tienen paz y pide una cita al presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). “Yo quiero que él mismo abogado Argueta revise mi caso y dé el fallo luego, porque no es justo que a mi marido lo hayan asesinado y después dejen a mis hijos en la calle. El seguro de vida que me dieron sirvió para pagar la seguridad de mi familia, porque el Estado nunca nos dio apoyo”, apuntó.

Con temor. El miedo ha sido el mayor enemigo de la familia Chávez. Una de las hijas del fiscal ha sido seguida por desconocidos en motocicletas en tres ocasiones, lo que la obligó a salir del país. No saben dónde pedir apoyo, porque se les han cerrado las puertas. “La vida de mis hijos y la mía se destrozaron. Llevo seis años llorando en las calles, pero sigo haciendo la lucha. No sé a qué me expongo. No sabemos quiénes fueron los autores intelectuales y tenemos miedo. A mi hija tres veces le han dado seguimiento hombres en una moto, pero no sabemos ni adónde poner las denuncias porque desde que mi esposo murió nadie nos dio seguridad” dijo Morales. Reina Margarita recuerda que su esposo fue un hombre reservado, quien nunca pensó que si algo le pasaba dejarían abandonada a su familia. “Orlan nunca pensó que su trabajo fuera tan peligroso porque nunca imaginó que podían matarlo. Él fue un gran profesional y lo dio todo por su trabajo”, dijo la esposa del fiscal.

Reina Margarita nunca olvidará la llamada que recibió la noche que mataron a su esposo, donde le avisaron que había muerto. “Yo solo recuerdo que recibí una llamada donde me decían que Orlan estaba muerto. Como loca salí a la calle, tomé un taxi y me fui al hospital. Cuando llegué vi a mi hermano, se paró en el portón y solo me dijo ya murió. Lo peor en toda esta historia es que no pude llorarlo por miedo, por temor. Nos tragamos el dolor de su pérdida, no podíamos preguntar, no pudimos llorar, el miedo nos acorraló. Ha sido difícil muy difícil y quedamos solos”.