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La caravana de migrantes se enfrenta al frío y lluvia en Tijuana

Los centroamericanos cambiaron de albergue tras chubascos en frontera México- EUA

Algunos migrantes de la caravana tenían temor a ser deportados.
Algunos migrantes de la caravana tenían temor a ser deportados.

México.

Tiritando de frío por la tupida lluvia y las bajas temperaturas que dominaron la noche del jueves en la mexicana ciudad de Tijuana, miles de centroamericanos de la caravana migrante empacaban ayer viernes sus mojadas colchonetas para mudarse a un nuevo albergue semitechado, constató la AFP.

Desde la noche del jueves “han sido trasladados unos 850” centroamericanos en buses hasta el nuevo albergue, un centro de espectáculos semitechado con capacidad para 7,000 personas, informó Mario Osuna, secretario de Desarrollo Social de Tijuana, una ciudad del noroeste de México fronteriza con Estados Unidos.

“Allá tienen un espacio más digno considerado como albergue, y que ya está a cargo del Gobierno Federal”, aseguró a periodistas frente al antiguo albergue, cuyo funcionamiento estuvo a cargo de autoridades locales.

Durante dos semanas, más de 6,000 migrantes de la caravana (la mayoría familias hondureñas con niños) vivieron a la intemperie y en condiciones de hacinamiento en este refugio improvisado en un deportivo de un barrio marginal de Tijuana, a unos cuantos metros del muro fronterizo.

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Según datos de autoridades de México, unos 9,000 centroamericanos han llegado desde el 19 de octubre en distintos grupos.
Peligro

La lluvia convirtió en lodo el albergue

Los migrantes, en su mayoría hondureños, que han caminado durante más de un mes con la esperanza de llegar a Estados Unidos, llevan sus pertenencias después de fuertes lluvias en su refugio temporal en Tijuana. No aguantan las bajas temperaturas al estar a la intemperie.

La persistente lluvia del jueves sorprendió a los centroamericanos, poco habituados al frío de esta zona desértica. El refugio se convirtió en un lodazal en el que flotaba la basura junto a las colchonetas y cobijas puestas al ras del suelo terroso. Las infecciones respiratorias de muchos niños empeoraron. “Se inundó todo, fue todo un desastre y tuvimos que salir corriendo”, dijo a la AFP Luis López, un hondureño de 30 años, de los primeros en llegar al nuevo refugio. “Es una zona buena, está pavimentado afuera”, comentó bajo su gorro de invierno negro. El nuevo albergue está en un barrio marginal a unos 40 kilómetros del primero, y a unos 15 kilómetros de la frontera. Muchos de los miles de migrantes que aún no se mudaban temían que el traslado fuera un engaño para deportarlos.

“Nadie nos quiere.

Pensamos que es para sacarnos de México”, dijo Avelín Romero, una hondureña que se aferra a su encharcada casa de campaña, adonde duerme su bebé de dos años.

Los servicios del primer albergue “van a quedar desactivados, la cocina ya no está, vamos a ir retirando paulatinamente los sanitarios”, advirtió Osuna.

Mientras tanto, el gobierno estatal de Texas (EUA) responsabilizó ayer al Gobierno mexicano de la crisis migratoria.

El fiscal general texano, el republicano Ken Paxton, reelegido en el cargo en las pasadas elecciones legislativas, declaró en una entrevista a la cadena televisiva Fox News que las autoridades mexicanas cometieron “un gran error dejando que estas personas entraran en su país”.

El abogado (de 55 años) admitió que la situación es “complicada” y se solidarizó con el alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum.

“Estoy de acuerdo con el alcalde de Tijuana, tienen un problema y están destinando recursos de los que no disponen, puesto que, además, no sabemos cuándo acabará esta situación. Creo que las instituciones federales de México son las que tienen que dar un paso adelante y responsabilizarse de toda esa gente”, insistió.

En cuanto a la situación del lado estadounidense, defendió la postura del presidente Donald Trump y su responsabilidad de proteger las fronteras para “evitar la entrada de criminales”.