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El plástico amenaza el sistema de arrecifes de Honduras

Los arrecifes coralinos de Tela están, por ahora, libres de desechos. Advierten que “estamos a tiempo” para salvar la vida marina.

Antal Börcsök muestra un contenedor biodegradable para alimentos (hecho de almidón de maíz)  que utiliza en sus negocios turísticos en sustitución de los empaques de plástico.
Antal Börcsök muestra un contenedor biodegradable para alimentos (hecho de almidón de maíz) que utiliza en sus negocios turísticos en sustitución de los empaques de plástico.

Tela, Honduras

Casi todas las semanas, Antal Börcsök y otros investigadores marinos hacen un viaje en lancha y a unos ocho kilómetros de la playa comienzan una sumersión y, en cuestión de segundos, se encuentran con un impresionante mundo multicolor desconocido por la mayoría de seres humanos.

Börcsök, quien fundó el Centro de Investigación Marina de Tela, y todos sus colegas están alegres porque Capiro sigue siendo un jardín lleno de vida, libre de contaminación, pero, a la vez, se muestran preocupados porque las bolsas y todos los recipientes de plástico desechados en las grandes ciudades están contaminando y matando los seres vivos de los mares.

Nueva zona protegida
El Congreso Nacional, por medio del decreto 132-2017, publicado en mayo de 2018 en La Gaceta, declaró el mar de la bahía de Tela como refugio de vida silvestre y marina.

Capiro, que está incrustado en el Refugio de Vida Silvestre Marino Bahía de Tela, es uno de los bancos más espléndidos y saludables que integran el transfronterizo Sistema Arrecifal Mesoamericano, el cual se extiende desde Cancún, México, hasta Roatán, Honduras, a través de unos mil kilómetros en el mar Caribe.

“Para fortuna, todo el arrecife de Tela está libre de plástico. Estamos haciendo todos nuestros esfuerzos para protegerlo”, dice Börcsök, exdirector y ahora gerente general de ese centro de investigación.

Börcsök, además empresario del turismo en Roatán y Tela, advierte que “el plástico tiene un impacto en el coral porque, cuando se queda amarrado, lo mata y cuando los animales lo consumen se mueren”.

“A la bahía llegan grandes cantidades de plástico después de las inundaciones en San Pedro Sula, cuando llueve en septiembre y octubre, y si las corrientes marinas cambiaran y vinieran de norte a sur, parte del plástico del Motagua se estancaría en Tela”, dice.

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Científicos cuando realizaban investigaciones en los arrecifes de Tela.

Hasta ahora, los científicos de universidades de Inglaterra, Estados Unidos y otros países que llegan al Centro de Investigación no han hecho estudios sobre el impacto del plástico en estos arrecifes, pues ellos se han concentrado en conocer las causas de la resiliencia y supervivencia mostrada ante fenómenos naturales devastadores que han causado estragos en otros sistemas coralinos. Sin embargo, ellos están alertas porque el microplástico (partículas inferiores a los 5 milímetros) ya está acabando con la vida marina en muchas latitudes.

Área del refugio
La superficie de este refugio de vida silvestre es de 86,259 hectáreas. En este refugio habitan especies marinas de interés nacional e internacional.

La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el informe Microplastics in fisheries and aquaculture denuncia que el manejo inadecuado de los desechos de plástico está aumentando la contaminación de agua dulce, estuarios y ambientes marinos.

La FAO ejemplifica que en 2010 ingresaron a los océanos entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas de residuos plásticos y ha detectado pequeñas partículas en las aguas del mar del Norte, mar Caribe, mar Mediterráneo y mar de China.

De cara a esta amenaza, Börcsök está seguro de que “aún estamos a tiempo” para evitar que los animales que habitan en los arrecifes y los peces (alimentos para humanos) no perezcan por esos materiales.

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Antal Börcsök: "Gracias a Dios, el arrecife está libre de plástico, podemos hacer cinco sumersiones y no encontramos un pedazo"

Reducir y sustituir

Para salvar la vida marina y garantizar la alimentación de millares de personas, Julio San Martín Chicas, ambientalista de Coral Reef Alliance, quien ha explorado los arrecifes de Tela e Islas de la Bahía, es del criterio que los hondureños deben modificar ciertos comportamientos que “hasta dan vergüenza”.

“Hay una cultura errónea en Honduras sobre el uso del plástico. Aquí todo lo que estorba se bota. Todos los días vemos a personas lanzando botes de plástico y bolsas desde autobuses y hasta desde carros de lujo”, ejemplifica.

Dado a que la mayor parte de las actividades realizadas por la humanidad dependen del plástico, ambientalistas como San Martín Chicas piensan que los hondureños deben “comenzar a generar un cambio generacional para que el futuro sea menos dramático”.

Nelbin Bustamante, ambientalista de la fundación Prolansate (Protección de Lancetilla, Punta Sal y Texsiguat), cree firmemente que ya llegó el momento para que las autoridades hagan cumplir la ley.

“Hay que hacer una campaña con los transportistas. La Ley de Transporte dice que cada unidad debe portar un recipiente para la basura. Un policía puede multar al chofer si descubre que alguien lanza la basura desde el bus”, arguye.

La sustitución de utensilios de plástico, campañas educativas y multas evitarán que los objetos lanzados a las calles céntricas de San Pedro Sula, por ejemplo, asfixien los arrecifes.

“Los ríos Chamelecón y Ulúa nos traen mucha basura y también el Leán. También estamos viendo que está llegando mucho foam”, explica.

Mientras esperan que las autoridades actúen, estas organizaciones desarrollan proyectos para vigilar los arrecifes y educar a las nuevas generaciones.

En alianza con Coral Reef Alliance, el Centro de Investigación Marina construye un mirador (monitoreará las actividades en la costa) y, con Operación Wallacea, en 2019, abrirá un acuario que mostrará los centenares de especies que se encuentran en el arrecife y que están bajo amenaza.

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