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Armenia, refundada tras la catástrofe del huracán Mitch

Nueva Armenia es una modesta comunidad de Jutiapa, Atlántida, que fue fundada luego de que su anterior asentamiento, llamado Armenia, fuera borrado por el huracán Mitch

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El turismo desapareció de la comunidad luego de que resultara fuertemente afectada por el huracán Mitch. El fenómeno destruyó caminos que tras dos décadas no fueron reconstruidos.
El turismo desapareció de la comunidad luego de que resultara fuertemente afectada por el huracán Mitch. El fenómeno destruyó caminos que tras dos décadas no fueron reconstruidos.

Nueva Armenia, Atlántida.

Nueva Armenia es una modesta comunidad de Jutiapa, Atlántida, que fue fundada luego de que su anterior asentamiento, llamado Armenia, fuera borrado por el huracán Mitch.
Ahora existe gracias a la perseverancia de sus habitantes.

Esta comunidad garífuna se encuentra, desde 1924, muy cerca del mar Caribe y en las riberas del río Papaloteca. Esta condición geográfica le da una belleza única a esta zona y una ventaja para aprovechar el turismo.

Sin embargo, esa cercanía al mar y al río Papaloteca se convirtió en una combinación catastrófica para la comunidad durante el paso del huracán Mitch.

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Un equipo periodístico de Diario LA PRENSA visitó esta zona, adonde residen garífunas y ladinos, y encontró que, tras 20 años del paso del huracán, sigue sumida en la pobreza.


Un equipo periodístico de Diario LA PRENSA visitó esta zona, adonde residen garífunas y ladinos, y encontró que, tras 20 años del paso del huracán, sigue sumida en la pobreza.

Aunque tras el caos, el Gobierno y la ayuda internacional desarrollaron proyectos en Atlántida, que despertaron esperanzas en los habitantes, el Mitch les dejó demasiados estragos de los cuales aún no se reponen.

>Tener poco y perderlo todo <

El trauma ocasionado por el Mitch es tan profundo que habitantes como Vicente Güiti, expresidente de la Asociación de Pescadores Santa Ana, de Nueva Armenia, Jutiapa, todavía se conmueve al hablar de ese fenómeno y asegura que los dejó marcados para siempre, en lo espiritual y material.

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Solo la mano de Dios evitó que Nueva Armenia quedara perdida para siempre y nos permitió vivir

Digna Ávila
Presidenta del patronato de Nueva Armenia

“Hasta este día, después del Mitch, todo ha sido peor aquí. Hay más necesidad, más pobreza. Incluso, pescar se hizo más difícil, porque los bancos de peces se redujeron y nunca volvieron a ser los mismos”, arguye Güiti.

Al recordar el golpe del huracán, dice que esos días tuvieron matices apocalípticos. En esas horas y noches infaustas pensaron que nadie sobreviviría.

“Sufrimos mucho. Eso nos dejó destruidos. Como dependemos de la pesca, tras el Mitch nos quedamos sin qué comer. Volver a recordar eso todavía duele”, afirma.

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Esta comunidad garífuna se encuentra, desde 1924, muy cerca del mar Caribe y en las riberas del río Papaloteca.

> De sitio emergente a lugar olvidado <

Digna Ávila, presidenta del patronato de Nueva Armenia, señala que a pesar de que ahora es más difícil, la economía de Nueva Armenia aún depende casi en su totalidad de la pesca.

Recuerda que antes en la zona también había ingresos gracias al turismo, pero eso fue algo que el Mitch les robó y que jamás recuperaron.

38
Viviendas
La comunidad Mitch inició con un reducido número de casas que los habitantes, con ayuda de organizaciones humanitarias, construyeron alejadas del mar.


“La fuente de ingresos que teníamos con el turismo la perdimos por el huracán, pues los visitantes ya no pueden llegar a la playa en vehículo. Desde aquí había un acceso amplio hasta la orilla del mar, incluso se podía llegar en carro, por lo que antes venían muchos turistas. El Mitch fue tan poderoso que destruyó ese camino casi por completo”, dice.

Aunque ya han pasado dos décadas, lamenta, ninguna institución “reconstruyó la vía y ahora apenas vienen visitantes. Solo se puede pasar caminando entre propiedades privadas y entre la maleza”.

De una u otra forma, el huracán Mitch cambió para siempre la vida de los residentes de la comunidad, incluso obligó a un cambio de ubicación. La inundación redujo las casas a escombros.

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La mayoría de los habitantes de la comunidad se dedican a la pesca como medio de subsistencia. Prácticamente toda la economía de la comunidad gira en torno a la pesca.



“Aquí hizo bastantes estragos el Mitch. Muchas familias perdieron sus hogares, los cultivos se dañaron, quedamos en profunda escasez, porque no había comida. Eso fue devastador”, expresa.

> La voluntad de no rendirse <

Tras que Armenia fuera desaparecida por el Mitch, el lugar fue refundado y ahora se llama Nueva Armenia, adonde los habitantes construyeron la comunidad Mitch. En esta radican varias de las personas que quedaron en la calle cuando el monstruo climático devoró sus casas.

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Solo la mano de Dios evitó que Nueva Armenia quedara perdida para siempre y nos permitió vivir

Vicente Güiti
Expresidente de la Asociación de Pescadores Santa Ana

En 1998, cuando sucedió la tragedia, la información no se difundía con tanta facilidad como ahora. No había redes sociales.

Los habitantes de Nueva Armenia apenas se enteraron de que venía el huracán cuando los bomberos y miembros de la Cruz Roja llegaron a dar la alerta a la comunidad y les pidieron a todos abandonar sus hogares ante la amenaza que representaba el río desbordado.

Sin embargo, muchos decidieron quedarse en sus casas por el miedo a que sus viviendas fueran saqueadas por oportunistas.

Por la ubicación de la comunidad, casi a orilla del mar Caribe, los habitantes que se quedaron pudieron ver claramente el ojo del huracán Mitch, y lo que siguió a eso fue la devastación total.



“Hoy recordamos al huracán como el pasado que no queremos revivir, pero al menos de lo malo salió algo bueno, pues tras la destrucción se construyó una nueva área de casas, mucho más alejada del mar y del río, a la cual llamamos la comunidad Mitch y en la que ahora vivimos muchos de los que sufrimos aquellos días de terror”, dice Ávila.

Una organización humanitaria, junto con la Iglesia Católica, gestionaron recursos económicos para adquirir un terreno y construir 38 casas de bloques de cemento, más resistentes a las que estaban antes. Las destruidas eran de madera. Ahora ya son unas 51 familias las que habitan en la comunidad Mitch.

“Hay muchos lugares de Honduras en las que no hay empleo ni posibilidades de ser emprendedor, pero al menos logran salir adelante porque reciben remesas de Estados Unidos. Sin embargo, en Nueva Armenia, apenas el 5% de la gente recibe remesas. Todo depende de la pesca aquí; pero 20 años después del Mitch, la realidad es que esta zona está más pobre de lo que era en 1998”, indica.

> Recuerdos mustios, presente desalentador <

Calles de tierra, casi intransitables cuando llueve, nula generación de trabajo y una mayoría en casas modestas, componen la descripción abreviada de la comunidad.

Luis Álvarez Suazo, pescador de Nueva Armenia, siente que si ya son bastante tristes los recuerdos del Mitch, es casi más decepcionante pensar en que la zona permanece sumida en la pobreza.

“Pasó el Mitch. No dejó nada. Fue para llorar todo lo que vivimos. Lo que más nos duele es que parece que nunca van a cambiar las cosas para mejor. Si viene otro huracán como el Mitch no podremos evitar que vuelva a llevarse todo”, manifiesta.