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La Ceiba sigue siendo tan vulnerable como cuando sufrió por el Mitch

Las inundaciones de este año en La Ceiba evidencian otra vez que, tras dos décadas del huracán Mitch, la ciudad no ha reducido el riesgo ante amenazas naturales

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En octubre de 1998, dos oficiales de alto rango de la Policía y su motorista fallecieron cuando iban en su patrulla y cayeron desde un puente en La Ceiba, que cedió por la fuerte corriente del río que estaba crecido por las lluvias del Mitch. Fotos: AFP, Franklyn Muñoz y Archivo La Prensa.
En octubre de 1998, dos oficiales de alto rango de la Policía y su motorista fallecieron cuando iban en su patrulla y cayeron desde un puente en La Ceiba, que cedió por la fuerte corriente del río que estaba crecido por las lluvias del Mitch. Fotos: AFP, Franklyn Muñoz y Archivo La Prensa.

La Ceiba, Honduras

Aunque no ha logrado el desarrollo deseado por sus habitantes en las últimas dos décadas, La Ceiba ha crecido económicamente, en población e infraestructura comercial, sin embargo, las inundaciones que han afectado a sus habitantes en los últimos meses, una vez más, evidencian que todavía no ha superado el fantasma del huracán Mitch.

Cada año, la temporada de lluvias desnuda la fragilidad del territorio ceibeño, cuya población creció casi dos tantos en este período, de 76,893 habitantes (1998) pasó a más de 200,000 (2018), de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Gran parte de esta población se encuentra radicada en sectores que, por carecer de infraestructura de protección civil, son perjudicados cuando arrecian los torrenciales. Algunas partes bajas e incluso altas, así como las cercanas a los ríos, son altamente vulnerables. Solo hace unos días, las lluvias provocaron llenas y deslizamientos. Lo mismo ocurrió el año pasado, cuando las inundaciones causaron problemas en la zona urbana y rural.

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Calamidad, 06-11-98. Una toma aérea, cerca del aeropuerto de La Ceiba, muestra la erosión de la llanura tras el paso del huracán Mitch en 1998. Las fuentes de agua se desbordaron del Parque Nacional Pico Bonito.

“Pueden pasar 100 y hasta 200 años, pero la forma en que nos golpeó el Mitch jamás se olvidará. Ese huracán fue de categoría 5 y arrasó nuestro país”, relata el teniente retirado de los bomberos Roberto Stanley, quien participó en incontables operaciones de rescate.
Stanley advierte que, aunque “hay cosas que se han mejorado”, es evidente que falta mucho por hacer para lograr que La Ceiba sea una ciudad segura ante las tormentas.

“Las tormentas tropicales tienen su ciclo y en cualquier momento se puede volver a dar otro huracán como el Mitch. Esa es la realidad, pero deseamos de corazón que no vuelva a suceder algo así. Sabemos que las posibilidades de que haya otro fenómeno similar son reales y por eso hay que estar preparados. Aunque no lo quisiéramos, la verdad es que puede volver a ocurrir muy pronto”, considera.

Desasosiego
La población en La Ceiba era de más de 127,000 personas cuando ocurrió el Mitch. Miles fueron afectados. Ahora hay más de 214,000 habitantes, 198,942 viven en el área urbana y 15,974 en el área rural. Gran parte reside en zonas inundables.
Inundaciones
El municipio de La Ceiba está conformado por 16 aldeas y 105 caseríos, muchos de los cuales fueron afectados por el Mitch y que en la actualidad continúan siendo altamente vulnerables a las inundaciones en temporada de lluvias.

En los últimos días de octubre de 1998, los pluviómetros de La Ceiba registraron 34.52 pulgadas de agua, de acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, cifra superior en 40 veces a la cantidad observada en condiciones normales.
Bajo esta circunstancia, La Ceiba se convirtió en el segundo municipio del país, después de Choluteca (con 35.89 pulgadas), en recibir la mayor descarga del diluvio acarreado por Mitch.

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Nuevo puente Saopín en La Ceiba, donado por el Gobierno de Suecia.

La vida en un instante. El Mitch socavó y desplomó puentes en el litoral atlántico, algunos de ellos en La Ceiba (Saopín, El Cangrejal y Bonito) y zonas aledañas, y aunque muchos de ellos ahora están reconstruidos, hubo desgracias que no pueden ser olvidadas.
El bombero retirado recuerda cómo, por tan solo unos segundos, junto con unos compañeros de milagro se salvaron de morir, aunque otros no tuvieron la misma suerte.

“Fuimos a socorrer a una gente con miembros de la Policía, pero al regresar ellos se vinieron adelante y murieron, se cayeron del puente Bonito, que había colapsado por la fuerza del río crecido. Es una historia que me entristece todavía”, relata.

En ese infausto accidente murieron el jefe departamental de la Policía, comisario Edmundo Puerto Bártoli; su segundo al mando, comisario Mario Asdrúbal Quiñónez, el conductor Jimmy Enrique Baday. El cadáver de este último fue encontrado cinco días después.
Pasaron varios años y fue hasta 2007 cuando, por casualidad, una cuadrilla de trabajadores que hacía una remoción de tierra con una retroexcavadora encontró el carro policial siniestrado.

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07-11-98. El paso del huracán Mitch por La Ceiba afectó la vida de miles de personas. Tras el fenómeno climático, las personas hacían largas filas para recibir ayuda y obtener algo tan básico como agua.

Salvando a otros quedaron sin nada. “Es una tristeza haber vivido ese tiempo tan fatal. Gracias a Dios hoy estamos un poco recuperados. Mientras nosotros estábamos en las labores de rescate descuidamos a nuestras familias y nuestra sorpresa fue que luego supimos que gran parte de la colonia donde vivíamos había desaparecido”, relata Stanley.

Ellos residían en la colonia Los Bomberos, en la cual muchas viviendas resultaron destrozadas por la crecida que tuvo el río Cangrejal.
Un tiempo después de la catástrofe, se construyó la colonia Los Bomberos 2, donde hoy todavía residen muchos habitantes afectados por el huracán.

Blanca Marina Vásquez, residente de La Ceiba, asegura que los momentos que vivieron durante el impacto del poderoso fenómeno climático son algo que con solo recordar la hacen sentir miedo. “La del Mitch es la época más triste en La Ceiba. Hubo muchas desgracias y muertos. Destruyó el puente y la maquila que había aquí”, recuerda.

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Fue algo muy triste cómo el huracán Mitch devastó tantos lugares y causó tantas muertes. Quisiera que eso nunca hubiera pasado

César Maldonado, Bombero retirado

Vásquez acepta que llegó a perder las esperanzas mientras el huracán se ensañaba con el litoral atlántico, el centro y sur del país. “Pensé que todos nos íbamos a morir, que nos ahogaríamos. Uno miraba cómo se iban las casas con la corriente del río”, manifiesta.
Aunque ya han pasado varios años, ella confiesa que no ha desaparecido el temor que desata el hecho de pensar en la sola posibilidad de que un suceso igual se repita.

“Yo le pido a Dios que nunca vaya a volver una cosa así. Es horrible vivir con las pobrezas que quedan después, las enfermedades, pero el Señor es bueno, Él nos guarda. Que Dios nos cuide y nos proteja, porque otro Mitch hundiría a Honduras en la miseria”.

Preocupación. César Augusto Maldonado, sargento primero de los Bomberos, quien ya está retirado, fue otro de los héroes que puso su vida en peligro para poner a salvo a otros.

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Todavía sigo rezando para que eso jamás vuelva a suceder una catástrofe así. Que Dios nos proteja

Blanca Vásquez, Habitante de La Ceiba

“Ya han pasado muchos años desde que el Mitch atravesó con toda la fuerza nuestro país, pero siento que todavía hay mucha fragilidad. Ahora quizás hay más preparación, pero hay mucho que hacer todavía”, dice.

Los hechos así lo indican, por ejemplo, este mes las lluvias provocaron derrumbes que pusieron en riesgo la vida de habitantes de la colonia San José. El año pasado, las precipitaciones causaron deslaves en esa misma colonia, en La Melgar y Merren.

En temporada de lluvias hay inundaciones en varios sectores y sus habitantes prefieren no pensar en escenarios catastróficos que pudieran ocurrir “si viniera otro Mitch”.