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Hermanos Caballero reviven su leyenda

Jugaban descalzos con calzonetas hechas de costales de harina cuando le dieron gloria al Marathoncito.

Princess Charlotte of Cambridge (R) waves at the media as she is led in with her brother Prince George of Cambridge (L) by their father Britain's Prince William, Duke of Cambridge, (C) at the Lindo Wing of St Mary's Hospital in central London, on April 23, 2018, to visit Catherine, Duchess of Cambridge, and their new-born brother, the Duke and Duchess's third child.  <br/>Kate, the wife of Britain's Prince William, has given birth to a baby son, Kensington Palace announced Monday. 'Her Royal Highness The Duchess of Cambridge was safely delivered of a son at 11:01 (1001 GMT),' the palace said in a statement. The baby boy weighs eight pounds and seven ounces (3.8 kilogrammes).<br/> / AFP PHOTO / Ben STANSALL
Princess Charlotte of Cambridge (R) waves at the media as she is led in with her brother Prince George of Cambridge (L) by their father Britain's Prince William, Duke of Cambridge, (C) at the Lindo Wing of St Mary's Hospital in central London, on April 23, 2018, to visit Catherine, Duchess of Cambridge, and their new-born brother, the Duke and Duchess's third child.
Kate, the wife of Britain's Prince William, has given birth to a baby son, Kensington Palace announced Monday. 'Her Royal Highness The Duchess of Cambridge was safely delivered of a son at 11:01 (1001 GMT),' the palace said in a statement. The baby boy weighs eight pounds and seven ounces (3.8 kilogrammes).
/ AFP PHOTO / Ben STANSALL /

San Pedro Sula, Honduras. Los hermanos Mario Cofra y Mauro Nayo Caballero por poco nacen con el balón en los pies, pues se destacaron como jugadores de fútbol desde que estaban en la escuela de Cofradía, adonde vieron la luz. Ambos recordaron los tiempos de gloria como integrantes de la Trinca Infernal del equipo Marathón, conformada también por Julio César Cucaracha Fonseca.

Nayo, con su magia para conducir el balón, copaba la media cancha; Cofra era la amenaza permanente en el área contraria, mediante potentes y colocados tiros que arqueros angustiados trataban de descifrar; y Cucaracha, con su endiablado dribling, desconcertaba a defensas que no lograban detenerlo.

De las canchas de Cofradía, los hermanos Caballero pasaron a las de San Pedro Sula, primero en el barrio Guamilito y luego en Paz Barahona, adonde integraron el Marathoncito, siendo unos cipotes. “Como vivíamos frente al campo Patria, solo lo cruzábamos para llegar al campo Marathón, adonde practicábamos todas la tardes”, recuerda Nayo .

Jugaban por amor a la camisa verde, pues no recibían remuneración, más bien tenían que aportar una cuota de veinte centavos a la semana para sostener el equipo.

No había dinero ni para los uniformes. Por suerte siempre había aficionados que los apoyaban. Las calzonetas se las hacía un sastre amigo con sacos de harina de las marcas El Gallo y La Rosa, que eran famosas en aquel tiempo, dijo Nayo y ratificó Cofra con una sonrisa.

Recuerdan a un aficionado al que llamaban Papá Yones que no faltaba en los partidos y les llevaba jugo de naranja. Como era dueño de una bodega, también regalaba los sacos vacíos de sal para que les confeccionaran las calzonetas de color blanco.

“Jugábamos chuñas porque no había para tacos, pero aun así éramos campeones todos los años. Después nos ascendieron al equipo mayor a los tres”, dijo Nayo para referirse a Miguel Caballero, un tercer hermano que igual estaba sobresaliendo en el balompié cuando murió.

Cofra y Nayo han sido inseparables no solo en las canchas, sino también en las aulas, aunque son distintos en su carácter. Cofra era más revoltoso, por eso siempre se ganaba los castigos de su madre, quien hacía también el papel de padre al quedar viuda muy joven.

“Si no me macaneaba mi mamá, no me dormía”, manifiesta Cofra reforzando el relato de su hermano.

Dice Nayo que cuando ambos estudiaban en el José Trinidad Reyes que por aquel tiempo estaba en Los Andes, su madre le encargaba que vigilara a Cofra porque siempre se salía del colegio a media clase. Por algún tiempor estuvo el hermano menor chequeando al mayor, pero resulta que este siempre se fugaba para jugar billar con su amigo Cucaracha Fonseca, así que dejó que fuera su madre la que usara los correctivos con el “chilillo” en la mano.

Cuando vivían en Guamilito, su madre los mandaba a vender mantequilla, queso y carne de cerdo que ella misma destazaba. Aún no había mercado en esa zona, así que el mercadeo lo hacían entre los vecinos.

Gracias al esfuerzo de su madre y al apoyo de su abuelita, como también al esfuerzo propio, lograron culminar sus estudios universitarios como licenciados en Administración de Empresas.

Mientras jugaban en el Marathón, Cofra trabajaba en la Municipalidad y Nayo daba clases en el María Auxiliadora y en Arenales, sector de Calpules, de donde se venía en bicicleta a practicar hasta el campo Marathón.

El fútbol lo único que les daba a los hermanos eran puras sastisfacciones. “El mejor sueldo que tuve como jugador del Marathón fue de 200 lempiras al mes. Llegamos a firmar contratos en blanco a los directivos René Bendaña y Roberto Moya Posas, porque el equipo no tenía dinero”.

Comentan los Caballero que a veces cuando iban a renovar el contrato con el equipo todavía les adeudaban del contrato anterior, así que los muchachos les decían a los directivos: borrón y cuenta nueva. “A nosotros lo que no interesaba no era tanto el dinero, sino jugar”.

Se fue Cucaracha para Estados Unidos y la Trinca se desintegró dejando una estela de campeonatos en el historial del Marathón. En sus años juveniles, los tres jugadores también integraron la selección que representó a Honduras en un torneo Norceca que se jugó en 1964 en Guatemala.

Al volver Cucaracha a su terruño se hicieron intentos por revivir la leyenda. Fue entonces cuando Cofra sufrió el incidente que aniquiló el cañón de sus piernas y lo dejó en silla de ruedas.