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hay un vacío en la poesía

Día Mundial de la Poesía Académicos destacan que Leonel Alvarado se perfila como heredero de la poesía.

Giovanni Rodríguez, Mario Gallardo y Marco Antonio Madrid analizan para LA PRENSA la situación de la poesía hondureña.
Giovanni Rodríguez, Mario Gallardo y Marco Antonio Madrid analizan para LA PRENSA la situación de la poesía hondureña.

San Pedro Sula, Honduras

Tras la muerte de Roberto Sosa (1930-2011) y Oscar Acosta (1933-2014), dos poetas de la Generación del Cincuenta que alcanzaron la gloria literaria, la poseía hondureña encuentra refugio en nuevas voces que, sin estridencias, ganan paulatinamente espacios en el ámbito universal.

Literatos y académicos coinciden en que se perfilan como grandes herederos inmediatos de la poseía Leonel Alvarado, José Antonio Funes, Marco Antonio Madrid y Rebeca Becerra.

“Esta nueva generación de poetas se caracteriza por la calidad en el manejo del lenguaje y por una poesía madura que no se presta a experimentos”, dijo Giovanni Rodríguez, catedrático universitario y autor de seis libros.

ALVARADO

Leonel Alvarado, quien emigró de Honduras y se convirtió en profesor en la Universidad de Massey de Nueva Zelanda, es considerado la punta de lanza y uno de los que sigue los pasos de los grandes intelectuales.

Alvarado ganó en 2014 el Premio Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán”, otorgado por la Universidad Tecnológica de Panamá, como reconocimiento a su obra titulada “Xibalbá, Texas”.

“Para cruzar buscan los pasos más peligrosos porque son los más seguros. Prefieren arriesgarse a no salir vivos de la montaña”, dice Alvarado en su obra “Xibalbá, Texas” cuando convierte en poesía la desdicha de miles de centroamericanos que emigran hacia Estados Unidos.

Por su obra Retratos mal hablados , en 2013, Alvarado recibió una mención honorífica en Casa de las Américas (La Habana, Cuba) la misma que en 1971 le otorgó el premio a Sosa por el libro “Un mundo para todos dividido”.

Mario Gallardo, escritor y catedrático universitario, afirma que Leonel Alvarado es un poeta maduro y “está en plena posesión de las herramientas de un poeta y, con su calidad, demuestra que está en otro nivel”.

FUNES

En una posición similar se encuentra José Antonio Funes, quien, en representación de Honduras, desempeña en Francia el cargo de consejero en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y la Cultura (Unesco).

Funes ha sido profesor de literatura en la Universidad de Salamanca, España, y “es un poeta en pleno ejercicio, y maduro”, según Gallardo.

En 2011, el famoso escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, incluyó en la antología centroamericana Puertas Abiertas una obra poética de Gallardo, quien, prefiere destacar los aportes de sus colegas a la literatura hondureña.

BECERRA

En esa misma antología, publicada por el Fondo de Cultura Económica de México, figura la poetisa capitalina Rebeca Becerra, quien ha escrito los libros Las palabras del aire , Tiempo adentro y El fondo de las cosas .

Escritores como Becerra, a juicio de los académicos consultados por LA PRENSA, son artistas de la palabra “que tienen un compromiso con la poesía”, con la sociedad y no muestra señales de desesperación ante la fama fugaz, que encanta a los noveles.

“Estos poetas tienen toda la paciencia del mundo y no sienten a la parca cercana. Saben lidiar con eso que se llama fama social a través de redes”, dijo Gallardo.

MADRID

Marco Antonio Madrid, catedrático de la Unah-vs, es un poeta que, desde el punto de vista de Rodríguez y Gallardo, se dirige sin aspavientos a un estadio de reconocimiento universal.

Madrid, quien prefiere huir del autoelogio, converge en que Alvarado, Funes y Becerra, sin menoscabar el trabajo de otros, dan pasos firmes para liderar la poesía hondureña de los nuevos tiempos.

Por ahora “hemos caído en un vacío. No encontramos poetas como en la década de 1960, 1970 y 1980”, dijo Madrid, autor de La blanca hierba de la noche y La secreta voz de las aguas .

Los grandes poetas, plantean los consultados, se fraguaron en momentos que no existía Internet y todos se caracterizaban por ser reflexivos.

En el siglo XXI, cuando la información fluye de manera veloz por las redes sociales, poetas, ansiosos de fama, nacen, se reproducen y mueren.

Los tres académicos, que imparten clases de literatura, les recomiendan a los aspirantes leer las obras de otros grandes hondureños, como “los poetas extraordinarios”, Rigoberto Paredes, José Luis Quesada, Efraín López Nieto, Galel Cárdenas, José Adán Castelar, Pompeyo del Valle, Nelson Merren y Salvador Madrid.