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“Una mente desocupada, un taller para satanás”

El 90% de los jóvenes que llega a buscar apoyo al Proyecto Victoria por consumo de drogas y alcohol no logró terminar la educación primaria.

San Pedro Sula, Honduras.

“Mente desocupada, taller de Satanás” reza un refrán que E. Enamorado, un “nini” de San Pedro Sula, ha podido constatar y sentir en neuronas propias.

Enamorado acaba de cumplir 24 años en medio de una situación literalmente de “locura”, como dice él, que lo llevó, contra toda su voluntad, al cautiverio en el interior de su casa.

“Estaba mal de la cabeza. Mi familia me tuvo encerrado porque tenían miedo y después me trajeron aquí”, relató Enamorado, quien atendió a periodistas de LA PRENSA en los recintos del Proyecto Victoria.

Hace alrededor de un mes, su padre lo llevó al Proyecto Victoria, adonde, para fortuna de él, ha logrado recuperarse mentalmente y ganar peso.

“Vino flaco y loco. Los primeros días se saltaba los muros y nosotros lo teníamos que ir a traer a la calle”, dijo E. Melgar (de 16 años), otro “nini” que está en el Proyecto Victoria en proceso de rehabilitación.

E. Enamorado se desplomó emocionalmente y cayó en un estado demencial tras unos 10 años de vida callejera que siempre lo mantuvo en el filo de la muerte.

Antes de poner un pie en el Proyecto Victoria, él consumió muchas libras de marihuana, decenas de litros de alcohol y tres veces crack, el cual no le gustó.

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Además de las terapias y consejerías, los jóvenes que reciben apoyo en el Proyecto Victoria comparten experiencias personales.

“Fumaba demasiado. Un día compré una libra de marihuana solo para mí y me duró una semana, pero últimamente no estaba consumiendo drogas y alcohol, pero el doctor nos dijo que eso queda en la mente”, refirió.

Al menos en dos ocasiones lo persiguieron para matarlo por haber participado en asaltos con otros amigos de la calle y muchas veces lo golpearon miembros de pandillas por “flirtear” con la mara contraria.

Aunque creció en medio de pandilleros, E. Enamorado jamás se tatuó y nunca perteneció a una mara. Su debilidad -dijo- era la marihuana.

“Cuando conseguía trabajo, en la construcción, ganaba para comprar marihuana y cuando no tenía trabajo me iba con los amigos a hacer otros trabajos (a asaltar)”, dijo y, al mismo tiempo, aclaró que él no usaba armas, “solo bolseaba a la persona”, mientras otro le apuntaba.

E. Enamorado dejó de participar en asaltos y robos luego de que mataran a muchos de sus amigos; sin embargo, no salió del mundo del delito.

“Comencé a vender celulares robados y no robados. Me iba bien, ganaba bastante dinero, hasta mi papá me llegó a preguntar de dónde sacaba el dinero y él me dijo que tuviera mucho cuidado, que eso no era bueno”, recordó.

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En los dos centros (en Tegucigalpa y San Pedro Sula) hay más de 50 internos.

Recibe ayuda

En estos días, E. Enamorado, quien solamente cursó el quinto grado de la educación primaria, recibe asistencia emocional, consejería espiritual, medicamentos, alimentos y alojamiento en el Proyecto Victoria.

En el centro de rehabilitación de San Pedro Sula hay más de veinte jóvenes que todos se apoyan y se tratan como si fueran miembros de una sola familia.

E. Melgar, quien llegó de Yoro para superar la adicción al alcohol y al tabaco, cree que E. Enamorado es un ejemplo para él y una lección que le advierte sobre las secuelas nefastas producidas por una vida desordenada.

Este otro “nini” nunca ha tenido la necesidad de asaltar o robar para comprar alcohol y cigarrillos. Por dinero no se preocupa, pues tiene hermanos que le envían remesas de Estados Unidos. “A mí nunca me ha faltado nada, he tenido casa y comida, aunque sea solo arroz y frijoles”, aclaró E. Melgar.

A duras penas llegó hasta el cuarto grado. Él abandonó la escuela, simplemente porque no le gustó. “Aquí nos llevamos como una familia y estaré aquí hasta que Dios quiera. Al terminar este proceso, mis hermanos me quieren llevar para Estados Unidos”, dijo. Aunque han intentado inducirlo, E. Melgar jamás ha pertenecido a las maras. Nunca ha consumido cocaína ni marihuana, pese a que tiene muchos amigos “ninis” que le han ofrecido.