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Multitudinaria despedida para Berta Cáceres

Los grupos étnicos del país realizaron rituales y despidieron con cánticos a Berta Cáceres.

Justicia, justicia”, “Berta vive”, gritaron los asistentes al sepelio, procedentes de diferentes zonas del país mientras trasladaban el féretro.
Justicia, justicia”, “Berta vive”, gritaron los asistentes al sepelio, procedentes de diferentes zonas del país mientras trasladaban el féretro.

Intibucá, Honduras

Fue apoteósico. Miles de hondureños despidieron ayer a la mujer que dejó huella y que con su lucha marcó la historia de los pueblos indígenas en el occidente del país, peleando hasta el final de sus días por los recursos naturales y defendiendo los derechos de los pueblos.

Berta Cáceres, líder y cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), fue asesinada el 3 de marzo en su casa en la ciudad de La Esperanza, por dos hombres que portaban armas de fuego.

Ayer las manifestaciones de cariño no faltaron, los mensajes para ella evidenciaban el sentimiento que creó con su trabajo de más de 20 años. Abundó la admiración. Quizá ella nunca imaginó todo lo que su trabajo representó y que se le reconoció tras su inesperada muerte.

Las calles intibucanas nunca estuvieron tan llenas como ayer, el calor humano se sintió en La Esperanza, nunca antes un pueblo se volcó para reconocer las luchas y agradecerle todo lo que dio por Honduras.

“Justicia, justicia”, era el clamor en las calles. Hasta el cielo se pintó de gris, simbolizando el dolor que su pueblo sentía por la irreparable pérdida de la que fue su líder, el orgullo intibucano que dio voz a su etnia. La tristeza se percibía y era inevitable que muchos lloraran por ella.

Su cuerpo fue llevado hasta la ermita La Gruta alrededor de las 11:00 am, allí a campo abierto, en medio de la naturaleza y teniendo a dos pueblos de testigos, La Esperanza e Intibucá, se le rindió un homenaje. Ella siempre quiso ese lugar, fue como su escenario de lucha desde donde visionó los cambios para su tierra y fue en ese lugar adonde no faltaron los acuerdos y las demostraciones de organizaciones hermanas que llegaron para decirle “Berta vive, no ha muerto”.

Tras el amplio programa que se desarrolló, el cierre de su homenaje fueron los rituales de los grupos étnicos, que entonaron en varias lenguas el Padre Nuestro.

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Miles de personas le dieron el último adiós a la ambientalista Berta Cáceres.

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Desde hoy se declaran en alerta las organizaciones populares para exigir justicia y que una comisión internacional investigue la muerte de Berta Cáceres

Le pide perdón

Salvador Zúniga, exesposo de Berta Oliva, fue de los primeros que tomó el micrófono, en su despedida este hombre que la acompañó durante varios años y con quien emprendió el sueño de la organización indígena que la lanzó a luchar, resaltó su fuerza, el coraje que siempre tuvo para emprender y también le pidió perdón.

“Perdón Bertita, te pido perdón. Muchas veces no te pude comprender porque no sabía la grandeza que tenías. Perdóname porque eres grande y hoy a una grande le doy el último adiós.

A ustedes mis hijos también les pido perdón porque no pude proteger a su madre. Perdónenme”, exclamó Zúniga. El emotivo mensaje llenó de lágrimas a los presentes, fue el momento más emotivo de la ceremonia.

Durante el sepelio se vivieron momentos desgarradores de dolor por parte de familiares y amigos de Berta, quienes exigieron castigo para los autores del crimen.

La despiden

A las 12:30 pm, el cortejo fúnebre recorrió las calles de La Esperanza, no utilizaron un carro para trasladar el féretro, no, todo un pueblo quería cargar su ataúd, y en los hombros de aquellos indígenas que tanto defendió marchó hacia su última morada. Los pobladores salían a las puertas de negocios y viviendas para darle el adiós y en sus expresiones se reflejaba la tristeza.

“Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde y hoy en La Esperanza perdemos a una gran mujer que quizá nunca imaginamos todo el valor que tenía ni lo que representaba para nuestro pueblo”, dijo Graciela Ulloa, vecina de La Esperanza. Cuando el reloj marcaba la 1:30 pm, los restos de Berta llegaron al cementerio municipal de La Esperanza. La fosa se abrió a la par de la de su hermano, quien murió hace dos años.

Antes de bajar el ataúd, un grupo garífuna celebró un ritual. Era la manera como ellos despedían su cuerpo y alimentaban el espíritu de la mujer que cambió la historia de los pueblos, la mujer que ahora los lleva a librar otras luchas. Familiares y líderes de las organizaciones étnicas y ambientalistas tras su sepelio partieron, su objetivo ahora es Tegucigalpa, la ciudad adonde aseguran exigirán justicia y movilizarán a un pueblo para que la muerte de Berta no quede en vano y sea el comienzo del no a la impunidad.