Los cusucos salvadoreños, ángeles de los mineros hondureños

Los socorristas son especialistas en rescate en estructuras colapsadas.

El Corpus, Choluteca, Honduras.

La determinación y decisión de meterse a la red de túneles a pesar del peligro fue el éxito de los socorristas de la Cruz Verde de El Salvador que se convirtieron en los ángeles de los tres mineros hondureños rescatados ayer.

Los 12 socorristas salvadoreños son conocidos como “Los Cusucos” por su especialidad de rescate en estructuras colapsadas. Los salvadoreños se trasladaron la media noche del miércoles a la comunidad de San Juan Arriba en El Corpus, Choluteca.

De inmediato coordinaron con el Cuerpo de Bomberos y las autoridades de Copeco de Honduras para sumarse a las tareas de excavación de la grieta donde estaban soterrados tres de los once obreros.

Las acciones se desarrollaron con sumo cuidado. No podían exponer la vida de los tres hombres que haciendo sonidos enviaban mensajes a quienes les buscaban para ayudarles a encontrar el punto exacto donde estaban atrapados.

La noche fue larga, pero exitosa, cada minuto acercaba más a los socorristas con las víctimas.

Cuando el sol salió la emoción predominaba en los rostros de los rescatistas extranjeros y hondureños.

Los alimentan

Las esperanzas renacían cuando por primera vez, desde que una enorme roca los dejó encerrados, podían introducir por un agujero agua y alimentos. Las voces de los tres hombres generaban paz y emoción. “Sáquennos de aquí”, escucharon los rescatistas.

Los voluntarios salvadoreños se lanzaron al túnel. Poco a poco abrían el boquete asegurándose de no hacer movimientos que perjudicaran el rescate.

Junto a ellos permanecían los mineros que conocían al dedillo el lugar. Una cadena humana se formó. Todos tenían sus ojos puestos en el boquete. Cuando los salvadoreños trasladaron una cápsula y camillas al lugar que exploraban las sonrisas se dibujaron en familiares y vecinos.

“Estos sí los van a sacar, ya vas a ver, dicen que ya viene el primero”, comentaban los curiosos que estaban en los alrededores. Otros elevaban al cielo sus plegarias, pedían a Dios que utilizara las manos de los voluntarios y lo lograron.

Un aplauso se escuchó en toda la montaña, ese aplauso anunciaba que los tres hombres eran rescatados.

El grupo de salvadoreños hacía el milagro. “Para nosotros las acciones de los salvadoreños hicieron posible el milagro, ellos se entregaron de lleno a salvarlos. No sabemos cómo darles las gracias” dijo Marta Núñez, hermana de una de las víctimas que no ha sido rescatada.

Tras el rescate, los salvadoreños se desplazaron en sus ambulancias hasta el centro asistencial. “Es emocionante devolver esperanzas, pero sobre todo contribuir con los hermanos hondureños en una de sus tragedias. Estamos contentos, pero aun tenemos un trabajo de coordinación con los hondureños para ayudarles en el rescate de los otros mineros” dijo Douglas Vivas.

Los salvadoreños continuaron con el apoyo. La misión es más complicada, pero se esfuerzan, se entregan y dan su corazón por encontrar a los ocho mineros. Hay ocho familias que creen que pueden lograrlo, pero sobre todo hay un pueblo esperanzado en que su aporte, y el trabajo de los hondureños les devolverá a los mineros.

La Prensa