La independencia: legado de honor, ideales y sacrificios por la patria

La historia no se escribe sola; Dionisio de Herrera, José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes, Trinidad Cabañas y Francisco Morazán lo hicieron posible.

Próceres.Francisco Morazán, Dionisio de Herrera, José Cecilio del Valle, José Trinidad Cabañas y José Trinidad Reyes son  figuras insoslayables en los inicios de la construcción de la soberanía nacional.
Próceres.Francisco Morazán, Dionisio de Herrera, José Cecilio del Valle, José Trinidad Cabañas y José Trinidad Reyes son figuras insoslayables en los inicios de la construcción de la soberanía nacional.

Tegucigalpa

Han pasado 200 años desde que esta tierra volvió a ser nuestra.Un 15 de septiembre de 1821, Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica libraron la tutela que España mantenía sobre ellos, hecho que se hizo oficial a través de la firma del Acta de Independencia de América Central.

Pero esta conquista no llegó sola, mucho menos a cambio de nada. Y así como cada historia tiene sus protagonistas, toda nación debe honor a sus próceres; José Cecilio del Valle, Dionisio de Herrera, José Trinidad Reyes, José Trinidad Cabañas y Francisco Morazán, figuras insoslayables en los inicios de la construcción de la soberanía nacional.

Entre grandes intelectuales, abnegados estrategas y fieles defensores de sus ideales, todos piezas clave de diversos hechos trascendentales que hoy permiten rememorar un camino de aprendizajes. Pero, ¿quiénes eran ellos?, ¿cuáles fueron sus principales aportes? El historiador Edgar Israel Soriano, docente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), permite el desglose.

Seres de conocimiento. Dionisio de Herrera; líder y conciliador. Abogado de una familia prominente y primo de José Cecilio del Valle. “Recordemos que a mediados de 1820 se había jurado nuevamente la Constitución de Cádiz y creado la diputación provincial. En ese sentido, Herrera ocuparía un gran liderazgo en Tegucigalpa durante 1821. Cuando llegan los pliegos con la noticia el 28 de septiembre, de que en Guatemala se tomó la decisión de segregar políticamente los territorios de la capitanía general del dominio español y se giró la instrucción de jurar la independencia, Herrera asume el papel de Jefe de Estado provisional en esos momentos de incertidumbre”, narra Soriano.

Imagen JI-ILUSTRACION-BICENTENARIO-150921(800x600)
La construcción de la soberanía nacional se atribuye a grandes intelectuales y soldados de la patria, quienes arriesgaron mucho por una Honduras libre.

Dentro de la provincia de Honduras esto desemboca en un serio problema porque Comayagua intentaba someter jurisdiccionalmente a Tegucigalpa, y por lo tanto ambas ciudades se enfrascaron a fines de 1821 en una rivalidad que estuvo a punto de terminar en una guerra civil. Sin embargo, el liderazgo de Herrera fue muy importante porque logró, con intermediación de Vicente Filísola, negociar y llegar a un acuerdo.

Se instaló el primer Congreso en 1824 en Cedros, un punto intermedio entre ambas ciudades, y finalmente se eligió a Herrera como primer Jefe de Estado. “Digamos que el mérito que tiene es que fue una figura de prominencia política en un episodio de crisis, que de alguna manera supo capitalizar esa conflictividad”, añade.

“El sabio” José Cecilio del Valle; político e intelectual. Entre 1809 y 1811 fue apoderado legal de Tegucigalpa ante las autoridades de la capitanía general de Guatemala, con el objetivo de restaurar la antigua jurisdicción de Alcaldía Mayor. Abogado prominente, leía en varios idiomas y gozaba de mucho respeto en la sociedad. La Gaceta económica de Guatemala publicó mucho de su trabajo. Pensador, preocupado por la dinámica social y económica de sus territorios, y a su vez asesor del capitán general Bustamante y Guerra, lo que le ganó muchos enemigos.

Redactó el Acta de Independencia en esa histórica reunión del 15 de septiembre de 1821. Una vez que se da la separación, Valle se convierte en un fiel defensor de la independencia. Fue nombrado parte de uno de los dos triunviratos en esa transición después de la anexión y la convocatoria constituyente para formar la República Federal. Posteriormente fue candidato presidencial pero no se respetó la mayoría de los votos que le daban la elección y el Congreso nombró a Manuel José Arce en vez de a Valle. Cuando finalmente iba a ser electo en 1834, murió y no ocupó el cargo. “Eso de ‘América para los americanos’, idea también de Bolívar, era muy importante para él; cómo reivindicar esos territorios como espacios republicanos en construcción totalmente independiente de fuerzas externas”, apunta el historiador.

Imagen ML-PORTADA5-150921(800x600)
Conmemorar 200 años de historia independiente es motivo de festejo entre los hondureños este 15 de septiembre.

José Trinidad Reyes; educador y humanista. Asociado igualmente al tema de la intelectualidad, pero sobre todo a la educación. Estudió en León (México) y se dedicó a escribir, entre todo una gran cantidad de pastorelas, piezas que en provincias pequeñas como la nuestra tenían cierta novedad. También hizo escritos, particularmente uno con seudónimo en donde puso a consideración del lector a la mujer como un sujeto importante de la sociedad que debe tener derechos y ser integrada en las dinámicas sociales.

“El tema de haber acompañado y apadrinado a un grupo de jóvenes en la fundación de la Academia Literaria, que finalmente se convirtió en la Universidad Nacional, primero Universidad Central, también fue un papel muy relevante. Y convertirse posteriormente en rector de esa naciente institución, notorio en la construcción institucional del país”, asentó.

Soldados de la patria. José Trinidad Cabañas; honestidad e ideales. Llamado por algunos “El caballero sin tacha y sin miedo”. Se le reconoce como un hombre de convicción desde su juventud hasta su vejez, que siempre estuvo al servicio de la Federación Centroamericana, de ideales republicanos del liberalismo del siglo XIX, y que trabajó constantemente en modernizar la República. Se planteó durante su gobierno la idea de un ferrocarril que cruzara el territorio hondureño, que uniera ambas costas para dinamizar la economía. Mantuvo mucha honradez en su forma de conducirse como Jefe de Milicia y de Estado.

Imagen ML-PORTADA4-150921(800x600)
Lo hecho por Morazán y los demás próceres es un legado que merece la pena ser rememorado en distintos homenajes y expresiones públicas.

Francisco Morazán; honor y sacrificio. De joven se dedicó mucho a los negocios familiares, en el comercio y la minería. Con el jefe de Estado Dionisio de Herrera, fue nombrado Secretario, y también ocupó un puesto en la Alcaldía de Tegucigalpa en esos años. Empezó a leer mucho, aunque no llegó a estudiar como otros miembros de la élite en Guatemala. Pero su figura surge a la palestra regional de los territorios centroamericanos, precisamente cuando Arce decide invadir El Salvador y Honduras para arrestar a sus jefes de Estado, que no se sometían a los designios de Guatemala. Morazán combate ese golpe, funda el ejército protector e inicia su rebelión, que terminó con la toma de Guatemala en 1829 y que lo hizo presidente electo por votos para la Federación Centroamericana en 1830.

“De ahí inicia una serie de políticas que iban camino a construir una república unitaria, donde el ciudadano fuera elevado como algo importante, como un soberano que tenía que tener derecho a educación, a juicios justos, a trabajo, etc. Se fue al exilio, regresó, tomó el gobierno de Costa Rica, y luego fue emboscado, capturado y ejecutado en 1842”, lamenta. Sin duda, los próceres de Honduras son referentes de la construcción de una nación.

“No se trata de idealizarlos ni de glorificarlos, sino más bien de identificarlos como seres humanos que arriesgaron mucho, que asumieron retos; algo que nosotros necesitamos en esta época. Tener una generación trabajadora, que persista, que esté en constante reflexión, para tratar de desarticular aquellas formas de dominio que generan desigualdad, y de construir una generación más equitativa, que sea para toda la ciudadanía y no para un segmento privilegiado de la población”, concluye Soriano.

La Prensa