La verdad tras los mitos históricos más repetidos en las aulas

La historia de Honduras ha sido contada desde diversas ópticas, y en el ínterin han surgido algunas imprecisiones.

Las hazañas épicas tienen sus matices, y sus protagonistas fueron tan humanos como todos.
Las hazañas épicas tienen sus matices, y sus protagonistas fueron tan humanos como todos.

SAN PEDRO SULA

La historia de Honduras ha sido contada desde distintas ópticas en las que se enfrentan héroes y villanos, vencedores y vencidos; pero para quienes tienen el oficio de guardar la memoria, las hazañas épicas tienen sus matices y los protagonistas fueron tan humanos como sus virtudes y defectos.

A través de conversaciones con historiadores hondureños y lecturas a investigaciones académicas, los siguientes son algunos de los mitos que existen y que se han repetido por décadas en los salones de clase.

Cómo murió lempira, según investigaciones recientes
El historiador hondureño Mario Felipe Martínez Castillo, quien falleció a finales de julio de 2012, hizo el hallazgo en el Archivo de Indias, en Sevilla, sur de España, sobre cómo murió realmente el cacique Lempira.Durante muchos años, en las escuelas y colegios de Honduras se enseñó que Lempira fue muerto a traición, que le disparó un arcabucero que iba atrás en el caballo, al frente de un emisario del conquistador Alonso de Cáceres, quien le llevaba un falso mensaje de paz.
En realidad, el héroe nacional, que tendría entre 38 y 40 años, no murió por el disparo de un arcabuz, sino peleando cuerpo a cuerpo con uno de los conquistadores que le terminó cortando la cabeza, según reveló el historiador en su libro “Los últimos días de Lempira y otros documentos: el conquistador español que venció a Lempira”. La obra recopila el testimonio de Rodrigo Ruiz, quien en1558 mató a un cacique de nombre Elempira.

País lleno de oro

Al finalizar 1540, Honduras era una región poderosa en el continente americano, pero perdió tal perfil dos décadas más tarde debido a que la minería -una vez muy próspera- comenzó a declinar.

Al poco tiempo, en 1570, los españoles volvieron a interesarse en el país, esto porque las minas de Tegucigalpa rebosaban de plata. Sin embargo, “la fiebre” solo duraría hasta 1584, cuando la productividad bajó y así las inversiones de la Corona.

La mayor evidencia de la falta de interés de la Corona española se evidencia en la poca inversión hecha para potenciar esa actividad. La actual Biblioteca Nacional de Tegucigalpa funcionó entonces como el lugar para transformar la plata, lo cual es poco en comparación con Guatemala, adonde se construyeron palacios y otras infraestructuras de interés económico.

Garífunas

El libro La resistencia insurreccional de la revolución garífuna, escrito por el antropólogo Andoni Castillo Pérez, es uno de los esfuerzos más contundentes por reescribir la historia del pueblo afrodescendiente.

En la investigación, el autor expone, conforme a documentos disponibles en bibliotecas de Francia, Inglaterra y San Vicente, las vicisitudes de los garinagu por ser un pueblo libre hasta su destierro a Honduras en abril de 1797. “En las escuelas se habla que los garífunas fueron deportados de San Vicente; pero ¿cómo pueden deportar a habitantes de su propio país? En realidad fueron desterrados”, dice el autor.

Los tiempos de Carías

Si bien es cierto que con Tiburcio Carías Andino (1936-1949) terminan las revueltas armadas que habían caracterizado la forma de la lucha de clases, la “paz social” que implementará el dictador será producto de un Gobierno autoritario ejercido con rigor. Las formas legales e ilegales de que se vale Carías para continuar en el poder y convertirse en dictador se traducen luego en represión, violencia, persecuciones, atraso, pobreza, para Honduras.

Años después salen libros como La Honduras de hoy bajo el régimen admirable del presidente Carlas, de Rogelio Esquivel, La justificación histórica de la actual prolongación del poder, de Daniel Hernández, Cinco años de labor, del Distrito Central, los cuales no son más que escritos aduladores del régimen para ensalzar la figura de Carías, y contribuyen a formar el mito que durante su Gobierno no existía la delincuencia.

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En Honduras fue poco el interés que tuvieron para invertir en su explotación. De boca en boca se repite que en los tiempos de Carías no existía la delincuencia.
La Prensa