Finca Las Jaras, la casa del durazno orgánico en Intibucá

La familia Molina Campos es la propietaria de un lugar único en Honduras

Niel y Lourdes con sus hijos Suri, Blanca y Niel Molina Campos en el cultivo de la fruta.
Niel y Lourdes con sus hijos Suri, Blanca y Niel Molina Campos en el cultivo de la fruta.

Intibucá, Honduras.

Lo que fue un sueño hace más de 20 años hoy es una realidad para la familia Molina Campos.

El esfuerzo, dedicación y trabajo han sido claves y se ven reflejados en el producto de la finca Las Jaras, ubicada en El Pelón, Yamaranguila, con un cultivo de durazno único, de sabor exquisito y, lo más importante, orgánico.

La finca está a unos 15 minutos de La Esperanza, en medio de las montañas y en un terreno situado a 1,840 metros sobre el nivel del mar.

La producción está en su punto, y recorrer la plantación resulta una experiencia placentera, donde el aroma, el color y sabor del durazno se conjugan.

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El corte de la fruta y todo el proceso es supervisado personalmente por la familia.

El corte de la fruta ya comenzó y finalizará en junio, dejando más de 35,000 libras en el mercado hondureño y una buena cantidad de envasados en el extranjero.

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Es la única producción del año de una fruta cuyo cultivo casi está en peligro de extinción en nuestro país.

Pero el amor y esmero que Niel Zacarías Molina y Lourdes Azucena Campos le tienen a su plantación se refleja en las tres manzanas de cultivo debidamente asistidas, donde los químicos son completos desconocidos para ofrecer un producto orgánico.

Niel nació en San Francisco, Lempira, y Lourdes en Masaguara, Intibucá. El destino los juntó en La Esperanza y comenzó la aventura de sus vidas. Ambos son profesionales, con carreras distintas, pero con ganas de superarse lograron triunfar.

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También se comercializa en almíbar.

Se casaron y se convirtieron en propietarios de un terreno en El Pelón, Yamaranguila, un lugar con temperaturas bajas.

El terreno estaba lleno de maleza y la pareja iba los fines de semana a limpiarlo y sembrar árboles; entre ellos, de durazno.

En Intibucá, el cultivo de esa fruta ha sido una tradición y se vende a entre 25 y 30 lempiras la libra.

El durazno es un fruto muy querido por los esperanzanos, y quien lo prueba queda encantado.

La pareja seguía plantando y mientras trabajaba la tierra comenzaron a aparecer pedazos de obsidiana negra, una piedra volcánica que los antepasados usaban para elaborar flechas. De ahí nació el nombre de finca Las Jaras, que son palos de punta con flechas usadas como armas por nuestros antepasados.

Proyecto

En ese tiempo, la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (Fhia) promovía un proyecto para cultivar duraznos y buscaban productores con terrenos apropiados en esa zona, y Niel dijo sí al reto.

Así, con temperaturas de entre 16 y 21 grados en días normales, comenzaron con el proyecto.

La Fhia no le dio seguimiento, pero la familia continuó con el emprendimiento.

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Niel y Lourdes con sus hijos Suri, Blanca y Niel Molina Campos en el cultivo de la fruta.

“Comenzamos sembrando una determinada cantidad de árboles, por etapas, y al ver que nuestro cultivo funcionaba seguimos haciéndolo. En este momento tenemos más de 350 árboles de durazno, que producen unas 35,000 libras de fruta para obtener ingresos extras a nuestro hogar”, dijo Lourdes.

“Generamos empleo permanente y en tiempo de cosecha contratamos más personal.

Siempre hemos sido un equipo de trabajo con mi esposo, y la inversión es de pareja, eso nos ha dado resultados”, agregó.

En la finca Las Jaras se produce el durazno de variedad diamante, cuyo nombre científico es Prunus persica.

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El melocotón es vendido en el supermercado Esperanzano a L30 la libra.

Es originario de China e híbrido con durazno prizco o blanco, los árboles alcanzan alturas de entre siete y 10 metros; pero en finca Las Jaras se han desarrollado técnicas contra viento de más de 90 kilómetros por hora y los árboles tienen una altura máxima de dos metros de altura.

“Este es un proyecto de familia y la naturaleza nos ha ido enseñando cómo producir la fruta de manera órganica para dar un aporte económico y saludable a la sociedad”, expresó Niel Molina.

Empresarios

Niel y Lourdes no solo cultivan fruta, son reconocidos empresarios en la zona y han realizado una inversión millonaria al construir el centro comercial Esperanzano, el más moderno del lugar, con más de 40 locales, un supermercado, food court de emprendedores locales y una sala de cine que será inaugurada en los próximos días.

En ese supermercado comercializan el fruto recién cortado y también procesado con el sello Un Paraíso en las Alturas, por parte de la empresa local Alimentos Espinoza Sánchez, para generar ganancias a los microempresarios de la zona.

Es una cosecha al año y se da entre los meses de mayo y junio. “Ya envasado lo ponemos en souvenirs y también en el supermercado Esperanzano. El producto lo mandan a traer de distintas ciudades y países”, detalló el empresario.

“El sabor, la textura, el tamaño y el hecho de ser un producto orgánico lo convierten en una fruta única y hemos recibido visitas de muchas personas que se van encantadas con nuestros duraznos”, añadió Molina.

El éxito de esta finca es que son amigables con la naturaleza, no se utilizan químicos ni pesticidas.

Niel y Lourdes procrearon tres hijos: Blanca, Niel y Suri, a quienes les inculcan el amor por el trabajo y juntos luchan en sus empresas.

La Esperanza es el mayor productor de durazno y, en menor escala, se cultiva en La Paz, Ocotepeque, Francisco Morazán, Lempira, Santa Bárbara y Comayagua; pero de manera orgánica la de Niel y Lourdes es la única plantación en Honduras.

La Prensa