Profesor da clases a niños en el porche de su casa en una aldea de Gualala

Imparte las clases los lunes y martes a 30 niños de quinto grado. Les deja tareas para el resto de la semana.

Luis Fernández aplicó exámenes a sus estudiantes ayer.

Gualala, Santa Bárbara.

Para el profesor Luis Alcides Fernández Rivera (de 56 años), la educación es la llave de el progreso, y para que sus pequeños estudiantes siguieran aprendiendo en la pandemia montó una pequeña escuela en el porche de su casa.

El profe Luis, como cariñosamente lo llaman en la aldea Guacamaya, en Gualala, Santa Bárbara, se vio limitado para impartir el pan del saber por el confinamiento y cierre de centros escolares, medida que se ordenó a comienzos del año lectivo 2020 en Honduras.

Tras el cierre de la escuela Dolores Sabillón, Fernández rápidamente notó el bajo rendimiento que sus estudiantes de cuarto grado demostraban en las tareas y pruebas que estos le dejaban en su portón.

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Da clases a dos grupos los lunes y dos grupos los martes, cada uno conformado por cinco o siete alumnos.

La falta de computadoras y celulares en las casas, así como una débil señal en la comunidad montañosa, es otro factor que les jugaba en contra.

A raíz de estas circunstancias, y preocupado por el desarrollo de los escolares, planeó montar la escuela en su casa y luego socializó este proyecto con las autoridades de la escuela, padres y su familia.

Fue así que el 1 de marzo de 2021, armado con una pizarra blanca y unos libros, comenzó a dar clases lunes y martes de 7:00 am a 12:30 m, siguiendo un protocolo de bioseguridad y distribuyendo a los 30 escolares en cuatro grupos. “Pensé: tengo una galera en mi casa y luego socialicé esta estrategia y los padres me apoyaron. Ha sido favorable, he visto el desarrollo de los niños”, dijo.

A esta labor se sumó su esposa Nolvia García y sus hijos Jhoiner, Karen, Luis y Luzdari, quienes son profesionales universitarios.

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Los estudiantes deben usar su mascarilla y gel, además de lavarse las manos.

Con fondos propios, esta familia ha comprado mascarillas para los niños y les prepara merienda a diario con platillos que van desde baleadas hasta chimichangas.

“Mis hijos me dijeron: padre, te apoyamos, hay que darles algo a los niños”, comentó entre sonrisas el docente.

Fernández espera promover satisfactoriamente a sus alumnos al siguiente grado y continuar en 2022 con su formación.

La Prensa