¿Cómo conmemorar el Domingo de Ramos en casa?

Recuerde este día, junto a su familia, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y celebre el inicio de la Semana Santa.

Si tiene una cruz o crucifijo en su casa adórnelo con ramas y flores.
Si tiene una cruz o crucifijo en su casa adórnelo con ramas y flores. /

Tegucigalpa, Honduras.

Este día se conmemora el Domingo de Ramos y la feligresía católica lo celebrará, por primera vez, de una forma muy diferente desde sus casas en aislamiento a causa del coronavirus.

Sin embargo, la Iglesia Católica pidió a los creyentes que no dejen de conmemorar el inicio de la Semana Santa, recordando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en el seno de sus hogares.

Siguiendo las instrucciones del Gobierno de Honduras de permanecer en casa y evitar las aglomeraciones para que el virus no se siga propagando.

Además lea: Mensaje de Semana Santa 2020 de Monseñor Ángel Garachana a la feligresía

Los hondureños podrán seguir las transmisiones de las misas a través de los medios de comunicación y redes sociales. Las celebraciones litúrgicas de la catedral San Pedro Apóstol puede sintonizarlas en Radio Luz 101.3 FM y Facebook Live. La Eucaristía será a las 9:00 am.

El papa Francisco presidirá la santa Eucaristía de la Pasión del Señor en la basílica vaticana a las 11:00 am, hora de Roma y 3:00 am hora de Honduras.

Siga en Radio Luz y Facebook Live las misas:
- Jueves Santo:
Cena del Señor, 6:00 pm
-Viernes Santo:
Pasión del Señor, 3:00 pm
- Sábado Santo:
Vigilia Pascual, 6:00 pm
- Domingo de Resurrección:
Eucaristía, 9:00 am

Tome nota de los consejos que la iglesia brinda para exaltar este día al Salvador en familia:

1. Vaya a su jardín y corte algunas ramas de cualquier árbol, adórnelas con moños o flores, una por cada miembro de la familia. Además, hay que tener un botecito con agua bendita.

2. Puede empezar la ceremonia en el patio de su casa, si las circunstancias lo permiten, y también hacer una pequeña procesión hacia la sala, o en el lugar donde se tendrán la celebración.

3. Si tiene una cruz o crucifijo en su casa adórnelo con ramas y flores. Si va a tener velas también las puede adornar, pero recuerde tener mucho cuidado.

4. De antemano, debe asignar quienes dirán las lecturas.

Reunida la familia el que dirige saluda de la siguiente manera:

Monición:

Hermanos, nos reunimos en este lugar para conmemorar la entrada mesiánica de Jesús, pero no solo a Jerusalén sino además a nuestras vidas donde lo reconocemos como nuestro Dios y Señor. Nuestros ramos serán el signo de nuestro decidido testimonio con una vida llena de frutos para la vida eterna.

Dios mío ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrernos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en un principio ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Hermanos, bendigamos a Dios Padre que nos permite reunirnos en su nombre para aclamar y reconocer públicamente a su Hijo como nuestro Señor y Rey.
R. Bendito seas por siempre, Señor.

Lectura del evangelio

Monición:

La palabra “Hosanna” tiene dos significados fundamentales, una tomada del hebreo que significa “Salve” y la otra del arameo, la lengua de Cristo, que significa “Sálvanos ya” por lo que no se trata de un simple saludo de alabanza, sino además una petición urgente, más de acorde a la situación que sufría Jerusalén en esa época. Nosotros también, unimos nuestra alabanza a la súplica urgente: Señor ¡sálvanos ya!

Escuchemos con atención

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos,
envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente;
al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo. Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito.

Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: "¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!" Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: "¿Quién es éste?" Y la gente respondía: "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús

Monición:

Guardemos un momento de silencio para que el Espíritu Santo hable a nuestros corazones e ilumine nuestras conciencias.

Se hace un momento de silencio.

Procesión:

Ahora, imploramos la bendición para que perseveremos en el testimonio de una auténtica vida cristiana.

Si es laico entonces dice:

Te pedimos, Señor aumentes la fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza y nos permitas a quienes agitamos estas palmas en honor de tu Cristo victorioso, podamos permanecer unidos a Él para que así demos frutos de buenas obras.
Por Jesucristo nuestro señor.
R. Amén.

En silencio, se coloca un recipiente con agua bendita para que cada uno de los miembros de la familia remoje sus ramos y demos inicio a la procesión.

Canto:

Que viva mi Cristo, que viva mi Rey.
que impere doquiera triunfante su ley.
Viva Cristo Rey, Viva Cristo Rey.

Mexicanos un Padre tenemos,
que nos dio de la patria la unión.
A ese Padre gozosos cantemos,
empuñando con fe su pendón.

Demos gracias al Padre que ha hecho
que tengamos de herencia la luz
y al darnos vida en el Reino
que su Hijo nos dio por la cruz.

Dios le dio el poder, la victoria.
Pueblos todos, venid y alabad
a este Rey de los cielos y tierra,
en quien sólo tenemos la paz.

Rey eterno, Rey universal,
en quien todo ya se restauró,
te rogamos que todos los pueblos
sean unidos en un solo amor.

Al llegar al lugar donde se va a tener la celebración se puede cantar:

Reine Jesús por siempre
Reine su corazón
en nuestra patria,
en nuestro suelo
que es de María
la nación.

Tu reinarás, dulce esperanza,
que el alma llena de placer;
habrá por fin paz y bonanza,
felicidad habrá doquier

¡Tú reinarás! Dichosa era,
dichoso pueblo con tal Rey;
será tu cruz nuestra bandera,
y tu Evangelio nuestra ley.

Tu reinarás en este suelo,
te prometemos nuestro amor,
Oh buen Jesús, danos consuelo
en este valle de dolor

Tu reinarás, este es el grito
que ardiente exhala nuestra fe
Tu reinarás oh rey bendito
Pues tú dijiste: ¡Reinaré!

Al llegar al lugar escogido dice:

Te pedimos, padre de amor, que así como nos has dado a tu hijo como ejemplo de humildad nos permitas, que podamos imitarle en su entrega y sacrificio, para que podamos también gozar con él en la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Liturgia de la palabra

Comience la liturgia de la palabra: Se recomienda que se proclamen todas las lecturas de este domingo, pero si por alguna razón grave se aconsejara de otra forma, puede solo proclamarse el Evangelio, aún en su forma breve.

Monición:

La fuente de nuestra fuerza y de nuestra luz es la escucha de la Palabra de Dios que nos permite hacerle frente a cualquier circunstancia de nuestra vida

Escuchemos

Primera lectura:

No aparté mi rostro de los insultos, y sé que no quedaré defraudado.

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7

En aquel entonces, dijo Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras
de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

El Salmo responsorial conviene que sea cantado

Salmo Responsorial del Salmo 21

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Todos los que me ven, de mí se burlan;
me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve;
si de veras lo ama, que lo libre". R.

Los malvados me cercan por doquiera
como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
y se pueden contar todos mis huesos. R.

Reparten entre sí mis vestiduras
y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame,
no te quedes de mí tan alejado. R.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo;
glorifícalo, linaje de Jacob;
témelo, estirpe de Israel. R.

Monición:

El sufrimiento y la humildad no son valores en sí mismos, sino como cimiento para poder vivir de la manera correcta la bendición y prosperidad que solo Dios otorga.
Prestemos atención.

Segunda Lectura

Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 2, 6-11

Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Monición:

La especial lectura de la Pasión de Cristo es el signo más importante de este domingo que más que “de Ramos” es el Domingo “de la Pasión”.

Escuchemos con piedad.

Aclamación antes del evangelio Flp 2, 8-9

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros,
y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

CICLO “A”
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
Según San Mateo 26,14-27,66

C En aquel tiempo Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:

S “¿Eres tú el rey de los judíos?"

C Jesús respondió:

+ "Tú lo has dicho".

C Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:

S "¿No oyes todo lo que dicen contra ti?"

C Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos:

S ¿A quién quieren que les deje en libertad a Barrabas o a Jesús, que se dice el
Mesías?"

C Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia. Estando él sentado en el tribunal,
su mujer mandó decirle:

S "No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su
causa".

C Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó:

S "¿A cuál de los dos quieren que les suelte?"

C ellos respondieron:

S "A Barrabás”

C Pilato les dijo:

S “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?"

C Respondieron todos:

S "Crucifícalo”

C Pilato preguntó:

S "Pero ¿qué mal ha hecho?"

C Más ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:

S ! Crucifícalo!

C Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó
las manos ante el pueblo, diciendo:

S "Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes".

C Todo el pueblo respondió:

S "! Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"

C Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban diciendo:

S “!Viva el rey de los judíos!"

C y le escupían.
Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se
burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar. Al
salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la
cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, "Lugar de la Calavera", le dieron a
beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo
crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí
para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: 'Este es Jesús, el rey de los judíos'. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:

S "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".

C También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo:

S "Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: 'Soy el Hijo de Dios' ".

C Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:

+ "Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?'

C que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S "Está llamando a Elías".

C Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre
y sujetándola a una caña, le ofreció de beber.
Pero los otros le dijeron:

S "Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo".

C Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

(Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes)

C Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y
las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían
muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:

S "Verdaderamente éste era Hijo de Dios".

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión comunitaria

Papá o mamá pueden dirigirse al resto de la familia iluminando con ejemplos lo que se ha escuchado.

Profesión de fe

Creo en un solo Dios

Oración Universal de los fieles

La oración universal de la Iglesia es como la respuesta que la asamblea hace a la Palabra de Dios. Es decir, él nos ha hablado, nos ha asegurado que lo que prometió en el pasado lo ha cumplido en su Hijo Jesucristo. Ahora, lo que ahora nos ha comunicado, tenemos la certeza de que lo cumplirá en el futuro. Por eso, las preces de esta oración deben estar
inspiradas en la Palabra que se ha proclamado.

Finalmente, recordemos que es una oración de los fieles, de todos los fieles; por tanto, el que lee las intenciones NO ESTA ORANDO, no se está dirigiendo a Dios sino a la asamblea y la verdadera oración es la que ésta responde, CUIDANDO de no pasarle a Dios nuestra responsabilidad de transformar este mundo según su voluntad, sino más bien, pidiéndole su asistencia para avocarnos a ello.

Como Cristo se dirigió al Padre en el momento de su máximo sufrimiento, oremos también nosotros con toda confianza ante Dios, nuestro Padre. Pidamos especialmente para comprometernos con los seres humanos, que más comparten el sufrimiento de Jesús.

- Familia, Dios se nos ha manifestado, principalmente en el amor de Jesús, en su sufrimiento, en su humillación hasta morir en la cruz. Pidamos, pues que la iglesia y los cristianos no busquemos la gloria y el poder, sino el servicio humilde, atento, comprometido con los más necesitados, con los más pobres, oremos. R.

R. Que tu gracia, nos ayude, Señor.

- Familia, Jesús en la cruz, clamó al Padre con el grito del hombre que se siente abandonado. Comprometámonos con las mujeres y los hombres, los niños, jóvenes o ancianos, que se sienten solos, perdidos, abandonados, para que salgamos, como hermanos, a su encuentro, oremos. R.

- Familia, Jesús fue juzgado y condenado injustamente por los poderosos. Exijamos a los que tienen algún poder en la sociedad, para que luchen de verdad por la paz y la justicia por todos los hombres, muy especialmente para los más menospreciados y oprimidos, oremos. R.

- Familia, en este Domingo de Ramos, en este día en que los niños aclaman con alegría al
Señor, comprometámonos con ellos, para que fortalecidos por Dios cuidemos de su inocencia, oremos. R.

- Oremos, también por nosotros, para que celebremos de tal modo estos días santos que
profesemos en nuestro camino de seguimiento de Jesucristo, oremos. R.

Padre, tú nos has mostrado la inmensidad de tu amor a través del camino que siguió Jesús hasta la muerte. Haz que, contemplando su pasión y muerte, compartamos más su vida nueva. Aquella vida nueva que tú quieres para todos los seres humanos. Por Jesucristo nuestro señor.

R. Amen

Ritos Conclusivos

Si no se va a distribuirse la comunión se invita directamente al Padre nuestro.

Por Jesús hemos sido hechos hijos del Padre, por eso nos alegramos de decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Se puede hacer la comunión espiritual:

Cantemos al amor de los amores,
cantemos al Señor:
Dios está aqui! Venid adoradores
adoremos a Cristo Redentor.

Gloria a Cristo Jesús
cielos y tierra, bendecid al Señor.
Honor y gloria a ti, rey de la gloria.
Amor por siempre a ti, Dios del amor.

Por nuestro amor oculta en el sagrario
su gloria y esplendor
para nuestro bien, se queda en el santuario
esperando al justo y pecador.

Oh gran prodigio del amor divino
milagro sin igual;
prenda de amistad, banquete al peregrino
dó se come al cordero celestial.

Jesús piadoso, rey de las victorias,
a ti loor sin fin;
canten tu poder, autor de nuestras glorias,
cielo y tierra hasta el último confin.

Terminada la comunión, si sobraron Hostias se regresa el copón al sagrario, se coloca dentro y se hace genuflexión, luego de pie, cierra el sagrario asegurándose que la llave no se quede allí mismo, sino que la guarda posteriormente en un lugar seguro. Si se comulgaron todas las Hostias, entonces se purifica el copón en la credenza. Después de un momento conveniente de oración en silencio. Se dice la oración conclusiva o postcomunión.

Oración después de la comunión

Si es diácono dice:

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de la resurrección, a la meta de nuestras esperanzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Si es laico dice:

Señor y Padre nuestro que nos has querido alimentar con esta Eucaristía y por medio de la muerte de tu Hijo nos quieres dar la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, te pedimos nos concedas llegar, por medio de la resurrección, a la meta de nuestras esperanzas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Si se tiene que comunicar a los fieles algún mensaje del párroco o aviso, o el horario de las demás celebraciones, éste es el mejor momento.

Si es diácono el que preside saluda a la asamblea y la bendice:

El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
R. Amén.

Si es laico entonces invoca la bendición de Dios y se santigua, diciendo:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Luego despide a la asamblea con estas o semejantes palabras:

Glorifiquemos al Señor con nuestra vida. Vayamos en paz.
R. Demos gracias a Dios.

El ministro, si está la presencia sacramental del Señor en el sagrario, hace genuflexión y se retira. Si no la está, entonces hace reverencia y se retira.

El coro entona un canto de salida:

Es fuego tu palabra que mi boca quemó
mis labios ya son llamas y ceniza mi voz.
Déjate quemar, si quieres alumbrar,
no temás contigo estoy.

Por ti mi Dios, cantando voy
la alegría de ser tu testigo, Señor.

Me mandas que cante con toda mi voz
no sé cómo cantar tu mensaje de amor.
Los hombres me preguntan: ¿Cuál es mi misión?
Les digo: testigo soy.

Es muy recomendable que, a ejemplo de las primeras comunidades cristianas, después de la celebración dominical se concluya con una convivencia fraterna, la misma que s

La Prensa