Hondureña salva de las vías del tren a mujer en España

La heroíca acción de la hondureña Brenda Julissa Santos será homenajeada.

Brenda Julissa llegó al País Vasco en 2007 para trabajar y labrarse un futuro. Ella jamás pensó que le salvaría la vida a una persona.
Brenda Julissa llegó al País Vasco en 2007 para trabajar y labrarse un futuro. Ella jamás pensó que le salvaría la vida a una persona.

Vizcaya, España.

La hondureña Brensa Julissa Santos se convirtió en una heroína en Vizcaya, España luego de salvarle la vida a una mujer con discapacidad que cayó sobre las vías del tren.

El Correo, de Bilbao, dio a conocer la historia de Santos quien sin dudarlo arriesgó su vida para evitar una tragedia.

Según el medio de comunicación, Santos viajaba en compañía de sus dos hijas y una sobrina, con quienes venía de una reunión de la iglesia, cuando en una de las estaciones una joven en silla de ruedas, al intentar bajar del tren, cayó a las vías del tren.

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Al ver la situación una mujer comenzó a gritar: "Se ha caído a la vía, se ha caído a la vía" y Brenda al escuchar los gritos no dudó en socorrer a la mujer.

"Le pregunté si podía moverse y me dijo que no. Comencé a arrastrarla hasta el borde porque no podía subirla, entonces escuché el tren y vi que se acercaba", dijo la hondureña.

Valientemente le hizo gestos al conductor para que se detuvieran; sin embargo, este solo pudo contener un poco la velocidad.

En cuestión de segundos Santos observó a su alrededor y tuvo la idea de colocarse junto a ella en un hueco de 30 centímetros que queda bajo la víscera del anden.

"Le recogí las piernas y me tumbe encima de ella para protegerla. Fue todo muy rápido, teníamos ya el metro a punto de alcanzarnos".

La joven discapacitada comenzó a llorar y la hondureña intentó calmarla: "Le dije cálmate, que no nos van a atropellar, que estamos a salvo".

El convoy las rebasó antes de poder parar y las dejó atrapadas y ocultas entre el andén y la unidad. La terrible escena la contempló su hija, muy asustada, desde el andén. Por unos segundos que se hicieron eternos, la adolescente no sabía si el metro había arrollado a su madre y comenzó a llamarle angustiada. “Oía que ella me gritaba ¡mami!, ¡mami! Yo le dije: ‘¡estamos bien, tranquila, pide que muevan hacia atrás el metro para que podamos salir!’, cuenta.

La hondureña trabaja como empleada doméstica y vive en un piso alquilado con sus hijas.

El conductor retiró el convoy y les ayudó a subir de las vías al andén. Brenda Julissa y su hija se abrazaron entre lágrimas. El otro metro continuaba también parado en la estación, con la pequeña de 2 años dormida en su sillita en el vagón, ajena a que su madre acababa de arriesgar su vida para salvar a una persona en peligro.

De camino a casa, la hija de la hondureña continuaba muy afectada y nerviosa. Emocionada, la hondureña se le quiebra la voz, al evocar la frase que le dijo su niña: “Mamá, no pensaste en mí”. “Le expliqué que vi a la chica tirada en la vía sin poder moverse y, no tuve en cuenta el riesgo, solo quise ayudarla”, repone

La mujer humilde que trabaja de empleada de hogar y vive en un piso alquilado con sus hijas, solo contó lo ocurrido a sus dos hermanos, que también residen en Algorta. Cuando vio la noticia de su hazaña en El Correo, supo que el Metro la buscaba para agradecerle una acción que los propios responsables de la empresa pública de transportes calificaron de “heroica”. La compañía le organizó un acto de reconocimiento, que Brenda Julissa también prefirió mantener en privado.

Será homenajeada

Ahora el gobierno vasco va a premiar de forma pública su valentía con la medalla al Mérito de Emergencias y Protección Civil con distintivo rojo –el máximo nivel– el próximo mes de febrero. El Departamento de Seguridad concede la distinción por “actuaciones que pongan de manifiesto cualidades excepcionales de entrega, valor, espíritu humanitario o solidaridad ante una situación de emergencia en la que peligren personas”.

La solidaridad de Brenda Julissa tiene más mérito aún en sus circunstancias. Llegó al País Vasco en 2007 para trabajar y labrarse un futuro, huyendo de la pobreza y la delincuencia. Pero la realidad no ha sido la que soñaba cuando salió de Honduras tras dejar su empleo en una fábrica textil del municipio de Choloma, en el norteño departamento de Cortés.

Nunca pensó que en Euskadi también sufriría dificultades económicas y que le iba a resultar tan duro sacar adelante a su familia. “Pero estoy contenta solo con que mis hijas crezcan en un lugar seguro y puedan estudiar y tener una vida mejor”, se alegra con su natural sencillez. Ella aspira a lograr la nacionalidad española y contar con más oportunidades para progresar. Tomado de El Correo, de Bilbao.

La Prensa