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De víctimas de violencia a empresarias y jefas de los hombres

Hace 26 años formaron una organización para defenderse de las agresiones de los hombres, hoy exportan café, producen vinos, abono, jabones y champú

Mujeres socias de Comucap en el beneficio de café en Chinacla. Fotos: Melvin Cubas
Mujeres socias de Comucap en el beneficio de café en Chinacla. Fotos: Melvin Cubas

Chinacla, La Paz.

Juana Suyapa García y 120 campesinas de comunidades ubicadas entre las cordilleras de Montecillos y Guajiquiro se hastiaron de los insultos y golpes que les asestaban sus maridos y un día decidieron unirse para romper el círculo socioeconómico vicioso que las mantenía atrapadas en un torbellino de violencia de género.

Absolutamente todas tuvieron que sufrir los vejámenes de sus cónyuges, curar las heridas o atenuar los moretes con sábila y llorar resignadamente porque carecían de poder: no tenían dinero, no eran dueñas de tierras y la mayoría no sabía ni leer ni escribir.

Ahora, cuando ya han transcurrido 26 años, todas sonríen con satisfacción: no solo le pusieron un alto a la violencia de género, se transformaron en pequeñas empresarias y en jefas de gran parte de los hombres que viven en esta región.

10 años
En la última década, esta organización ha exportado café orgánico con el certificado Fairtrade.

“La necesidad nos abrió las puertas para demostrar que, aunque no teníamos un título, teníamos la capacidad para lograr los propósitos. Esto no ha sido fácil, ha sido una lucha de más de veinte años. Como mujeres no hemos dejado de soñar, nos miramos más grandes en el futuro”, dice García, presidenta de la Coordinadora de Mujeres Campesinas de La Paz (Comucap).

Comucap es una plataforma que ahora agrupa a 504 mujeres de 7 municipios (Cabañas, Santa Elena, Marcala, Chinacla, Yarula, Santa Ana y San José). Está dividida en 19 grupos, cada uno con una caja rural que financia los proyectos a una tasa de interés extremadamente baja: 1%.

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Diversidad creadoras de productos
Las integrantes de Comucap han reinvertido las ganancias y han logrado multiplicar el capital y los bienes. En Barrio Nuevo posee una bodega y beneficio de café con laboratorio, planta procesadora de aloe vera y una pequeña empresa productora de jabón, champú y acondicionador. Es dueña de plantaciones de café y sábila. En Caracol, San José, tiene una planta de abono orgánico. Fotos: Melvin Cubas
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Estas mujeres han logrado independencia económica.

Hechas un nudo —aseguran— y trabajando en equipo, estas mujeres (un día iletradas) se apoderaron de los tres factores de producción (tierra, capital y trabajo) y lograron la emancipación económica.

Son propietarias de 1,200 manzanas de tierra cultivadas de café y generan 42,200 quintales oro al año. Una parte de la producción se la venden a Molinos de Honduras y la otra la exportan a Estados Unidos y Europa con la certificación Fairtrade (comercio justo).

“Nos compran cafeterías y tostadores de Estados Unidos y Alemania. Los compradores solidarios nos pagan un precio justo porque conocen nuestro sacrificio. Si no tuviéramos compradores solidarios no hubiéramos logrado mantenernos en esta crisis de precios bajos”, explica García.

2 destinos del café
La organización vende café en el mercado local y exporta a Estados Unidos y Alemania. No le vende a intermediarios.

Para ser grandes productoras de café orgánico certificado y de estricta altura (con fincas a más de 1,500 metros sobre el nivel del mar) tuvieron que trabajar tesoneramente siguiendo las instrucciones de Oxfam International (las apoya desde la fundación de la organización).

“Cuando comenzamos no teníamos nada, pero nos pusimos a hacer rifas y a vender comida para comprar la primera manzana de tierra. Primero cultivamos café, pero no funcionó, y botamos la finca. Hoy tenemos 12 manzanas de sábila”, expresa.

Al principio, las mujeres de Comucap vendían aloe vera como materia prima a una empresa fabricante de jabón. Después le solicitaron a Oxfam una ingeniera química para que les enseñara a elaborar productos terminados.

“Hoy, nosotros no solo vendemos café, desde 2013 tenemos una empresa que fabrica jabón y champú y vamos a vender acondicionador.
Aprendimos con el tiempo, hemos ganado y perdido”, comenta Francisca Nicolás, presidenta de la empresa Siempre Viva, fabricante de la marca Selva.

Nicolás, de 29 años e hija de una de las fundadoras fallecida, sueña con ver “el sacrificio de las primeras mujeres de Comucap convertido en grandes empresas”.

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Las mujeres exponen orgullosas el trabajo de sus manos.

“Nosotros vivimos de las ganancias. Esta empresa da empleo y oportunidades a las campesinas. Yo he conocido muchos lugares y he estado en la feria del café en Estados Unidos; tengo cinco manzanas de café”, expresa Ilaria García, 62 años, encargada de producción de la empresa Siempre Viva.

En Barrio Nuevo, Chinacla, donde posee el beneficio y bodega de café, la Comucap cuenta con una planta procesadora de aloe vera para fabricar jugos y gel marca Walá (hoja buena, en lenca).

“En esta planta recibimos la materia prima, la lavamos, procesamos, fileteamos, licuamos, damos un tratamiento térmico y envasamos”, explica María Albertina López, de 32 años, encargada de producción de la planta.

Para Elisa Escobar, de 25 años, Comucap “es un ejemplo que deben seguir las personas que creen que, por no tener dinero, no pueden salir adelante”.

“Yo, por ejemplo, estudié catación y desde hace tres años tenemos una empresa familiar y somos socios de Comucap. Vendemos café especial tostado con la marca Itzayana (regalo de Dios, en maya)”, manifiesta Escobar, hija de una mujer fundadora de Comucap.