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El turismo transforma a Intibucá y La Esperanza

Estos dos municipios divididos por una calle comparten sus atractivos urbanos y rurales.En los últimos 15 años han surgido hoteles, restaurantes y cafés.

La Esperanza posee las iglesias y edificios coloniales.Fotos: Jorge González.
La Esperanza posee las iglesias y edificios coloniales.Fotos: Jorge González.

La Esperanza, Intibucá.

Durante más de un siglo, los habitantes de Intibucá y La Esperanza permanecieron estancados económicamente y atrapados en un esquema mental que no les permitía detectar o crear una nueva fuente para captar más dinero.

Desde la fundación del departamento de Intibucá (1883), estos dos municipios hermanos dependieron de la agricultura de subsistencia, fundamentalmente del cultivo de papas, granos básicos y hortalizas, y del comercio en una escala bastante baja.

Sin embargo, hace unas dos décadas y media, los habitantes, liderados por sus empresarios y autoridades locales, se sacudieron el sopor y comenzaron a tejer ideas para atraer dinero y reorientar la economía.

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En Intibucá llegaron a la conclusión de que no solamente de cultivar y vender papas vivirían sus habitantes, sino de su promoción. Entonces, a principios de la década de 1990, instituyeron el Festival Nacional de la Papa.

Muchos años después, los habitantes de La Esperanza observaron a su alrededor y descubrieron que también ellos podían tener un festival anual dedicado a un producto no estrictamente agrícola, pero surgido de la tierra: los hongos silvestres de la especie Amanita caesarea que brotan entre los bosques con las primeras lluvias de mayo.

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Desde 2005, La Esperanza celebra en junio el Festival del Choro y el Vino, un evento que atrae hasta expertos en arte culinario de varios continentes.

Para Intibucá y La Esperanza, dos ciudades divididas tan solo por una calle que serpentea y causa recovecos en el casco urbano, estos dos festivales son vitrinas que les permiten mostrar su patrimonio cultural y natural, y llamar la atención de miles de turistas que llegan por cientos.

Los festivales que tenemos, las ferias y otras actividades que realizamos están ayudando a desarrollar el turismo y a darle más fuerza a la economía”, dice Melvin Méndez, director de la Cámara Nacional de Turismo (Canaturh) de La Esperanza.

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Beneficio. Las redes sociales e internet han permitido que más personas conozcan los dos destinos, según los empresarios locales.

Méndez ha visto que “en los últimos cinco años se ha multiplicado el número de hoteles, restaurantes, cafés y otros negocios turísticos que no existían y que ahora aportan muchos empleos”.

En La Esperanza operan 19 hoteles y 17 en Intibucá. En ambos municipios han abierto las puertas 48 negocios de comida (entre restaurantes grandes, establecimientos de comida rápida y comedores ) y 25 cafés.

Los cafés de La Esperanza son lugares para que las personas puedan conversar y disfrutar de su estadía. Nosotros les ofrecemos café de altura y vinos. En la noche hacemos presentaciones artísticas, como conciertos de jazz”, explica Dunia Nolasco, propietaria de Café MarDú.

Muy cerca de los cafés, los restaurantes, como Pollito Indio, atraen clientes con platos que, según sus cartillas, son únicos en Honduras porque los preparan con los exóticos choros que recogen en mayo.

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“Todos los fines de semana del año estamos recibiendo más visitas de todo el país”: Melvin Méndez, Director local de Canaturh.

Hace 35 años, la familia de Oneyda Ramos, actual presidenta de Canaturh, inauguró Pollito Indio, uno de los primeros negocios de comida que ahora, por la competencia suscitada con el surgimiento de nuevos establecimientos, ofrece un menú variado de platos de choros.

Ramos, quien ha sido testigo de la efervescencia en el turismo, a través de su restaurante detectó que con la llegada de más clientes la ciudad le estaba ofreciendo una nueva oportunidad para hacer otro negocio.

Los clientes nos comenzaron a preguntar por hoteles porque aquí sólo había unos cinco. Vimos una necesidad y una oportunidad. En 2005 abrimos la primera etapa de un hotel y en 2009 la segunda etapa”, recuerda Ramos, propietaria del Hotel Ipsan-Nah.

A unos pocos kilómetros del casco urbano, en las aldeas, los agricultores han incrementado las áreas de cultivo de hortalizas, fresas y otras frutas porque ha aumentado la demanda requerida por sus clientes, los hoteles y restaurantes locales.

Nosotros estamos cultivando más papas, brócoli, coliflor y otras verduras para los negocios de la ciudad”, dice Enemesia González, habitante de la aldea El Cacao.

3 claves del turismo: La Esperanza tiene una población de 14,341 habitantes e Intibucá 64,526; el 90% es de la etnia lenca.

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intibucá pone los atractivos

Intibucá es el municipio que posee más atractivos turísticos rurales, como la laguna Chiligatoro, valle de Azacualpa (donde producen el 80% de la papa), cascada de río Grande y la mayor parte de los bosques donde nacen los hongos comestibles.

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edificios en la esperanza

La Esperanza alberga las edificaciones coloniales, entre ellas dos templos católicos. Una de esas iglesias es del municipio de Intibucá, pero está dentro del territorio de La Esperanza. Además, aquí se encuentra La Gruta, la ermita que es un ícono de la ciudad.

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promoción del gobierno

El Gobierno promociona estos dos municipios por medio del circuito Ruta Lenca, integrado por los departamentos de Intibucá, Lempira y Copán. Actualmente invierte en la construcción y mejoramiento de la red de carreteras que los conecta.

González es una líder lenca que no solo se dedica a la agricultura, a la vez coordina un grupo de 20 mujeres que fabrican en telares de madera prendas de lana que les venden a los comerciantes locales.

Hacemos chales, bufandas, pañuelos y otras prendas. De eso vivimos, solo que ahorita no están bien las ventas, necesitamos clientes”, explica.

Al taller que coordina Gonzalez, abierto en 1982, llegan turistas a conocer el proceso de fabricación de estas piezas que se han convertido en un símbolo cultural de los lencas de Intibucá.

En esta aldea, más de 300 mujeres confeccionan las prendas en unos 20 talleres, algunos recientemente abiertos, como Tejidos Lencas Las Marías, dirigido por María Domínguez.

Ya tenemos como un año de haber formado esta pequeña empresa familiar y estamos vendiendo”, dice Domínguez.

Así como los telares, los empresarios y autoridades creen que en los próximos años tendrán una nueva y única atracción turística de todo el país: marcarán la calle que divide a La Esperanza e Intibucá para que los turistas lleguen a tomarse fotos y las suban a las redes sociales.

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Usted debe visitar la gruta de la Virgen de la Inmaculada Concepción que se encuentra al final de 30 gradas esculpidas a mano en pura piedra de origen volcánico.