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“Me han tomado fotografías barriendo la sede del colegio”

El capítulo de San Pedro Sula del CAH, no maneja fondos, por eso ha tenido que efrentar problemas como los cortes de energía, dice su presidente, Julio César Orellana.

Estudió Derecho, motivado por las personas que veía cuando eran condenadas injustamente.
Estudió Derecho, motivado por las personas que veía cuando eran condenadas injustamente.

Profesional

El presidente del Colegio de Abogados de Honduras (CAH), capítulo de San Pedro Sula, Julio César Orellana, es del criterio que los principios de honestidad de un abogado no provienen de la facultad de derecho, sino del hogar.

A él le decía su padre: hijo, haga las cosas correctamente, trate bien a los demás, no hay necesidad de gritar para hacerse escuchar. “Si cumplimos estos principios -comenta- siempre vamos a hablar con la ley en la mano”.

"Mis padres procrearon ocho varones buscando la hembra. Tuvieron que adoptar dos niñas"

Julio César Orellana

Lamentó que esto no siempre se cumple en nuestro sistema judicial que mantiene a muchos inocentes en la cárcel por un error de procedimiento o por la actitud desacertada de un juez.

A sus clientes les pide que sean honestos y que le digan la verdad antes de defenderlos. “Si sabemos que es injustamente acusado, uno se siente satisfecho de aceptar la defensa”.

Indicó que no siempre los fiscales actúan con honestidad cuando acusan o condenan a un imputado, debido a que son calificados por el número de sentencias condenatorias que logran acumular en su récord. Además, “cuando es por política que están en el cargo, se parcializan o se abstienen de hacer bien su trabajo. Si actuaran con honestidad e integridad, delante de Dios y aplicaran la ley sin distingos, este país sería diferente”, reflexionó.

Sería ideal que el profesional del derecho tuviera la seguridad de que nadie, ni siquiera un presidente, interfiriera sobre un juez en la aplicación de la ley. “Veamos el caso de Estados Unidos, en donde el presidente Donald Trump le cerró las puertas de su estadía a los dreamers, pero la justicia, a través de sus jueces, les dio la razón”. Orellana fue el primer profesional del derecho en colegiarse después de graduarse en lo que fuera el Centro Universitario Regional del Norte, (Curn) en donde también fue catedrático por 20 años.

Después de terminar su primer período como presidente del CAH quiso desistir de buscar la reelección, pero sus colegas le dijeron: “no te preguntamos si querés, es que vas”. Fue así como lo reeligieron. Uno de los problemas que enfrentan los abogados es la inseguridad que los persigue como sombra por los casos delicados que les toca llevar a los juzgados. Que se mejore la seguridad jurídica, es uno de sus grandes retos como presidente de la organización gremial.

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Trabaja junto a su esposa Jessile Margarita Rodríguez, quien también es abogada.

Se considera un hombre que predica con el ejemplo cuando habla de honestidad e integridad. Cuenta que cierta vez un influyente diputado amigo suyo le propuso el Juzgado Primero de Letras de lo Civil de San Pedro Sula, lo cual él rechazó. “No acepto porque cuando me pidas que tuerza la ley y yo no lo haga por mis principios, te vas a hacer enemigo mío. Mejor sigamos siendo amigos”, le contestó al parlamentario.

Antes de que llegara a la presidencia del CAH, el área de la piscina de la sede se pintaba de acuerdo al color del partido que estaba en el poder. Ahora nadie tiene colores políticos, ni el área de recreación, el color político queda en el portón de la sede, dijo. “Respetar la ideología de los agremiados, nos permite mantener una relación muy linda”.

Por falta de suficiente presupuesto en el CAH, a veces hasta a él le toca barrer el inmueble. Cierta vez la administradora le tomó una fotografía con la escoba en la mano y la publicó. Eso -según dice- lo engrandece en vez de hacerlo sentir pequeño porque “el hombre entre más humilde, es más grande”.

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Con su esposa comparte ocho hijos, cinco varones y tres hembras.