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Hambruna se cierne sobre tribus tolupanes de Montaña de la Flor

Un tiempo de comida al día es lo que consumen muchas familias tolupanes. La siembra de primera se perdió por falta de lluvias y no tienen granos para subsistir esta temporada

Pobreza rodea a la comunidad tolupán, en las casas no hay alimentos, los fogones permanecen apagados, y si se encienden es para calentar agua.
Pobreza rodea a la comunidad tolupán, en las casas no hay alimentos, los fogones permanecen apagados, y si se encienden es para calentar agua.

Francisco Morazán, Honduras

Comen una vez al día y en los meses de junio, julio y agosto escasean los víveres para las tribus tolupanes. No hay alimentos, no hay ingresos que les permitan comprar el arroz, los frijoles y el maíz para su sustento. Pero este año, su situación se agravó más porque el veranillo secó la siembra de primera y además cerró la puerta para que las mujeres indígenas se ganen unos centavos desgranando maíz. Esto preocupa a los líderes de las 31 tribus de la etnia tolupán de la Montaña de La Flor que ya anuncian una inminente hambruna.

“El cultivo se secó. Tenemos hambre. Este año fue duro hasta conseguir la semilla y el maíz se pudrió. Si no hay maíz será un desastre para nuestros pueblos. Escuchamos que el Gobierno ayuda, pero aquí no llegan. Es difícil lo que nos espera” dijo Gertrudis Bustillo, presidente de la tribu de San Juan.

Cinco
tribus tolupanes en Orica, cada una está conformada por 12 comunidades que responden a un cacique y presidente de la tribu.

Y es que la plantación de maíz se echó a perder, en algunas parcelas de las comunidades de San Juan, La Ceiba y Lavanderos, las plantas crecieron entre 50 y 60 centímetros, no alcanzaron los dos metros y en otros las plantas se cayeron por la falta de lluvias.

Los tolupanes que tienen cerca el sembradío de sus casas aseguran que si les va bien, lo más que ajustará será para una medida de maíz y que con eso deberán hacer milagros.

“Es tremenda la situación, el verano afectó y de alguna manera deberemos ayudarnos. Aquí estamos a la mano de Dios”, dijo Ángel Rivera, de la comunidad de Montenegro.

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Es la Iglesia evangélica la que está paliando el hambre de los niños y adolescentes en San Juan, adonde a diario les dan un tiempo de comida.

La realidad

LA PRENSA recorrió varias aldeas indígenas en la Montaña de La Flor y en la visita se constató cómo la falta de alimentos está calando a los indígenas. En las viviendas encienden el fuego en la hornilla, pero lo único que calientan es el agua. Los niños se arriman a sus madres en espera de un bocado, pero no hay qué darles, las mamás aseguran que los están enseñando a aguantar.

“No hay para la comida, no se logra conseguir para comprarles arrocito. A veces nos va bien si vendemos las canastas que hacemos y con eso compramos para darles de comer ese día; pero si no se vende, no se come y ellos tienen que aprender a qué hay días que se comerá y otros no”, relató Donatila Martínez, madre de cuatro niños.

4.64
años nivel de escolaridad para la tribu tolupán como promedio entre la población de 15 a 19 años de edad.

Como medida ante la crisis alimentaria, la Iglesia evangélica está paliando un poco el hambre y atiende a los niños de cinco a 16 años. Para ellos hay una opción: ir a la cabaña. En este lugar, los indígenas de San Juan mandan a sus niños. Allí les sirven un tiempo de comida de lunes a viernes, esto da un respiro a las familias, al menos una vez al día, tienen algo que comer.

“Están dando de comer a unos 80 niños de lunes a viernes. A veces les dan arroz y frijoles, otras simplemente arroz cocido, pero comen, y eso es bueno”, relató Justina Pérez, madre soltera de la tribu de San Juan.

A las 11:00 am, en la Cabaña, los pequeños se chupaban los dedos con el arroz sancochado que les ofrecieron el día que llegamos a la comunidad. Era el manjar que no desaprovecharon, fue lo único que ese día recibieron. Pero a los líderes, les preocupan los niños que no van al kínder ni a la escuela, ellos no corren la misma suerte de estos pequeños y es donde se la tienen que ingeniar para darles algo que los sustente. “Aquí se sobrevive como se puede, son días difíciles y con la sequía no hay esperanzas de que en septiembre la situación mejore. Pero Dios no nos abandona”, dijo Catalina Martínez, una de las indígenas tolupanes.

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Enfermedades respiratorias las que mayor incidencia tienen en los niños menores de cinco años, reporta la unidad de salud.

Efectos colaterales

Sin duda, la precariedad alimentaria está minando la salud de los niños. El médico del centro de salud en San Juan le preocupa que en una semana el reporte de la muerte de dos niños menores de cinco años dispare las alertas sobre la incidencia que están teniendo las infecciones respiratorias.

Dato
Están organizados en 31 tribus que se asientan en serranías inhóspitas, adonde para acceder a servicios de salud tienen que recorrer largas distancias.

En esta unidad asistencial se atiende a vecinos de La Lima, El Aguacate, El Espino, Laguna Seca, San Juan, Las Brisas, Tamagasapa, Peña Blanca, Buenos Aires, Cedritos, Montenegro, Hierba Buena y Mariposa, quienes recorren de tres a cuatro horas a pie para recibir atención.

“El difícil acceso de los pobladores impide que lleguen rápido con los niños graves para recibir atención médica, y esta semana eso nos generó el reporte de dos muertes de niños por neumonía. Aquí no hay transporte, son condiciones difíciles las que enfrentan”, dijo Miguel Salinas, médico de la unida de salud.

Hace dos años se abrió otro centro en La Ceiba. Aquí dan atención a otra tribú que está a unos ocho kilómetros de San Juan. Esos dos centros asistenciales atienden a las cinco tribus que están en Orica, Francisco Morazán.

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Desnutrición. La mala alimentación está afectando a los niños en los tolupanes de la Montaña de La Flor.