Presidio sampedrano, el primero en ser cerrado

La clausura fue mediante decreto .

Hoy habrá un acto de sanación y esperanza en las afueras del inmueble,
Hoy habrá un acto de sanación y esperanza en las afueras del inmueble,

San Pedro Sula, Honduras.

Pasaban las once de la mañana cuando el pesado portón negro comenzó a cerrarse. El paso de los rodos sobre los rieles rechinaba, mientras los presentes, desde la calle, miraban atónitos el cartel de letras negras con la palabra cerrado que aparecía sobre la estructura.

Un candado y una gruesa cadena color plata de apariencia nueva contrastaba con lo viejo del portón simbolizando el acto de cierre del Centro Penal Sampedrano.

La historia de muerte, extorsión, tragedias, motines, asesinatos y corrupción acababa a esa hora y comenzaba otra: una de esperanza y sanación, pero también de perdón.

Por fin se cumplió la respuesta a uno de los más grandes clamores de los sampedranos: sacar el centro penal de la ciudad, y el 14 de octubre representará de aquí en adelante un antes y un después para la ciudad.

Un aplauso fuerte se escuchó cuando el portón terminó de cerrarse y todos trataban de retratar el momento con sus aparatos, otra muestra de que todo volvía a ser normal en esa zona porque hasta la señal de celular había regresado.

Recorrido.

Minutos antes, el presidente Juan Orlando Hernández acompañado de varios de sus ministros, el alcalde Armando Calidonio y funcionarios del Poder Judicial vistaron la cárcel ya vacía.

Los cuerpos de seguridad fueron los encargados de asegurarse de que el penal estaba completamente desalojado. El recorrido fue rápido pero suficiente para corroborar la situación. Paredes con agujeros, pedazos de colchones, restos de ropa y de zapatos se observaban por todos lados. También se respiraba todavía el olor a humo y sudor. Los 27 “hogares” que albergaban desde seis hasta 400 reos se veían vacíos y silenciosos.

Atrás quedó el bullicio del recinto , las ventas de comidas, las iglesias, los talleres, la enfermería, los cuartos conyugales y las otras áreas.

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Se cerró un capítulo negro para la ciudad de San Pedro Sula.

Esos espacios adonde por años se planificaron matanzas, extorsiones y hechos que enlutaron a familias dentro y fuera de la cárcel bautizada como “la universidad del crimen”.

Hoy quedan viejas paredes descoloridas que se convierten en mudos testigos del horror y la corrupción que ocurría; pero también de manos laboriosas que trabajaban en esos talleres para buscar la rehabilitación y la reinserción social.

La directora del Instituto Nacional Penitenciario, Rosa Gudiel, fue la encargada de leer el acuerdo de declaración de cierre del centro penal, que será publicado en La Gaceta.

Es el acuerdo 1-2017 y establece el cierre definitivo del centro penitenciario de San Pedro Sula, además de ordenar e instruir al director de la cárcel que con el apoyo de Fusina, personal operativo y administrativo de dicho centro haga el traslado de las personas privadas de libertad apegado a los derechos humanos y las garantías para su protección hacia los diferentes centros penitenciarios del país. También proteger los demás bienes y documentos que forman parte del patrimonio de la institución. El acuerdo también dice que se comunique a las autoridades judiciales los lugares adonde fueron trasladados los reos en su condición de procesados y condenados.

“El personal penitenciario administrativo, operativo y técnico que labora en dicho centro deberá integrarse a otros centros que determine la Dirección Nacional para que siga haciendo su función y fortalecer el sistema”, detalla el decreto de efecto inmediato.

Así con ese decreto y el cierre del portón negro, el penal pasó a ser historia. El comandante de Fusina, Raymel Fúnez Ponce, dijo “misión cumplida” al presidente Hernández y acto seguido entregó las llaves al Instituto Penitenciario.

“Doy gracias a Dios por permitirnos compartir este momento, hoy es un día especial. Por más de seis décadas este centro penal generó incertidumbre, miedo y terror”, expresó el Presidente.

Hemos podido ver videos, fotografías de lo sofisticado de las construcciones internas y hemos visto caletas, en el hogar 23, de las más sofisticadas con sensores, uso de electricidad, hidráulicos, y todo eso refleja la apatía, desidia y colusión de las autoridades que permitieron estas cosas. “En los centros penales ha habido piscinas, refrigeradoras, mesas de billar y celebraban todos los días a sus anchas, y eso es totalmente lo contrario de lo que el Estado dice cuando sanciona a alguien y debe estar privado de libertad y no puede estar con un sistema de respaldo para seguir delinquiendo desde las cárceles, eso es trágico”, aseguró Hernández.

Hoy es el momento de reflexionar y pensar por qué miles de emprendedores perdieron sus negocios, porque se los quitaban a través de extorsiones y asaltos, y eso no es justo para un pueblo. Miles de familias perdieron parientes, y es el momento de reflexionar que queremos para Honduras y que nunca más vuelva ocurrir que desde un centro penal se ordenen crímenes.

“No se puede permitir que los que estaban adentro en la cárcel definan lo que pasa afuera”. Había gente armada, se encontraron osamentas dentro de la cárcel, y eso es la degeneración de un Estado, y no debe volver a ocurrir”. El Presidente anunció que el próximo reclusorio en ser cerrado será el de Santa Bárbara, el más antiguo del país.

La Prensa