“Me metí en la revolución cubana, pero al año me salí porque vi que iba mal”

Mario Fumero dejó Cuba muy joven y después de vivir en EUA se vino a Honduras y aquí fundó en 1977 el Proyecto Victoria. Es acérrimo crítico de la doctrina de la prosperidad.

Tegucigalpa, Honduras.

El pastor Mario E. Fumero, licenciado en Teología, ha dedicado toda su vida en trabajar con drogadictos, alcohólicos y personas en riego social en Honduras, tiene un alma de hierro un carisma que lo caracteriza con ese don de gente para brindar ese apoyo que muchos necesitan cuando están en el abismo de las drogas, el alcohol y riesgo social.

Desde hace 40 años lidera una obra de Dios en el Proyecto Victoria. Fumero relató que participó activamente en la Revolución Cubana, pero después de un año decidió salirse por el rumbo que la llevaba Fidel Castro.

¿Dónde nació?

Nací en Cuba en 1941, hijo de padres españoles me crie en la isla hasta la edad de 19 años que salí de ella.

¿Por qué salió de Cuba?

Mis padres emigraron a los Estados Unidos exiliados en el gobierno de Batista, después me quedé con mi abuela y estuve metido en un seminario católico, me salí y me metí en la revolución y al año y medio me di cuenta que la cosa iba mal, me salí y me fui con mi padre y mi madre a Miami.

¿Dónde realizó sus estudios?

En Cuba estudié el bachillerato por Libre en Marianao y después cuando me fui a Miami, encontré a Jesucristo e ingresé a un seminario en Puerto Rico, me gradué de Teología, siempre seguí estudiando psicología pero por Libre.

¿Cuándo comenzó a trabajar en la reabilitación de jóvenes?

Empecé a trabajar con drogadictos en 1969 cuando estuve en Nueva York en un programa de rehabilitación con unos muchachos que consumían heroína.

¿Qué lo impulsó a fundar el Proyecto Victoria?

Me vine a Honduras a trabajar con las iglesias, después de trabajar con drogadictos en Nueva York, era tan duro y frustrante el trabajo, ahí me robaban hasta debajo de la cama y renuncié, eran bien violentos porque consumían heroína.

¿Cuál ha sido su trayectoria?

Me casé, me fui a Sudamérica, conocí a mi esposa en Chile y entonces nos vinimos a vivir a Honduras a trabajar con las iglesias, en ese entonces pensé que las iglesias no solo son para entretener personas en los cultos y los llevé a trabajar a las montañas para alfabetizar, ayudar a los campesinos, hacer letrinas, llevar la juventud y llevarlos a vivir el amor, pero era la época de la guerra fría y estaba el asunto de la revolución sandinista y salvadoreña; la Unión Soviética influenciaba, obvio, ser cubano y llevar a jóvenes a ayudar a los campesinos, me asociaron como comunista.

¿Cuándo comenzó a trabajar con jóvenes en Honduras?

A raíz de que me tildaron de comunista, las iglesias me excomulgaron y me quedé solo, yo vivía en la colonia Río Grande y unos hippies de esa colonia me invitaron a reuniones en la Kennedy y descubrí que consumían mucha droga, pero eran drogas blandas, no eran como ahora el LCD, floricunda, marihuana, y comencé a trabajar con ellos. Dios se manifestó, empezó un movimiento que se llamaba Brigadas de Amor Cristiano y los llevamos a los campos a ayudar a los campesinos.

¿Cuando formó su legado espiritual?

Yo comencé mi primera iglesia en la aldea El Rincón departamento de Valle y trabajamos con los campesinos y nacieron las brigadas, de ahí fundamos el local en la Kennedy y empezaron a llegar adictos de todas partes, de San Pedro Sula, de Colón de Comayagua.

¿Cuando nació Proyecto Victoria?

En el año de 1977 opté por comprar esta finca y fundamos el Proyecto Victoria, desde entonces estamos aquí luchando, sin embargo, en 1982 decidí viajar a España y dije que ya no voy a trabajar con drogadictos y cuando llegué a vivir a Córdoba los primeros que llegaron a mi casa fueron drogadictos y también terminé fundando centros de rehabilitación allá, porque el problema me sigue donde quiera que voy.

¿Qué gobierno le ha brindado más apoyo?

El gobierno que más me apoyó fue el de Carlos Flores Facussé. También tuvimos apoyo al principio –cuando fundamos el proyecto en 1977– por parte del gobierno militar que estaba en esa época. El ministro de Obras Públicas en ese entonces Mario Flores Theresín nos facilitó el equipo, nos abrió las calles y nos construyó el primer auditorio. En este tiempo, el único alcalde que nos ha apoyado, Nasry Tito Asfura, que nos proporcionó el techo de las canchas; la luz nos la instalaron en el año 90, a pesar de ello teníamos una planta eléctrica; después, en el gobierno de Reina no hubo nada de apoyo.

¿Qué valores le inculcan a los internos?

El principio del proyecto es evangelista, nosotros siempre tenemos al frente la palabra de Dios, los muchachos tienen que aprender valores, pero no les obligamos a abrazar ninguna religión, pero enseñamos valores concretos de la palabra porque si no hay una experiencia con Dios no hay un cambio, vienen de todas las religiones, incluso ateos. Nosotros no les imponemos más que el conocimiento de la palabra, pues hace mella en sus corazones y Dios empieza obrar en sus vida de una forma paulatina.

¿Qué capacidad tiene el proyecto?

Aquí pueden vivir 120 personas, cada persona tiene la posibilidad de permanecer 6 meses para su rehabilitación si éste reincide y vuelve al centro se toma como un retraso en su rehabilitación y se le brinda un programa doble de injerencia en todos los aspectos de la rehabilitación. Cada interno tiene solo tres oportunidades para reinsertarlo en la sociedad.

¿Qué obligaciones tiene cada interno?

Ellos entran voluntariamente y salen cuando ellos quieran, pero tienen que cumplir con actividades que se les programa para su salud mental y para contribuir con el mismo proyecto, y tratamos de convencer a los que se quieren salir, hay policías en la entrada para resguardar a los internos y que no entre nadie que les quiera hacer daño, pero no para evitar que salgan porque muchos están amenazados de muerte por las maras.

¿El Proyecto les cobra a los internos?

Nosotros no les exigimos nada, todo es voluntario, trabajamos con un ingreso de millón y medio que nos da el Gobierno para el mantenimiento de esta gran obra de amor, pero no nos damos abasto, las familias aportan para mantener a la persona que tienen en el centro.

¿Qué opina de los Derechos Humanos?

Solo diré que si no obstaculizaran con su intervención no tuviéramos tanta inseguridad, tanta maldad ni tanto problema de maras y criminalidad ellos defienden a los que matan inocentes.

La Prensa