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Hondureños corren para evitar el muro de Trump

Todos los días llegan grupos de emigrantes a la terminal de buses de Tecún Umán, Guatemala. Cruzan en balsas o caminando el fronterizo río Suchiate.

Los migrantes apresuran su paso antes que Trump levante el muro que prometió. Fotos: Yoseph Amaya
Los migrantes apresuran su paso antes que Trump levante el muro que prometió. Fotos: Yoseph Amaya

Tecún Umán, Guatemala.

De prisa, porque creen que están contra el tiempo, centenares de hondureños penetran todos los días la frontera entre Guatemala y México para, luego, entrar a Estados Unidos antes de que el presidente Donald Trump ordene la construcción del muro antiinmigrantes.

Solitarios o en grupos, los hondureños llegan hasta esta ciudad fronteriza, donde hay tráfico de personas y drogas, con el fin de iniciar un calvario que puede tener un desenlace victorioso en las tierras de Tío Sam o fatal en territorio mexicano.

Aunque no es un éxodo masivo, no hay un día que no llegue un hondureño a la terminal de autobuses de Tecún, busque apoyo en la Casa del Migrante o continúe la ruta sin perder más tiempo.

Periodistas de LA PRENSA, durante un recorrido realizado por Tecún, Guatemala, y Ciudad Hidalgo, México, constataron que hondureños, de todas las edades, todos los días están cruzando el río Suchiate, que sirve de frontera entre estos dos países. Tecún es un punto clave para un emigrante de cualquier nacionalidad. Aquí puede, según sus condiciones económicas o respaldo familiar, comenzar la peligrosa travesía rifando su vida, al viajar sin un guía, o dejándola a merced de un coyote que, a la postre, en el trayecto, podría convertirse en su verdugo o secuestrador.

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El río Suchiate divide, con más de 75 kilómetros, parte de la frontera entre Guatemala y México.

Esperando

Manuel Antonio Ramírez, un hondureño de 52 años, minutos después de que Trump asumiera el poder esperaba en Tecún a otros amigos para ayudarles a llegar a Estados Unidos “antes de que se complique todo”.

“La gente está viajando porque las cosas se podrían poner peor si Trump construye el muro”, dijo Ramírez en una entrevista realizada en el parque central de Tecún.

Ramírez, quien ha viajado 12 veces “mojado” a EUA, tenía previsto cruzar caminando el río Suchiate el viernes anterior cuando Trump rindió su juramento como presidente. “La primera vez que viajé fue en 1996, aquí tomé el tren, aquí en Tecún. Ahora hay que ir a Arriaga para tomarlo. Las cosas están cambiando y se están poniendo más difíciles”, expresó.

Mientras Ramírez aguardaba en el parque central, cuatro jóvenes menores de 18 años (tres originarios de Comayagua y una muchacha garífuna) estaban acostados en la playa del río esperando la madrugada. “Yo también soy de Honduras y solo vine por ellos. Los voy a llevar hasta Tijuana; vamos a salir de aquí como a las 4:30 de la mañana”, manifestó un joven de tez trigueña, de brazos tapizados de tatuajes y contextura delgada.

En estos días, por la escasez de lluvias en la zona, el caudal del río ha bajado a niveles históricos, por ello los emigrantes pueden cruzar caminando (el agua llega a las rodillas en algunos puntos) o en balsas armadas con tablas y neumáticos.

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Los hondureños, después de llegar a la terminal de buses de Tecún Umán, caminan o viajan en triciclos al río Suchiate. Este lo pueden cruzar en balsas armados con tablas y neumáticos o caminando. Prefieren cruzar el río en horas de la madrugada cuando hay menos autoridades vigilando en el lado de Ciudad Hidaldo.

Los camareros, como se autodenominan los dueños o pilotos de las balsas, cobran mínimo un dólar por trasladar a un emigrante.

Las autoridades de Guatemala desconocen la cantidad de emigrantes que atraviesan el río, incluso, en pleno día porque no hay vigilancia de ninguno de los dos países.

Sin embargo, registran una circulación mensual de entre 80 y 100 hondureños que portan visa. Estos sí agotan los trámites migratorios en las delegaciones instaladas en los extremos del puente que conecta a las dos ciudades.

“Al mes pasan por aquí legalmente muchos hondureños porque están casados con mexicanos; las otras personas, que no tienen papeles, cruzan por los puntos ciegos del río”, comentó Héctor Castillo, jefe de delegados en la aduana guatemalteca en Tecún Umán.

Para los hondureños que viajan sin dinero llegar a esta ciudad, vigilada por una red de cámaras de seguridad, es una gran ganancia. Algunos arriban en buses, que llegan desde Honduras o desde la capital guatemalteca; otros llegan exhaustos después de varios días de caminata o de viajar a jalón en carros particulares o en camiones.

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La Casa del Migrante de los misioneros de San Carlos Scalabrinianos, en la capital guatemalteca, por ejemplo, atendió el año pasado a 765 hondureños que llegaron en búsqueda de hospedaje y alimentación.

“Aquí han venido muchos hondureños que han salido de sus casas huyendo de los peligros. Vienen sin dinero y nosotros los apoyamos para que puedan continuar con su viaje”, manifestó Samuel Gaitán, coordinador de la Casa del Migrante.

Periodistas de LA PRENSA observaron que a Tecún Umán llegan en autobuses no solo jóvenes, sino también madres solas con sus hijos. Así como muchos van hacia el norte, muchos son devueltas desde México.

“Hace ocho días, a mí y a algunos hondureños nos agarraron en Amatlán”, dijo Walter López Más (25 años), un guatemalteco deportado.