Aprende a proteger a tus hijos de los conflictos paternos  

Los progenitores deben dejar a un lado la frustración y recordar que parte fundamental de su labor es proteger al pequeño de conflictos que no le son propios.

SAN PEDRO SULA.

Casi todas las parejas se enfrentan, en un momento u otro de la relación, a una manifiesta falta de recursos y habilidades para gestionar sus conflictos.

Por eso, algunas parejas no encuentran el modo de abordar con éxito sus divergencias y, sin embargo, permanecen juntas más tiempo del que hubiesen deseado, a pesar de la falta de armonía y de la tensión existente entre ambos.

Muchas de estas parejas, al sentirse desbordadas y confundidas por las dificultades que experimentan en esos dolorosos momentos, abren su relación, su conflicto, a terceras personas, fundamentalmente a los hijos, convirtiéndolos en parte activa de una dinámica conflictiva que no les corresponde. De esta forma, un problema que atañe exclusivamente a los dos, a la pareja, se hace extensible a la tríada que forma la pareja y el hijo.

¿Qué es la triangulación de un conflicto?
Se trata de una situación en la que los padres intentan ganar, contra el otro progenitor, el cariño de su hijo. Es una forma de enfrentamiento en la que cada miembro de la pareja busca soporte en los hijos, como el náufrago que busca un salvavidas al que aferrarse.

El mal momento que están pasando les impide ser conscientes de las implicaciones, a veces muy graves, que su conducta tiene para la tercera persona implicada, sobre todo cuando se trata de un hijo, sometido a una intensa lucha de lealtades. En estos casos, decimos que la pareja ha “triangulado” al hijo, lo cual puede llegar a dificultar de forma importante su desarrollo emocional.

La triangulación es una experiencia muy compleja y difícil, especialmente cuando el hijo es de corta edad, pues a menor edad, menores son también los recursos para sostener la tensión psicológica que le produce esta situación.

Un hijo necesita a ambos progenitores en la misma medida y, cuando se ve implicado en el malestar de cada uno de ellos, experimenta una intensa ambivalencia, ya que quiere y teme, en la misma proporción, ayudarles. El temor se despierta cuando intuye que el apoyo a uno de los dos le puede llevar, irremisiblemente, a perder al otro.

En algunas triangulaciones, uno de los progenitores puede insistir tanto en el hecho de que el padre o la madre no cumple adecuadamente con su rol que el hijo termina por asumir las funciones del progenitor cuestionado. Es así como el hijo se involucra, adoptando un rol protector con el progenitor que hace de víctima y rechazando al otro.

Se establece entonces una coalición, una proximidad de afectos e intereses con uno de los padres y en contra del otro.

¿Cómo dejar de poner a los hijos en medio del conflicto?
Es muy importante tener en cuenta que la paternidad –el acto de cuidar, educar y, en definitiva, amar a un hijo– implica ser capaz de protegerlo de los conflictos que no le son propios; estar dispuesto, cada vez que miremos al niño a los ojos, a dejar de lado la frustración que se pueda sentir con la pareja.

Si somos fieles a esta actitud, con el tiempo conseguiremos que nuestros hijos sean capaces de reconocernos y agradecernos el hecho de haber sabido protegerlos de una experiencia tan estresante como la que se produce en la triangulación.

La Prensa