Aprende a lidiar con la conducta explosiva de un niño  

Cómo responder cuando un niño arremete con violencia.

SAN PEDRO SULA.

Cuando un niño, incluso un niño pequeño, pierde el control y se vuelve agresivo, puede plantear un riesgo grave para sí mismo y para otros, incluyendo a los padres y hermanos.

No es raro que los niños que tienen problemas para manejar sus emociones pierdan el control y dirijan su angustia a un cuidador, gritando y maldiciendo, lanzando objetos peligrosos o golpeando y mordiendo.

Puede ser una experiencia aterradora y estresante para usted y también para su hijo. Los niños suelen sentirse apenados después que se han agotado y calmado.

Así que, ¿qué debe hacer usted?
Es de utilidad entender primero que el comportamiento es una forma de comunicación. Un niño que está tan abrumado que arremete con violencia es un niño angustiado. No tiene la habilidad para manejar sus sentimientos y expresarlos de forma más madura. Puede que le falten habilidades verbales, o de control de impulsos, o de solución de problemas.

Los padres algunas veces ven este tipo de comportamiento como manipulador. Pero los niños que arremeten con violencia suelen ser incapaces de manejar la frustración o la ira de manera más efectiva; es decir, hablando y resolviendo cómo alcanzar lo que quieren.

Sin embargo, la forma en que usted reacciona cuando un niño arremete con violencia tiene un efecto en si él continuará respondiendo a la angustia de la misma manera o aprenderá mejores formas de manejar sus sentimientos de manera que no se vuelvan abrumadores. Algunos consejos prácticos:

-Mantenga la calma. Ante un niño iracundo, es fácil sentirse fuera de control y encontrarse gritándole a él. Pero cuando usted grita, tiene menos posibilidad de llegarle a él. En cambio, solo lo estará poniendo más agresivo y desafiante. Tan difícil como pueda ser, si se mantiene calmado y en control de sus propias emociones, puede ser un modelo para su hijo y enseñarle a hacer lo mismo.

-No se dé por vencido. No le aliente a seguir este comportamiento al aceptar lo que él quiere para hacer que se detenga.

-Elogie el comportamiento apropiado. Cuando él se haya calmado, elógiele por recobrar la compostura. Y cuando él trate de expresar sus sentimientos de forma verbal y calmada, o trate de llegar a un acuerdo en un área de discrepancia, elógiele por esos esfuerzos.

-Ayúdele a practicar las habilidades para solucionar problemas. Cuando su hijo no esté angustiado, es el momento para ayudarle a que pruebe cómo comunicar sus sentimientos y cómo proponer soluciones a conflictos antes de que se intensifiquen en estallidos agresivos.

-Puede preguntarle cómo se siente y cómo piensa que podría solucionar un problema.

-Sistemas de time-outs (tiempo de reflexión) y de recompensas. Los time-outs para el mal comportamiento no violento pueden funcionar bien en niños menores de 7 u 8 años de edad. Si un niño es demasiado mayor para los time-outs, usted querrá pasar a un sistema de refuerzo positivo por la conducta apropiada —puntos o fichas para algo que él quiere.

-Evite los desencadenantes. El Dr. Vasco Lopes, psicólogo clínico, dice que en la mayoría de los niños que tienen crisis emocionales frecuentes, estas suceden en momentos predecibles, como a la hora de las tareas, de acostarse, o cuando es el momento de dejar de jugar, bien si es con Lego o Xbox.

El desencadenante suele ser el que se le pida hacer algo que no les gusta o que dejen de hacer algo que sí les gusta. Las advertencias de tiempo (“nos vamos en 10 minutos”), dividir las tareas en instrucciones de un paso (“primero, ponte los zapatos”), y la preparación del niño para situaciones (“por favor, discúlpate antes de levantarte de la mesa de la abuela”) pueden ayudar a evitar las crisis emocionales.

La Prensa