Errores que debes evitar en la educación de tu hijo adolescente

Son fallos recurrentes que dificultan la convivencia.

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SAN PEDRO SULA.

La adolescencia es una etapa compleja de la vida, tanto para el hijo, como para sus padres y la familia al completo. Es un periodo lleno de cambios físicos, psíquicos y emocionales en los que el niño sigue necesitando de sus padres, aunque a veces exprese lo contrario.

Es momento de recoger los frutos de la educación durante la infancia y también de seguir acompañándolo, evitando ciertas actitudes que hacen más difícil la convivencia. Estos son ocho de esos errores:

1. No tener una comunicación fluida
La comunicación con el adolescente es tan necesaria como difícil. Pero no por eso hay que tirar la toalla. Viven en un mundo interior convulso y han de sentir que pueden compartirlo con sus progenitores.

Para mejorar esa comunicación y que sea fluida crea un clima favorable de confianza y espacios que favorezcan la comunicación, estableciendo rutinas comunicativas, ser respetuosos, utilizar la crítica constructiva, no aconsejar con tu ejemplo juvenil, no gritar, no comparar y mostrar interés por sus cosas. Además, gestionar las propias emociones como padres antes de hablar para poder luego validar lo que está sintiendo el hijo. Hay que pararse a su lado y escucharlo con serenidad, poniéndolo en el centro.

2. Perder su confianza
Durante la infancia, los padres se convierten en héroes para sus hijos, pero el desencanto hacia los progenitores puede llegar en la adolescencia, especialmente si pierden la confianza. Esa confianza es clave pues facilita e impulsa las relaciones familiares. Una relación basada en la confianza necesita "ajustar las expectativas hacia el hijo, revisar nuestro nivel de control y aceptar los errores".

El adolescente perderá la confianza en sus padres si caen en estos fallos: "No dejarles elegir por sí mismos, no creer en ellos, utilizar la crítica para hablar con ellos, no dejar que se equivoquen, juzgarlos, no escucharlos, no empatizar con ellos, mintiéndoles...".

3. Ser autoritarios o demasiado permisivos
Es muy probable que en esta etapa, el hijo adolescente tenga una serie de conductas que no sean del agrado de los padres; está explorando el mundo y está probándose a sí mismo en un entorno que es completamente nuevo para él porque ha dejado de ser el niño que tenía seguridad.

Es difícil encontrar el punto exacto entre el autoritarismo y la permisividad, pero es lo mejor para ellos. "La relación con el adolescente no puede ser ni demasiado tensa ni demasiado laxa. A menudo conviene llegar a acuerdos donde exigimos algo y cedemos también algo".

¿Esto significa dejar los límites a un lado? No, en absoluto. "Los jóvenes nos piden a gritos que les pongamos límites porque es señal de que nos importan y nos preocupamos por ellos, y cuando no lo hacemos estamos evitando una formación imprescindible para desenvolverse en la vida". "La autoridad es compatible con la prudencia, la cordura y las caricias. Tenemos que ser capaces de tomar nuestro lugar de madres y padres y ejercer nuestras funciones con determinación".

4. Mostrarse inseguros con respecto a las normas
"El adolescente no sabe cómo acabará su historia, vive en intriga. Y si nos ven angustiados no sabrán quién les ayudará en este mundo", destaca la coach. "Es mejor que nos encuentren serenos, para poder acompañarlos".

Los padres han de mostrarse seguros con respecto a las decisiones que tomen en la crianza de sus hijos adolescentes. "Es un error pensar que es necesario negociar constantemente y convencerlos de todo. Los niños deben ejercitarse en la elección, la justificación de la misma y el mantenimiento de dicha elección con todas sus consecuencias, pero deben hacerlo progresivamente".

5. Intentar convertirse en amigo de los hijos
Acercarse a los hijos adolescentes y a sus intereses, tener complicidad con ellos y una buena comunicación no supone, ni de lejos, ejercer el rol de amigos. "No podemos ser amigos de nuestros hijos porque se quedarían huérfanos". "Los hijos necesitan a partes iguales amor y límites y si somos amigos nos faltarían los límites tan necesarios para su correcto desarrollo y evolución".

Así, los padres deben tomar su lugar de padres, ejercer sin miedo sus funciones, "y hacerlo de manera clara, sin perdernos en discursos demasiado largos e imprecisos, aunque también con amor". "Aunque no sea amiga de mi hijo, procuro tratarlo con el respeto, la consideración y el cariño con el que trato a mis mejores amigos. Amigos tiene varios y madre solo me tiene a mí".

6. Sobreprotegerlos sin dejarlos crecer
La sobreprotección es un gran escollo para que los hijos se desarrollen de la mejor forma. Como padres puede surgir la tentación de resolverles todos los problemas, indicarles el camino adecuado, corregirles antes de que sea necesario... pero eso les impide crecer. "En esta etapa, el adolescente se esta haciengo cargo del mundo, y si él no se enfrenta a los problemas está alargando la infancia".

"Siempre veremos a nuestros hijos más pequeños, más indefensos, más frágiles de lo que son. Siempre pensaremos que su tiempo es más peligroso de lo que fue el nuestro. Lo importante es prepararlos para el tiempo que les ha tocado vivir". En este sentido hay que dejar que los hijos se equivoquen, pero a la vez ayudarles a aprender de esos errores.

7. Hacer juicios sobre ellos o sobre sus amigos
Todas las etapas son distintas y todos los jóvenes y adolescentes han roto, de alguna forma, con el pasado. Por eso no es bueno mirar el tiempo que les ha tocado vivir con una óptica de otro momento.

Los hijos no aceptan bien los juicios hacia su forma de ser y tampoco hacia la de sus amigos. Hacerlo es un error que aleja a las dos generaciones. "Los hijos no son una copia de nosotros, tienen vida propia y deben tener autonomía y seguir sus propios criterios. También asumir sus errores y celebrar su aciertos. Aceptar esto como padres no es fácil, pero conviene tenerlo en cuenta".

Además, los padres tienen otra misión importante: "Hay que ayudar a los adolescentes a descubrir todo lo buenos que son. Educar es acompañar y también en la adolescencia. También es acoger, mostrar y aprender a escuchar".

8. Ofrecer consejos cuando no los piden
Los adolescentes siguen aprendiendo de los padres, aunque les cueste reconocerlo. Pero la manera de acercarse a ellos es muy importante. No vale cualquiera. Lo más probable es que se cierren en banda ante una charla recriminatoria o ante consejos que no han pedido. El adolescente debe caerse y aprender a levantarse por sí mismo.

Esto no significa dejarlos totalmente, sino acompañarlos de la manera adecuada. "Recomienda divertirse juntos, hablar y, sobre todo, escuchar sin juzgar. Hay que crear un ambiente favorable a las conversaciones francas. Se trata de estar tranquilos y hablar de todo, y no los interrogatorios o charlas de circunstancias".

Hay que educarlos para que sean autónomos y críticos, para que puedan pensar y descubrir el mundo en el que se mueven, dejándolos que sean ellos mismos y dándoles las armas para que, si se equivocan, puedan aprender de ese error. La educación de una adolescente puede resultar un reto muy difícil, también puede ser apasionante.

La Prensa