Las consecuencias de meter miedos a los niños

Los «sustos» no mejoran el comportamiento de los menores, solo es un placebo momentáneo que puede desatar agresividad o complejos posteriores.

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SAN PEDRO SULA.

En muchas ocasiones los adultos usan estrategias para asegurarse de que los niños se porten bien, se coman toda la comida y hagan sus deberes sin quejas.

Estas tácticas suelen incluir amenazas hasta ahora consideradas «inocentes» en las que se les dice a los menores que se los va a llevar el «coco» si no se portan bien, o que les vendrá a busca la policía. También se puede escuchar que alguna bruja anda vigilando que no se dejen nada en el plato o de lo contrario les meterá en la olla.

La mayoría de las personas utilizan estos argumentos con la sana finalidad de lograr un mejor comportamiento en sus pequeños y conseguir sus objetivos, pero para los profesionales de la salud mental y el comportamiento no resulta ser el mejor modelo para educar, en especial en los más pequeños, quienes antes de los seis años no desarrollan su capacidad de diferenciar entre lo que es real y lo que no. Si se les dice que estas cosas existen de verdad, luego será más difícil sacar esas ideas y miedos de su cabeza.

La psicóloga y experta en terapia infanto-juvenil del Centro Raíces Psicología Infantil, Verónica Pérez Ruano, desaconseja que se amenace a los niños y que se les haga sentir miedo para «controlar su comportamiento», algo que además de considerar «cruel» asegura que «puede acarrear consecuencias importantes».

«Si amenazamos a los niños con figuras cotidianas como el médico o la policía, será muy probable que quiera huir cuando vea a un agente de seguridad por la calle o que no quiera ir al centro médico cuando se sienta mal, ya que pensará que le pueden hacer algo malo», apunta la profesional.

Baja autoestima
Las mayores consecuencias de inducir temores en los niños en forma de amenaza se dan en su desarrollo emocional, pero si se habla de su desarrollo social, los psicólogos han observado que los niños con mayores temores tienen más dificultad para separarse de sus padres, para quedarse en el colegio o con otros familiares. Pérez Ruano apunta que «son niños a los que les cuesta más explorar el mundo que les rodea, que necesitan más acompañamiento para tener seguridad y que pueden tener posteriormente problemas de autoestima».

Además, es más probable que los menores tengan pesadillas y peores estrategias a la hora de afrontar las dificultades, ya que el miedo bloquea el aprendizaje. «Cuando un niño siente miedo, ya no hay aprendizaje, solo quiere que no ocurra ese peligro al que piensa que está expuesto, por lo tanto su sistema nervioso central está alerta y se encuentra activado el sistema nervioso simpático, por lo que es imposible que se produzca el aprendizaje», según los expertos del Centro Raíces Psicología Infantil .

Si se utiliza el miedo como herramienta de control se les enseña a evitar un peligro, pero no a realizar hechos cotidianos de su día a día, como comer, bañarse, dormir, etc. Los profesionales aseguran que «solo estaremos amenazándoles y consiguiendo que hagan sus tareas por temor a las consecuencias, pero no existe un verdadero aprendizaje».

Los principales miedos
Los pánicos más habituales van cambiando con la edad, los más frecuentes suelen ser los animales, la oscuridad, la sangre, las inyecciones, hacerse daño, estar solos, separarse de sus figuras de apego y la muerte.

Para ayudarles a superar con éxito sus temores, los profesionales de la salud mental sugieren que lo primero es «hacerles sentir protegidos, que nos sientan como figuras de seguridad, que cuidaremos de ellos y que no les ocurrirá nada malo».

Pero, si al contrario, «nosotros mismos con nuestras amenazas somos los que provocamos este miedo, será muy difícil que podamos calmarles después», explica la educadora social Verónica Pérez Ruano.

Hay algunos adultos que llevan la situación más allá y les amenazan con pegarles o echarles de casa. Para la experta «esto directamente podría considerarse maltrato. Si estas amenazas fueran vertidas hacia un adulto estaríamos ante un hecho denunciable, no tiene por qué ser diferente si estamos hablando de la infancia».

Ningún niño se portará mejor si le hacen sentir peor
La educación es un proceso que dura toda la vida, pero especialmente en la infancia tiene una importancia tremenda ya que se están asentando las bases para el resto de su vida. Por ello es tan importante que sientan el mundo como un lugar seguro en el que poder desarrollarse, «no es adecuado hacerles sentir que el mundo es un lugar peligroso para controlar su comportamiento», explica la psicóloga.

Como alternativas a esta educación basada en el miedo sería recomendable explicarle las consecuencias de sus actos, por qué es recomendable que recoja su habitación, termine sus tareas o ayude en casa. «Estamos educando a otro ser humano y la verdadera educación es acompañar al niño mientras descubre el mundo, adaptándonos a su momento evolutivo y ayudándole a entender cosas que todavía no puede hacer completamente por sí mismo», sugiere Pérez Ruano.

¿Qué se les acoseja a los padres?
Hasta los 5 años aproximadamente a los niños les cuesta mucho distinguir la realidad de la fantasía. Si se le habla del hombre del saco, cree que existe realmente y será muy difícil que después se le diga que no se preocupe, que no es algo real. Los expertos indican que «es recomendable no confundir su mente mezclando realidad con fantasía, ya que les confundirá mucho, además de que los posibles temores a los que le enfrentemos le desbordarán».

A partir de los 6 años ya tienen una mayor capacidad para distinguir la realidad de la fantasía, pero esto no significa que dejen de sentir miedo. «Su imaginación en esta edad es desbordante y, aunque puedan saber que los monstruos no son reales, pueden sentir miedo si les hemos amenazado con que vendrían a por ellos», concluye la piscóloga.

La Prensa