La danza: alimento para el cerebro de los niños

El baile artístico se ha convertido en la nueva esperanza para conectar física y mentalmente a muchos niños y jóvenes.

SAN PEDRO SULA.

La pandemia del covid-19 ha provocado un sinnúmero de cambios en la práctica de deportes y ocupaciones de los niños y jóvenes hoy en día, pero eso no implica el abandonarlas o posponerlas, ya que desde casa los padres pueden contribuir para que sus hijos las ejecuten sin ningún problema.

Búsqueles rutinas y actividades acordes a la edad de ellos, para seguir estimulando y aumentando el número de conexiones neuronales en los niños y adolescentes, ya sea de forma recreativa o estratégica. Puesto que al estar activos se vuelven más inteligentes porque sus neuronas brillan y se conectan, asegura la psicóloga y maestra de Ballet Ezel Úbeda.

“La plasticidad que tienen las conexiones en las etapas del desarrollo cerebral de los niños, es la condición ideal para potenciar las habilidades de nuestros hijos”, manifiesta Úbeda.

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Para inscripciones en danza online puede llamar al 9567-1049 o escribir a las páginas en Instagram @ubedanza, @P.I.A
@danzaterapiahn.

Es por eso que ella como profesional recomienda el área de la danza para realizar y practicar algunas actividades que pueden ejecutar los infantes y adolescentes en la actualidad para que el desarrollo de su cerebro se dé a un nivel más elevado.

Puesto que cualquier pensamiento, movimiento, sensación o emoción es un impulso eléctrico que atraviesa una neurona y la transfiere en energía, al dispararse juntos, se conectan y eso aporta a nuestra percepción, comprensión y memoria.

“Cada vez que se repite un patrón se dispara una emoción, una memoria, un pensamiento, un tipo de aprendizaje”, dice.

“Por lo tanto, cada vez que aprendemos un baile o estilo de danza estamos aprendiendo nuevos patrones”, manifiesta la profesional.

Según Úbeda, la danza es un lenguaje cerebral, compuesto de gestos, movimientos, gramática del movimiento y significados, y es por eso que sus hijos deben practicarla.

La Prensa