"No se calcularon las consecuencias de la guerra": Historiador salvadoreño a LA PRENSA

Adolfo Bonilla atribuyó gran parte del origen de la guerra contra Honduras, a una "inmadurez política".

Historiador y docente, miembro del Centro Nacional de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades.
Historiador y docente, miembro del Centro Nacional de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades.

San Pedro Sula, Cortés.

Adolfo Bonilla, reconocido historiador y filósofo del El Salvador, fue entrevistado por LA PRENSA para conversar sobre la guerra entre su país y Honduras, registrada hace 50 años.

"La guerra contra Honduras la miramos como un desastre porque afectó la economía de Centroamérica, el ambiente político se fue radicalizando y dio pie a la guerra civil en El Salvador, que alcanzó su apogeo en los años 80", expresó.

Bonilla apuntó que existe un libro escrito por el salvadoreño Carlos Pérez Pineda, el cual analiza el meollo de la determinación de lanzar una guerra con la que se buscaba negociar con Honduras, cosa que no se dio. "No se calcularon las consecuencias, la decisión de esa guerra fue un error estratégico del presidente Sánchez Hernández y de su Gobierno", dijo.

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Bonilla añadió en la entrevista que de momento no se sabe si hubo posibilidades diplomáticas para resolver el conflicto, y en un contexto más amplio, considera que la época del presidente Osorio, Julio Alberto Rivera y Sánchez Hernández, fue dorada, ya que había una industrialización importante y donde quizá por primera vez El Salvador y el resto de Centroamérica pudieron tener un proyecto económico relevante.

El historiador remarcó que la guerra contra Honduras se puede ver como un traste al proyecto de integración económica y política de Centroamérica, que tarde o temprano pudo llevado a la reunificación, el gran sueño que ahora no es posible.

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Obras publicadas en el exterior y que hablan con amplitud todo lo ocurrido en la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969.

"Desde El Salvador vemos que hubo mucho nacionalismo absurdo, donde los mismos universitarios se ofrecieron para ir a la guerra, eso fue un error porque los centroamericanos en lugar de pelear, nos hubiéramos fortalecido para lograr un desarrollo rápido", dice Bonilla.

Para este connotado filósofo, hubo demasiada inmadurez política y califica la guerra como "desastroza", desde El Salvador y como gremio de historiadores lamentamos profundamente lo ocurrido, ya que separó a dos pueblos que se quieren mucho y son los más similares de la región", concluyó.

-Una guerra que marcó a Honduras y El Salvador-

Las tensiones venían aumentando desde abril de 1969 por la expulsión de miles de salvadoreños que se habían instalado en Honduras a trabajar tierras, en medio del reclamo de una reforma agraria por parte de campesinos hondureños.

La confrontación armada coincidió con encuentros de las selecciones de ambos países para el Mundial México-70, por lo que la prensa la bautizó como la "Guerra del Fútbol".

El conflicto armado provocó el éxodo de civiles, la pérdida de cultivos, la ruptura del Mercado Común Centroamericano y separó familias que, dependiendo de la nacionalidad del padre o la madre, quedaron de un lado u otro de la frontera.

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Las Fuerzas Armadas de Honduras carecían del equipo ideal para contrarrestar el ataque de los salvadoreños.

El alcalde de Nueva Ocotepeque, Israel Aguilar, de 54 años, rememora que con su familia sufrió el impacto de la guerra, soportando hambre al huir de la ciudad por caminos sinuosos para salvaguardar sus vidas.

-Quedaron como héroes-

Para recordar la memoria de sus militares caídos en la batalla de 1969, en el denominado Centro Histórico El Ticante de Ocotepeque, el Ejército de Honduras levantó un monumento que muestra en un pedestal a un soldado empuñando un fusil.

En una placa se lee: "Homenaje a los héroes militares y civiles que en julio de 1969 ofrendaron su vida defendiendo la integridad del patrio suelo y la pureza de nuestro pabellón".

Como testigo de aquel combate, en una placa figuran los nombres de 17 efectivos, entre ellos siete miembros de la Guardia de Honor Presidencial de Tegucigalpa que llegaron a contener el avance salvadoreño.