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“O pagan o se mueren”, advierten maras a transportistas

<p>Apenas 262 denuncias de extorsión ha recibido la DNIC en 2012.</p>

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Perdieron la cuenta del número de motoristas y cobradores que han muerto en la guerra que las pandillas han abierto contra el transporte urbano e interurbano.

“Pagás o te morís” es la expresión que usan para presionar. Así de claras son las advertencias que lanzan los mareros que controlan MS cobra el impuesto; ahora la pandilla 18 también exige el pago del impuesto en territorios dominados por la MS”, dijo un agente. A la 18, aseguran las víctimas que denuncian, no le importa si ya le pagan a otra mara, lo que quieren es recibir también la cuota diaria para dejarlos trabajar sin problemas.

“Me atacaron”

El relato de un transportista sampedrano revela cómo se vio obligado a ceder a las exigencias de los extorsionadores, que atacaron su casa y lo amenazaron con matarlo si no pagaba la cuota que le impusieron.
“Recibí una llamada telefónica en mi celular. Una voz masculina me comunicó que sabía de mis negocios y conocía a mi esposa y a mis hijos y, si quería protegerlos, tenía que entregarle 100 lempiras diarios.

Pensé que era una broma de mal gusto que me estaba gastando algún amigo y por eso no hice caso de las advertencias.


Al siguiente día se repitieron las llamadas, pero la voz ya no era tan amable como al principio, sino más seria y amenazante.

‘Si los querés vivos, es mejor que le perdás el amor al dinero, pues de lo contrario te vas a arrepentir toda la vida’, me dijo el hombre”.

Las llamadas siguieron a la misma hora. El hombre estaba cada vez más enojado. “No reaccioné hasta que me llamó mi padre y me dijo que hacía minutos habían disparado tres veces con arma de fuego contra la casa.
Las balas atravesaron la puerta de la casa y dañaron el techo de láminas de zinc. Entonces me puse muy nervioso. Fui a ver lo que había pasado y denuncié. Pero una hora después me volvieron a llamar y me dijeron: ‘La próxima vez te vamos a matar’. Le pedí que me hiciera una rebaja y me dijo que no. ‘O pagás o te morís’, me dijo. Entonces accedí”, cuenta “Alberto”, una de las víctimas de la extorsión.

Impotentes

La única pista de los investigadores para dar seguimiento a las pocas denuncias interpuestas en la DNIC es el número de teléfono desde el que son amenazados. Pero para establecer el cruce telefónico que los lleve a la identidad de las personas que extorsionan deben esperar dos meses.

“Si tuviéramos la información inmediata, actuaríamos, pero las empresas de telefonía procesan en dos meses cada solicitud que enviamos para tener el vaciado telefónico.

Cuando la información nos llega, está desfasada. Los delincuentes ya no usan el chip y eso no permite establecer el cruce telefónico inmediatamente para identificarlos. Hay personas que hasta en cinco ocasiones denuncian las amenazas por la exigencia del pago y cuando a los dos meses llegamos porque la empresa de telefonía nos envió la información, nos encontramos con que el denunciante fue asesinado”, expresó el investigador de la DNIC.

Sin castigo

Algo que sorprende a los propios investigadores es que, a pesar de sus esfuerzos por detener a los implicados en extorsiones, más tardan ellos en capturarlos que los jueces en dejarlos libres.

En los últimos dos meses, de todas las bandas detenidas en Chamelecón, Choloma, La Lima y El Progreso, a ninguno se le ha dictado ni siquiera detención judicial, a pesar de que los agentes y fiscales aseguran que los casos son remitidos con todas las pruebas que sustentan el ilícito.

“No nos explicamos qué está pasando o cómo los jueces valoran las pruebas acreditadas en la comisión del delito. Porque sorprende que, de todos los casos que hemos remitido, a ninguno se le dictó ni detención judicial. A las 24 horas van libres.

Pero no desmayamos, seguimos trabajando para detener a los que están tras las extorsiones”, afirmó el agente de la DNIC. Los menores detenidos en la ejecución del delito son enviados a centros de rehabilitación en San Pedro Sula y Tegucigalpa, de donde muchas veces escapan y reinciden.

Los cobros

Los pandilleros tienen un listado de los buses, negocios y casas con los montos que deben cobrar de acuerdo con lo pactado. Hay un día destinado para cada sector. A veces, los propios integrantes de maras y pandillas o niños de escuelas o colegios recogen el dinero del impuesto de guerra.

En un seguimiento que las autoridades les hicieron a pandilleros en La Pradera se observó el momento en que los mareros se desplazaban para llegar a pulperías, bodegas, talleres de soldadura, ebanistería y mecánica a cobrar el impuesto de guerra.

“Las extorsiones van en aumento. Es un gran problema al que nos enfrentamos. Los pagos son semanales, quincenales y diarios. Las maras tienen un calendario donde se distribuyen días y horas en que pasan recolectando el impuesto. Muchos negocios han cerrado porque no pueden pagar la cuota que les imponen”, dijo un investigador.

El 60% de las víctimas afectadas por la extorsión, aseguran las autoridades, no denuncian el delito.

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