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Extorsiones también se ordenan desde colegios

<p>Estudiantes miembros de maras exigen el pago semanal a docentes y alumnos; empiezan pidiendo churros.</p>

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Antes el blanco principal de las extorsiones eran comerciantes
y transportistas; ahora, el radio de acción de los delincuentes se ha ampliado y alumnos, docentes y padres de familia se han sumado a la cadena de afectados por el llamado “impuesto de guerra”.






No es una llamada telefónica que la hace un desconocido para exigir dinero a cambio de respetarles su integridad física a sus víctimas, lo que sorprende es que que esa llamada la hacen sus propios compañeros de estudio en los colegios.








El enemigo está en casa y no es una simple broma entre compañeros ni mucho menos un juego. Es una amenaza real.

La investigación realizada por un equipo de periodistas de Diario LA PRENSA establece que los colegiales que extorsionan “estudian” en centros educativos de colonias como La Pradera, Sandoval, Jerusalén, Chamelecón y Choloma.

Bajo la amenaza de agredir físicamente si se resisten a entregarles sumas de dinero que pueden fluctuar entre 100 y 200 lempiras semanales, algunos estudiantes ligados a maras intimidan a sus compañeros.

Esta faceta de la extorsión que ahora hace carrera en los colegios de San Pedro Sula tiene impotentes a los docentes, que son víctimas también del delito por medio de mensajes de texto y llamadas amenazantes.

La extorsión

No hay estadísticas reales de cuántas extorsiones se generan desde cada centro educativo porque la amenaza se sufre en silencio: maestros y alumnos callan.

“Es imposible dar cifras de cuántos somos extorsionados. Hay alumnos que simplemente un día no llegaron más a clases, maestros que desesperados pidieron su traslado y se marcharon, otros renunciaron a la plaza porque ya no podían pagar la cuota. Hasta ahora no puedo decirle cuántos alumnos exigen el pago de la extorsión.

A los infractores no se les puede impedir el ingreso con celular a clases porque Derechos Humanos nos advierte que no podemos hacerlo. Entonces no se puede evitar la comisión del delito. Pero toda la información de alumnos y de maestros sale de los mismos alumnos”, informó un docente de un colegio en Choloma.

“De oficio deberían las autoridades dar respuesta y actuar con vigilancia y patrullajes, intervenir en sectores que saben que son conflictivos, pero no hacen nada.

El problema se va de las manos. Cuántos muertos más esperan para actuar. Estamos acorralados, impotentes”, expresó un consejero de un colegio en Choloma.
No denuncian

A pesar de que en 2011, como medida para enfrentarse a las extorsiones, se creó una unidad para investigar el delito y se apoyó con fiscales especiales, a San Pedro Sula todavía no se le asigna el grupo especial dedicado exclusivamente a investigar estos delitos.

Los golpes asestados a los extorsionadores en los últimos días han sido producto del trabajo de la unidad de inteligencia y análisis de la Jefatura Metropolitana número dos, denominada Tornado, que considera que hasta ahora no se avanza para desbaratar esas bandas de malhechores porque los afectados no las denuncian por miedo.

“No hay denuncias sobre la participación de alumnos que extorsionan a sus compañeros y maestros; eso nos limita porque no tenemos nada que lo confirme.

Estamos trabajando y en los próximos días se integrará la unidad exclusiva para la investigación de extorsiones.

Se había atrasado el funcionamiento de esta unidad porque no se tenía un área específica para instalarla, pero ya tenemos preparada toda la logística.

Le pedimos a la población que denuncie para erradicar ese delito”, informó Leonel Sauceda, jefe de la Policía Metropolitana número dos.

Presionan a maestros

“Hemos accedido a las exigencias de los alumnos para evitar problemas”, dijo un docente.

La impotencia se combina con miedo. Alumnos y maestros no quieren denunciar por temor de ser atacados por las pandillas.

Varios profesores han aprendido a convivir con líderes de maras y son testigos mudos de cómo operan estos en los propios centros educativos.

En el informe Situación de las maras y pandillas en Honduras 2011, en una encuesta aplicada a docentes y alumnos de cinco centros educativos en San Pedro Sula se reflejó que los maestros son sometidos a violencia sicológica, sus vehículos sufren daños y reciben amenazas como reacción por las malas calificaciones que aparecen en las boletas de los integrantes de maras.

“Desde aquí se dan órdenes para asaltos, agresiones y raptos de jovencitas. A veces hemos salvado a muchachos de golpizas y hasta de la muerte.

S el enemigo está aquí, cómo se puede denunciar.

Solo nos queda convivir con el miedo”, dijo un docente en Chamelecón.

“Me amenazaron”

“Raúl” es un alumno de segundo curso. Se matriculó en un colegio de Choloma. Su sueño es ser doctor, pero cuando se vio intimidado por sus compañeros les pidió a sus padres que lo cambiaran de colegio.

“Primero me pedían que los invitara a refrescos y churros, me decían que solo así no me harían nada. Primero acepté y me tocaba invitarlos y me quedaba sin comer.

Después ya no solo querían que los invitara a comer. Me empezaron a decir que les tenía que dar dinero. Me dijeron que con 100 lempiras a la semana evitaba problemas.

No quería contarles a mis papás, pero un día que me dijeron que me matarían porque querían dinero y no andaba decidí contarle a mi mamá.

Tenía miedo a la hora de salida de clases porque no sabía si estarían esperándome. Al final les dije a mis padres que no quería volver. Ni los profesores podían ayudarme”, relató el joven.

Cuando se detectó el problema en las aulas, los maestros buscaron hablar con los padres de los menores que extorsionaban para adoptar medidas correctivas y restablecer el control, pero no lograron hacer nada.

Los padres de los menores dijeron que no podían controlar a sus hijos

Sin apoyo

Algunos docentes expresaron que no tienen apoyo de las autoridades de Educación en cuanto a la inseguridad en los establecimientos educativos.

“La Secretaría de Educación debe invertir más dinero en contratar personal y dar seguridad en los colegios que están a expensas de la delincuencia.

Entra y sale quien quiera salir y las autoridades, por mucho que intenten controlar esta situación, es bien difícil que lo hagan porque los maestros tienen cierto temor; no pueden denunciar ni poner orden en los institutos porque lo único seguro es que eso los lleve a la muerte”, expresó Gilberto Aníbal Benítez, director departamental de Educación en Cortés.

El funcionario afirmó que los centros educativos necesitan contratar más consejeros y orientadores porque cada uno de ellos atiende a una población de 800 estudiantes.

“Hay que actuar. El problema es que están matando gente en los centros educativos.

La Policía tendrá que emplear otra estrategia para hacerle frente a esta actividad delictiva que azota al país”, dijo Benítez.

“Sin tregua a las maras”

Ramón Custorio, comisionado nacional de los Derechos Humanos en Honduras, asegura que Honduras no puede darles tregua a las maras porque hay problemas de mayor beligerancia que atender en el país.

“El Estado, en este momento, no puede admitir más fuerzas beligerantes que las que realmente deben ser definidas como tales, que pongan en peligro su seguridad.

Si hay una fuerza beligerante en este momento, en este país, es el narcotráfico y todo lo relacionado con el narcotráfico, pero no es que el problema de las maras sea el problema beligerante que hay que resolver con tanta urgencia como lo está haciendo El Salvador”, dijo Custodio.

Cuando se le consultó si se debe dialogar con las maras, el ombudsman afirmó: “El mejor diálogo es aplicar las leyes del país para todos. Lo primero es primero, depurar la Policía y combatir el narcotráfico”.

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