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La última cena de los condenados

<p>La última cena no debe</br> sobrepasar el costo de 800 lempiras.</p>

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La última cena del hondureño Roberto Villafuerte fue pollo asado a la parrilla, nueve tortillas de maíz, dos tomates, una lata de chiles jalapeños, dos latas de Pepsi y un plato de arroz. El platillo lo disfrutó un día antes de su ejecución en una prisión de Arizona el 22 de abril de 1998.


Según las reglas, la última cena de un condenado no debe sobrepasar los 40 dólares, unos 800 lempiras. Además, no pueden pedir comidas extranjeras. Deben ser locales.

Una noche antes de ser ejecutados los condenados disfrutan de su última cena, las que van desde comidas extravagantes como una aceituna, hasta raras y sencillas como un helado o una cebolla.

Algunos condenados se concentran más en la última visita que reciben, que por lo general es de un guía espiritual y de sus familiares. Por lo general las cámaras de la muerte, en donde se les coloca la inyección letal, no están en el mismo pabellón de la muerte, por lo que son trasladados un día antes al lugar.


El derecho a la última cena que se les da a los condenados a muerte ha sido abolido en el estado de Texas, por los excesos de un prisionero hace unos meses. Las autoridades carcelarias aseguraron que no habrá más.

Aunque la mayoría disfruta de su última cena y solicita alimentos que nunca probó en sus largos años en el corredor de la muerte, otros prisioneros rechanzan su última cena como Heliberto Chi Aceituno, quien fue ejecutado el 7 de agosto de 2008. Prefieren concentrarse en esperar la llamada del Gobernador del Estado, único que puede parar una ejecución.
Cenas curiosas

Tener acceso a una última cena de un condenado a muerte es difícil. No obstante, iBytes lo hizo el año pasado y registró la última cena de 15 condenados a muerte en Estados Unidos. Las bandejas de comida fueron fotografiadas por James Reynolds y Henry Hargreaves.

Aunque algunos condenados preferirían tomar alcohol antes de que los ejecuten por inyección letal, está prohibido. iBytes relata que cuando la comida ya está lista, es llevada a la celda del condenado.

En las últimas cenas que reportó el sitio, el helado y los mariscos fueron los favoritos. Ronnie Lee Gardner fue ejecutado en Utah en 2010. Pidió de última cena cola de langosta, filete, pastel de manzana y helado de vainilla. Además, mientras cenaba, leyó la trilogía de El Señor de los Anillos.

Un paquete de cigarrillos y una caja de fósforos fue la última petición de Eddie Mays, ejecutado en Nueva York en 1963. Para Ricky Rector un filete, pollo frito, zumo de cereza y pastel de nueces fue su último deseo. Según iBytes, cómicamente, Rector dejó el postre y le dijo al guardia: “este lo dejo para más tarde”.

La galería culmina con la última cena de Víctor Feguer. Con la idea de que un olivo nacería en su cuerpo como símbolo de paz, rechazó cualquier tipo de alimentos que ajustaran los 40 dólares y pidió una aceituna.

Las últimas palabras

Así como se les otorga una última cena, también
pueden decir unas últimas palabras antes de que inicie el proceso de ejecución. “Jesús, recibe mi espíritu; te quiero Edgardo. Abogado Valladares agradezco todo su trabajo, gracias. Recibe mi espíritu Señor”, dijo antes de morir el hondureño Chi Aceituno.

“Bueno, presumo que todos estamos aquí. Amo a todos. Díganle al hijo de Amelia que estaré con el Señor.

Díganle a mi hijo que no se preocupe, que estaré con el Señor”, fueron las últimas palabras de Villafuerte, quien intentó decir algo más, respiró siete veces y murió.