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La agonía de Villafuerte y Chi Aceituno

El drama de sus familias conmovió al pueblo hondureño, en especial la madre de Heliberto Chi Aceituno.

Comió pollo asado a la parrilla, nueve tortillas de maíz, dos tomates, una lata de chiles jalapeños, un plato de arroz y se tomó dos latas de Pepsi. Tras desgustar su última cena, José Roberto Villafuerte fue trasladado a la cámara de la muerte. Tardó tres minutos en morir después de que le fue suministrada la mortal inyección.

Han pasado 14 años desde ese día y Honduras aún recuerda la clemencia de los Gobiernos de turno para que las ejecuciones de José Roberto Villafuerte en 1998 y Heliberto Chi Aceituno en 2008 no se llevaran a cabo.

En la actualidad seis hondureños se encuentran en el pabellón de la muerte en espera de su ejecución. Cada uno de ellos hace uso de los recursos de apelación para salvar su vida; mientras que a algunos, la espera los enloquece.

Esa espera en el pabellón de la muerte es lenta y agónica. José Roberto Villafuerte pasó 14 años allí antes de ser ejecutado con inyección letal. Una disculpa estatal llegó al presidente hondureño Carlos Roberto Flores por aplicar la pena de muerte.

Villafuerte se convirtió en el primer hondureño en ser ejecutado en Estados Unidos, lo que provocó protestas frente a la embajada estadounidense en Tegucigalpa.


Las ejecuciones se reanudaron en Arizona en 1992, tras 16 años de abolición. Villafuerte fue el décimo ejecutado en ese estado. Fue clasificado como asesino con características de violador y en febrero de 1983 fue encarcelado por el asesinato de su novia, Amelia Schoville, de 47 años, en el condado de Maricopa.

Tras un largo proceso judicial, afrontado en absoluto aislamiento, el 22 de abril de 1998, Villafuerte fue ejecutado en Florence, Arizona a sus 46 años.

El crimen

Mientras lo inyectaban miró a los testigos y dijo:
“Bueno, presumo que todos estamos aquí. Amo a todos. Díganle al hijo de Amelia que estaré con el Señor, díganle a mi hijo que no se preocupe, que estaré con el Señor”, fue lo último que expresó ante 30 testigos que presenciaron su muerte,
entre ellos el exesposo de Amelia y sus tres hijos, uno de ellos policía.

Tiempo después de su muerte, el Departamento de Estado reconoció que autoridades de Arizona violaron un tratado internacional de no haber notificado a las autoridades consulares sobre la detención de Villafuerte.

El 22 de febrero de 1983, el hondureño fue arrestado en el automóvil propiedad de Amelia. Confesó que era de su novia y que un día antes habían tenido una discusión en su remolque en Phoenix. “La até para impedir que llamara a la Policía y ahí la dejé”, dijo Villafuerte. Cuando los policías fueron al remolque encontraron el cuerpo de Amelia en una cama, vestida solo con una blusa y ropa interior. Tenía las manos atadas a la espalda, los tobillos amarrados y su cabeza estaba envuelta en una sábana.

Toda la ropa cercana a su alrededor estaba manchada de sangre. Una bola hecha de tiras fue introducida en su garganta. La autopsia reveló que en el cuerpo de la mujer había líquido seminal y que murió por asfixia.

Los fiscales determinaron que Villafuerte golpeó brutalmente a Amelia dejando su cuerpo ensangrentado atado a la cama aún estando viva.

La muerte de Chi

El pasado reciente registra la dramática historia de la ejecución del sampedrano Heliberto Chi Aceituno. Fue su madre, Mirna Suyapa Chi, la que llevó el caso hasta los medios y organizaciones internacionales que luchan para que la pena de muerte sea abolida.


Chi fue el segundo hondureño ejecutado con inyección letal en Estados Unidos. Pese a la lucha de su madre para que el estado de Texas perdonara a su hijo, fue ejecutado un 7 de agosto de 2008.


El 24 de marzo de 2001, el sampedrano asesinó a Armand Paliotta (56) tras un disparo por la espalda. La víctima era el gerente de una tienda de ropa y exjefe de Chi.


Tenía 29 años cuando fue ejecutado. Durante el robo y asesinato, Heliberto también disparó a un hombre hispano de 18 años en la parte posterior de la tienda. La víctima fue trasladada a un hospital y sobrevivió. Chi era acompañado por Alejandro Sierra, quien está confinado a cadena perpetua en una cárcel en Texas.

Durante el proceso, sus defensores alegaron que antes de ser condenado no se le permitió buscar ayuda legal en su país de origen. Finalmente fue el ejecutado 411 mediante inyección letal en Texas. La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos rechazó la última apelación. Fue declarado muerto a las 6:25 de la tarde, tras nueve minutos de agonía.

Los dos hijos de Paliotta fueron testigos de la ejecución en la Unidad de Huntsville en la prisión Paredes. También hubo protestas frente a la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa por su ejecución.

“Señor, te entrego mi espíritu. Te quiero Edgardo. Abogado Valladares, le agradezco todo el esfuerzo que ha hecho. Gracias Señor”, fueron
sus últimas palabras al despedirse de su primo y del director de Asuntos Consulares. 24 minutos después fue declarado muerto.

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