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Los bordos, ciudades ocultas de Honduras

<p>En San Pedro Sula hay 16 cordones de miseria con miles de familias que emigraron de zonas marginales y del interior del país</p>

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Posiblemente muy pocos lo crean, pero en los bordos de contención de los ríos que cruzan San Pedro Sula hay más habitantes que en cualquier municipio de Honduras: diez mil familias, o sea, unas 50,000 personas en una extensión de unos 50 kilómetros lineales.

Por esa razón es una de las zonas más visitadas por los políticos en tiempo de elecciones, quienes, en definitiva, nada hacen por mejorar las condiciones socioeconómicas de este enorme conglomerado.

Más bien, diputados y alcaldes que han pasado por el Congreso Nacional y la Municipalidad han contribuido a agudizar el problema. Hubo uno, el último en ocupar ese cargo en el gobierno anterior, que se atrevió a prometerles que iba a legalizarles las propiedades.

Los habitantes de los bordos, merced a estos ofrecimientos sin sentido, sienten que tienen en las altas esferas del Gobierno y local a personas “preocupadas” por ellos. Esto les da fuerzas para seguir ocupando ilegalmente los predios.

En esta zona hay de todo: personas que recogen desechos en decenas de barrios y colonias de la ciudad, principalmente botellas de plástico y latas, lustrabotas, albañiles, carreteros, campesinos que llegaron del área rural, amas de casa, madres solteras, delincuentes, drogadictos y hasta “bordotenientes”, es decir, personas que poseen cuarterías de alquiler y, a pesar de que viven allí, tienen casas en elegantes colonias residenciales.

Cuando los periodistas de LA PRENSA recorrieron el lugar, la mayoría de las casuchas y mediaguas de madera y cartón estaban cerradas.

“Andan ganándose la vida”, fue la respuesta de quienes nos recibieron. Sin embargo, las callejuelas que cruzan los bordos están colmadas de carretas de caballos, el transporte colectivo por excelencia. Asimismo, puede notarse que los ocupantes cargan celulares caros, y poseen televisores plasma con cable, juegos de comedor confortables y estufas eléctricas, aunque ciertamente la mayoría cocina en hornillas de leña.

Inmunes a la demagogia

Cuando se platica con ellos se nota inmediatamente que les es indiferente que tal o cual alcalde fue un demagogo y se embolsó los fondos con que les construirían sus casas en otro sector, porque en realidad, la mayoría no quiere abandonar su sitio y trasladarse a lugares muy retirados, en donde, además, tendrán que pagar los servicios públicos.

Por eso, cuando el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, le entregó a una administración municipal una partida para reubicarlos, poco o nada les importó. En esa época, lo único que se hizo fue trasladar familias de un bordo a otro y con eso justificaron el gasto de los fondos.

A estos compatriotas tampoco les interesó que la Agencia de Cooperación Sueca -Asdi en inglés- haya suspendido una ayuda gratuita para construirles 1,200 viviendas, a través de la Comisión de Acción Social Menonita, Casm, tal vez la única entidad que siempre ha estado al lado de los habitantes.

Por esos días, la Municipalidad no pudo, o no quiso, aportar como contraparte ocho millones de lempiras.

En este submundo nadie paga agua, luz, ni impuestos, y por estar relativamente dentro de casco urbano de San Pedro Sula la movilización hacia el centro, a las escuelas y colegios oficiales es más fácil y cómoda.

La energía eléctrica la toman, a la brava, de los postes de zonas residenciales cercanas, lo mismo que el agua por medio de conexiones clandestinas.

No hay una vivienda adonde falten barriles con agua y pilas de captación. Las aguas residuales van al cauce de los ríos y, cuando no se puede llegar a ellos por alcantarillas, las aguas negras corren a flor de tierra en medio de las casas y solares. Sobra decir que un olor pestilente inunda el ambiente lo que causa al visitante una incómoda picazón en la nariz.

Organizaciones

Existe aquí una Coordinadora General de Bordos, CGB, encabezada por Salvador Caballero, en la cual está agrupada la mayoría de moradores de los 16 bordos que rodean la ciudad, y es la única organización reconocida por la Municipalidad.

Precisamente, la semana anterior los directivos de la Coordinadora se reunieron con el alcalde Juan Carlos Zúniga, y este ordenó a la Comisión de Tierras elaborar un estudio urbanístico de los lugares donde podrían ser reubicados los pobladores.

Sin embargo, en los últimos años Caballero ha tenido que enfrentarse a grupos disociadores que han formado patronatos, cuando este tipo de organización es ilegal.

Sus cabecillas son activistas políticos que dicen ser los verdaderos representantes de los vecinos. Uno de ellos, para más señas, fue precandidato a diputado por la corriente de Carlos Kattán.

La de nunca acabar

La única reubicación real que se hizo fue en tiempos del exalcalde Héctor Guillermo Guillén (1990-1994) cuando centenares de familias fueron trasladadas a lo que hoy se conoce como Lomas del Carmen, al noreste de la ciudad, donde les construyeron soluciones habitacionales.

Sin embargo, en complicidad con políticos e invasores de oficio, los bordos de contención fueron inmediatamente ocupados por nuevos inquilinos, quienes “compraron” los derechos a los que se fueron, con la esperanza de conseguir, como aquellos, un techo digno y seguro.

Ha sido la actual administración edilicia la que ha retomado la reubicación de las familias como un “proyecto bandera”.

Por ahora, la Comisión de Tierras de la Municipalidad sampedrana, ante la desaparición y venta de las tierras ejidales del municipio, negocia la compra de varios inmuebles para reasentar a un mínimo de 800 familias de los bordos.

La diferencia, esta vez, es que los mismos no serán regalados, igual que las casas a construir. La idea es suministrarles los materiales y que ellos levanten sus cimientos.