Más noticias

Depredadores no reciben castigo por falta de jueces y fiscales

<p>El valiente, silencioso e inhumano trabajo que 315 soldados desarrollan en la biosfera queda muchas veces sin recompensa.</p>

VER MÁS FOTOS

El valiente, silencioso e inhumano trabajo que 315 soldados desarrollan en la biosfera queda muchas veces sin recompensa debido a la ausencia de jueces y fiscales en la zona selvática.

Diseminados en 33 destacamentos a lo largo de las 833,000 hectáreas de extensión que tiene la reserva, los “tesones” se abren paso por lugares inhóspitos con la misión de combatir la tala ilegal del bosque, los incendios forestales y el trasiego de drogas, así como proteger los ecosistemas, cuencas, suelo y flora y fauna.

Sin embargo, se encuentran con una serie limitante, según explica el coronel Marco Antonio Leiva, director de apoyo del manejo de ecosistemas y ambiente de las Fuerzas Armadas de Honduras: “No se puede retener a nadie por más de 24 horas.

Hay ejemplos concretos. Una vez capturamos in fraganti a diez personas que cortaban los árboles, pero no teníamos oportunidad de remitirlos ante la autoridad competente porque sólo teníamos 24 horas para hacerlo y cómo no había donde presentarlos, tuvimos que soltarlos.

Tres días después esos mismos depredadores estaban nuevamente descombrando en otro sector de la biosfera, lo cual es lamentable”, criticó Leiva.

Reacciona la Corte y Fiscalía

Edgardo Maradiaga, técnico de la Fiscalía Especial del Ambiente, admitió que las largas distancias e inaccesibilidad de la zona son limitantes para los encargados de impartir justicia y hacen que los términos se venzan.

Maradiaga recordó que “hace cuatro años se intentó poner en marcha un juzgado móvil en esa zona, pues estamos conscientes de los problemas que imperan ahí; pero esta iniciativa quedó en calidad de proyecto y no se ha retomado”.

Jorge Rivera Avilés, presidente de la Corte Suprema de Justicia, anunció que para el nombramiento de jueces, previsto para el próximo mes, la prioridad es darles atención a sectores como el de la biosfera.

FF AA se quedan solitas

En 1996, la Biosfera del Río Plátano estuvo en riesgo de salir del selecto club de las reservas mundiales de la Unesco y perder su título honorífico de Patrimonio Mundial de la Humanidad debido a que las autoridades de aquel entonces no garantizaban su protección.

En 2007 la reserva salió de la “lista roja” luego del compromiso de las autoridades de velar por el “Amazonas hondureño”; sin embargo, al nomás recuperar su estatus, las organizaciones que se afincaron en la biosfera para cuidarla se fueron del lugar, dejando únicamente a las Fuerzas Armadas con la misión de preservarla.

“Antes trabajábamos estrechamente con otras organizaciones y los resultados eran buenos; pero cuando se declaró que la biosfera no estaba en riesgo, otras instituciones salieron de la problemática y sólo las Fuerzas Armadas mantuvimos la presencia en el lugar”, explicó Leiva.

El militar añadió que hace algunos días sumaron tres destacamentos más con el objetivo de hacer un inventario de la caoba que hay en la zona núcleo de la biosfera.

Evitan retenes

Como los depredadores se las ingenian para burlar los retenes permanentes que el Ejército mantiene en puntos estratégicos, los militares despliegan patrullajes a pie por toda la zona para sorprender a los taladores cuando con motosierras descombran el bosque.

“En la zona de Sico Paulaya en medio del bosque encontramos oculta la madera que estaba lista para ser sacada de la zona.

Los soldados sacaron la trozas ilícitas, que se calcula rondaban los siete mil pies de madera de color. En una zona tan extensa como ésta no es tan fácil decir que se va a parar el tráfico de madera; pero cumplimos con nuestra misión y llegamos a sectores de difícil acceso.

El esfuerzo está orientado en combatir la tala, los patrullajes que hacemos en los lugares de mayor incidencia han disminuido el tráfico ilegal de madera.

El hecho de tener soldados en estos lugares disuade, y ya el narcotraficante o maderero no actúa tan libremente”, expresó el teniente coronel Elías Melgar, de la 115 Brigada de Infantería.

Los héroes

Cada 45 días, a 315 efectivos del Ejército les toca hacer turno en la biosfera.

Patrullan en lugares inhóspitos de Colón, Olancho y Gracias a Dios, donde no hay acceso por tierra ni agua, sólo por aire.

Un equipo de LA PRENSA acompañó a los militares en sus jornadas de trabajo para constatar cómo viven, sufrir sus limitaciones y conocer los logros que han obtenido.

Para los soldados, los 45 días de internamiento dentro de la biosfera son de prueba, sacan coraje para sobrevivir ante las adversidades.
Les toca dormir cerca de las quebradas y de los ríos porque son los únicos lugares donde hay partes planas que les permiten instalar la tienda de campaña que les dará un techo mientras dura la misión.

Mientras unos duermen, los otros alumbran con focos el lugar. A su alrededor rondan varios lagartos que esperan un descuido de los soldados para atacarlos.

“Cada vez que la luz de la linterna iluminaba la zona observábamos de cinco a ocho largatos al acecho, esperando un descuido de nosotros para atacarnos.

No nos podíamos descuidar, a veces el cansancio nos vencía, pero el peligro era permanente, y teníamos que cumplir con el deber. No es fácil estar en estos lugares, pero se aprende, nos forman para eso”, explicó uno de los “tesones” en misión.

Los efectivos, divididos en grupos de diez, llevan su provisión de comida para suplir sus necesidades durante el tiempo que durará la misión y cuando por alguna razón se extienden las jornadas de trabajo las raciones les llegan por helicóptero desde donde son bajadas para lograr sobrevivir.