El presidente ejecutivo de Petrobras busca un nuevo rumbo

El ejecutivo ha recibido elogios por sus esfuerzos para ayudar a Petrobras a comenzar a recuperarse de un grupo que según fiscales estafó y manipuló contratos.

Aldemir Bendine, presidente ejecutivo de Petrobras.
Aldemir Bendine, presidente ejecutivo de Petrobras.

Río de Janeiro, Brasil.

En febrero, cuando el banquero Aldemir Bendine asumió el mando de Petróleo Brasileiro SA, su meta a corto plazo era clara: conseguir que los auditores externos aprobaran los resultados financieros de la empresa, que para ese momento se habían pospuesto por varios meses, para evitar violar cláusulas por miles de millones de dólares en deuda.

Lo consiguió. La petrolera estatal brasileña asumió cargos contables por US$20.000 millones, presentó sus estados financieros y evitó que sus acreedores pidieran el pago adelantado de sus deudas.

Esa resultó ser la parte sencilla.Bendine ahora tiene la tarea de reducir la carga de deuda de la empresa, que alcanza los US$133.900 millones, lo que la convierte en la empresa de energía más apalancada del mundo. El plan es incrementar la producción petrolera a la vez que recorta inversiones y vende activos por hasta US$58.000 millones hasta 2018.

Pero con el crudo a la mitad del precio que estaba hace un año, un mercado con exceso de oferta y otras petroleras deshaciéndose de activos, los analistas creen que esas metas son una ilusión.

Bendine, ex líder del estatal Banco do Brasil, no se siente presionado. “No estamos muy ansiosos”, dijo en una entrevista con The Wall Street Journal, su primera charla con la prensa extranjera en Brasil. “Vengo del mundo financiero, donde la gente es pragmática, en cierta forma práctica. Usted fija unas metas y las cumple a medida que avanza”.

El ejecutivo ha recibido elogios por sus esfuerzos para ayudar a Petrobras a comenzar a recuperarse de un grupo que según fiscales estafó y manipuló contratos, saqueando a la compañía por cerca de una década. Los auditores aprobaron los resultados financieros más recientes de Petrobras sin reservas, mientras que su ambicioso programa de reducción de activos fue aceptado pese a la resistencia de los sindicatos.

“En una escala de 1 a 10, merece un 8 con seguridad”, dijo John Forman, ex director de la Agencia Nacional de Petróleo, sobre los resultados que Bendine ha logrado.
Los inversionistas se mantienes escépticos respecto de Petrobras en parte debido a las cosas que no han cambiado, principalmente la habilidad del gobierno de influir en la empresa.

Gracias al control mayoritario de las acciones de Petrobras con derecho a voto, el gobierno brasileño ha prevalecido en ciertos momentos sobre los ejecutivos de la compañía y los inversionistas privados. En los últimos años, Petrobras se ha visto forzada a invertir grandes cantidades en proyectos cuestionables, como la refinación de petróleo, y a subsidiar los precios del combustible como parte de una guerra no convencional que el Estado libra contra la inflación.

Si algo de esto preocupa a Bendine, no lo ha dicho públicamente. En el Banco do Brasil ganó una reputación como administrador inteligente y competente que conoce tanto su negocio como los códigos políticos de Brasilia.

Una renovación de la junta de Petrobras a comienzos de este año desplazó a la mayoría de los directores designados políticamente para poner en lugar de ellos a académicos, líderes empresariales y expertos. Uno de los nuevos miembros de la junta, Roberto Castello Branco, llegó a criticar el mes pasado la política energética del gobierno.

Bajo la presidencia ejecutiva de Bendine, Petrobras ha trabajado para mejorar su administración luego del escándalo de corrupción. La compañía ha creado la posición equivalente a director de cumplimiento y ha dado los pasos para estimular la denuncia de irregularidades internas. En octubre se realizó una investigación interna que en parte tuvo como objetivo ayudar a los fiscales federales.

Bendine sostiene que la administración de la compañía tiene independencia para fijar los precios del combustible de acuerdo con el mercado, no de acuerdo con la inflación, y para impedir la designación de funcionarios políticos a puestos clave. “Hoy no existe la menor posibilidad de que haya aquí esa clase de interferencia”, dijo.
Pero evitó expresar opiniones contrarias a las de la presidenta Dilma Rousseff, quien supervisó su nombramiento. Rousseff y su antecesor son ampliamente considerados responsables de muchas de las políticas que han herido las finanzas de Petrobras en los últimos años. Por ejemplo, Bendine no tiene planes de vender ninguna de las participaciones que Petrobras tienen en los llamados campos de petróleo pre-sal, a pesar de que reconoció que podría haber un alto interés por parte de potenciales compradores.

La Prensa