En el mundo digital también aplica el no dejar a nadie atrás

La tecnología es clave para el desarrollo social, educativo y económico para una mayor integración digital, asegura la Oficial de Comunicaciones de Fundahrse

Yosseline Gálvez, Oficial de Comunicaciones de Fundahrse.
Yosseline Gálvez, Oficial de Comunicaciones de Fundahrse.

San Pedro Sula, Honduras.

Cada día nos damos cuenta que las tecnologías de la información y la comunicación o TICS pueden contribuir a acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Hace unos años el alcance de las tecnologías era corto y casi inconcebible por motivos de velocidad, calidad y costos.

La inclusión digital nos permite brindar servicios de calidad en ámbitos como la educación, las finanzas, el comercio, la salud y la agricultura.

La buena gestión de la tecnología también contribuye a reducir la pobreza y el hambre, mejorar los servicios de salud, mitigación del cambio climático, la eficiencia energética, logrando que las comunidades sean más sostenibles.

Aun con todas estas bonanzas, alrededor de la mitad de la población del mundo, no tiene acceso a internet, es demandante que las sociedades que sí lo tienen, incluyan a las poblaciones marginadas -particularmente a las mujeres, niñas y ancianos- personas con discapacidad, poblaciones indígenas, entre otros.

La inclusión digital se ha convertido en un derecho humano, de hecho, desconocer la Declaración Universal de Derechos Humanos es causa de actos que van en contra del respeto y valoración de la misma.

La tecnología es clave para el desarrollo social, educativo y económico para una mayor integración digital.

Por ejemplo, las sociedades conectadas se vuelven empoderadas, porque pueden acceder a información, pueden pagar por bienes y servicios con sus dispositivos móviles, pueden mantenerse en contacto con sus seres queridos, recibir alertas de catástrofes, realizar trabajos mejor remunerados, entre otros.

A través de incluir a estas personas que han sido marginados por razones como: sexo, identidad de género, clase, orientación sexual, idioma, creencia, raza, religión, y mucho más, podemos lograr fomentar nuevos espacios que ayuden a ser más tolerantes y comprensivos para inculcar valores en el mundo digital y así contrarrestar otros actos que van en contra del derecho a la comunicación.

La alianzas estratégicas juegan un papel muy importante en este tema, pues las bibliotecas, universidades, museos, escuelas y otras entidades son parte de comunidades que pueden fortalecerlas y priorizarlas en su accionar basado en uno más colaborativo en el uso de las nuevas tecnologías y mejorar el acceso a la comunicación y la información.

Sin duda que los desafíos existen: reducir la brecha digital, es decir reducir la cantidad de personas que aún no pueden utilizar internet, igualmente el analfabetismo digital.

En otros países como China existe el riesgo que las personas -especialmente las mayores- no puedan acceder a un taxi en las calles porque este se solicita a través de apps en dispositivos móviles.

Haciendo uso de la infraestructura de las TIC y con las competencias digitales, la sociedad y las empresas podrán participar en la economía digital, que a su vez hace aumentar el bienestar económico general y por lo tanto, la competitividad de nuestro país, sin olvidar que la meta final es no dejar a nadie atrás también, en el mundo digital.

Yosseline Gálvez, Oficial de Comunicaciones de Fundahrse.