Más noticias

Problemas estructurales de la agricultura nacional

Criterios de Adolfo Martínez, director general de la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (Fhia)

Adolfo Martínez en un evento pasado con el presidente Juan Orlando Hernández.
Adolfo Martínez en un evento pasado con el presidente Juan Orlando Hernández.

La Lima, Honduras.

Por más de tres décadas, la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (Fhia) ha asumido el compromiso de ser parte del desarrollo y transformación del agro nacional por medio de la generación, validación y transferencia de tecnología en un sinfín de cultivos tradicionales y no tradicionales.

“Todo el mundo bananero y platanero sabe del programa de Fhia, y es el único que ha producido variedades utilizando métodos tradicionales en mejoramiento genético.

A nivel nacional, yo diría que el principal aporte viene de los programas de diversificación, como rambután y cacao, y los de desarrollo hortícola, que hace 20 años no había nada de hortalizas en Comayagua, y ahora hay una industria muy pujante”, dice Adolfo Martínez, director general de la Fhia.

El colombiano entró en el equipo de la organización con sede en La Lima, Cortés, en 1990. Para entonces, el ingeniero agrónomo y con doctorado en Economía Agrícola de la Universidad Estatal de Luisiana ya contaba con una vasta experiencia en la consultoría y evaluación de proyectos hidroeléctricos y agrícolas de más de 25 países entre Asia, África y América Latina.

“Como la investigación es algo a largo plazo y a veces los resultados no son inmediatos y no es barata, no es muy apreciada por la gente hasta cuando hay problemas”, asegura Martínez al recordar casos puntuales como la monilia del cacao que arrasó con los cultivos del grano, “nosotros fuimos los primeros en ofrecer cursos y realizar prácticas en el campo para que los productores pudieran controlar, y se pudo controlar. A raíz de eso, el cacao ha resurgido una vez más”, destaca.

Para él, los grandes problemas estructurales de la agricultura hondureña y de los cuales aún hay pocos progresos a través del tiempo son la tenencia de la tierra, que es muy pequeña e incierta, y la falta de educación.

“Después vienen otro tipo de problemas cuando empezamos a trabajar con los productores. Predicamos cómo resolver los problemas, pero no llegamos a una gran parte de los productores con problemas y no tienen el dinero para seguir las recomendaciones porque en el país no hay sistemas de extensión agrícola que les lleve el mensaje o los descubrimientos de la investigación a los productores”, añade Martínez.

A su criterio, la mejor forma de salir de la pobreza en el campo es con cultivos permanentes y no con temporales.

“Los cultivos permanentes en sistemas agroforestales tienen tres grandes ventajas: generan más ingresos que los granos básicos, son amigables con el medio ambiente y la gente que los cultiva no está buscando emigrar”.