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China aprieta las tuercas del mensajero

El gobierno presiona a economistas, periodistas e investigadores por el tono negativo de sus análisis y reportajes.

Beijing, China.

Las autoridades chinas tienen un nuevo blanco: economistas, analistas y periodistas de negocios que tienen una visión poco promisoria de su economía. Reguladores del mercado de valores, censores oficiales y otros funcionarios han lanzado advertencias a comentaristas cuyos puntos de vista públicos sobre la marcha de la economía no encajan con las declaraciones optimistas del gobierno, señalaron funcionarios y comentaristas económicos al tanto de la situación.

Lin Caiyi, economista jefe de Guotai Junan Securities Co., quien no ha escondido sus opiniones ante el aumento de la deuda de las empresas, el exceso de viviendas y el debilitamiento del yuan, recibió una advertencia en las últimas semanas, señalan las fuentes. La primera provino del regulador de valores y una segunda del departamento de cumplimiento de normas de su empresa estatal, que la instruyó a evitar comentarios “exageradamente pesimistas” sobre la economía y, en particular, la moneda.

Los analistas de acciones de las firmas de corretaje también han sentido la presión de los reguladores que buscan estabilizar el mercado y se han vuelto más reacios a publicar informes críticos de las empresas que cotizan en bolsa. Mientras tanto, al menos un centro de estudios chino fue exhortado por funcionarios a no cuestionar un programa del gobierno para ayudar a las firmas estatales a reducir su deuda.

Aunque la evidencia es circunstancial, la ofensiva contra las críticas a la política económica parece ser generalizada. Oficinas del gobierno no respondieron a solicitudes de comentarios o se negaron a referirse al tema. Las opiniones sobre la economía y el reporteo sobre temas de negocios no había sufrido grandes restricciones en China, a diferencia de los asuntos políticos, en un reconocimiento tácito de las autoridades de que el libre flujo de información contribuye a la vitalidad de la economía.

Beijing, no obstante, decidió asumir un control más estricto del relato económico después de que los problemas en las bolsas y las políticas de tipo de cambio del año pasado sembraron dudas entre los inversionistas sobre su capacidad para manejar la desaceleración del crecimiento. El liderazgo del Partido Comunista se ha referido en términos positivos a la economía durante los últimos dos años como parte de una campaña para tranquilizar a los mercados globales.

Este control del mensaje corre el riesgo de restringir aún más la información sobre la segunda economía del mundo y, por ende, intensificar la ansiedad de los inversionistas que ya sospechan de la confiabilidad de las estadísticas y las declaraciones oficiales. “Un debate vigoroso entre economistas y la confianza pública en esta discusión es fundamental si China quiere navegar con éxito por estos turbulentos mares económicos”, dice Scott Kennedy, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, de Washington. “Si el Partido y el gobierno quieren escuchar sólo buenas noticias, es mejor que no escuchen nada porque el valor de las palabras sería inferior a cero”.

Un amplio ajuste de los controles sobre la sociedad ha tenido lugar en los últimos años conforme el presidente Xi Jinping trata de mantener el apoyo de su partido y el respaldo del público para una transición económica llena de baches después de décadas de meteórico crecimiento. Entre los blancos de la campaña figuran abogados activistas, personalidades de las redes sociales, organizaciones extranjeras sin fines de lucro y miembros del Partido Comunista que han criticado las medidas.

Aunque las restricciones a la prensa foránea siempre han existido, ahora se han vuelto más estrictas y el número de publicaciones extranjeras cuyas páginas web en China han sido bloqueadas por las autoridades ha aumentado, incluida la de The Wall Street Journal.

Algunos funcionarios indican que una mentalidad de asedio se ha apoderado de los líderes chinos a medida que grandes inversionistas internacionales como George Soros han expresado su escepticismo sobre las perspectivas económicas del país. En reuniones de alto nivel realizadas durante los últimos meses en Zhongnanhai, un complejo amurallado donde trabajan los líderes, algunos altos funcionarios defendieron la idea de aplacar cualquier crítica que incentive a los inversionistas a apostar en contra de China, señalan fuentes cercanas.

“Se puede ver que no están contentos cuando uno trata de decirles que los especuladores extranjeros no son su principal problema”, dice uno de los funcionarios que asistió a las reuniones.

Xi visitó hace unas semanas las tres grandes organizaciones estatales de noticias: Xinhua, El Diario del Pueblo y la Televisión Central de China (CCTV) para exhortarlos a no desviarse del mensaje del partido, “contar bien las historias de China” y aumentar la influencia del país.

Los periodistas chinos sostienen que eso ha desencadenado en presión no sólo para mantenerse al margen de temas polémicos, sino también para producir notas positivas sobre la economía. Los reporteros que cubren las bolsas, por ejemplo, han recibido instrucciones de centrar sus artículos en los comunicados emitidos por la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China.

“Como periodista en China, hoy se puede hacer cualquier cosa menos periodismo”, dice un editor de alto nivel de un medio estatal, quien añade que un colega fue obligado a tomar una licencia luego de que sus editores consideraron que su investigación sobre las causas del colapso del mercado bursátil de mediados del año pasado fue demasiado agresiva.

El amordazamiento de los puntos de vista críticos ha ido más allá de las noticias disponibles al público y de los foros de inversión para abarcar análisis de políticas y mercados. Esto podría sesgar la información que reciben los líderes, las autoridades y los inversionistas para tomar sus decisiones. El banco central cesó abruptamente en febrero la divulgación de datos sobre las compras de divisas extranjeras por parte de los bancos comerciales, información que era considerada por los analistas como una fotografía clave de los flujos de capital, en medio de los temores de nuevas fugas de capitales.

En un comunicado publicado un par de días después, el banco dijo que había tomado la decisión porque las cifras “ya no eran un verdadero reflejo de los flujos de capitales en China”.

Lin, la economista de Guotai Junan, contó que empezó a recibir instrucciones a fines del año pasado para que moderara sus comentarios en público sobre el yuan, también conocido como el renminbi. “Los reguladores me dijeron que no recomendara apostar en contra del renminbi, de modo que me voy a limitar a recomendar la compra de dólares”, señaló en octubre en una conferencia realizada en la Universidad de Fudan, en Shanghai. Ni Lin, ni su empresa ni los reguladores respondieron a pedidos de comentarios para este artículo.

En el centro financiero de Shanghai, el departamento de propaganda de la ciudad ordenó recientemente a un centro de estudios que dejara de investigar un plan del gobierno para canjear deuda por acciones con el fin de ayudar a las grandes compañías estatales a reducir su endeudamiento, manifestaron economistas al tanto. El motivo, aseguran, es que el gobierno no quiere que el estudio encuentre evidencia contra un programa que ha sido respaldado por el primer ministro Li Keqiang y otras autoridades. La oficina de información del gobierno de Shanghai no respondió a solicitudes de comentarios.

Muchos analistas han señalado que los canjes, que les permitirían a los bancos intercambiar deuda incobrable por acciones de las empresas que han recibido sus préstamos, podrían mantener a flote empresas que no lo merecen y aumentarían las necesidades de capital de los bancos.

A mediados de abril, un reconocido economista chino ofreció a los inversionistas en Hong Kong un sombrío panorama de la economía. Gao Shanwen, economista jefe de la corredora Essence Securities Co., les dijo a los inversionistas que a pesar de las señales de un repunte, “gran parte de las cifras oficiales no son confiables” y la economía sufre “grandes problemas”, según asistentes al evento a puertas cerradas.

Sus comentarios repercutieron en las redes sociales. Dos días después, Gao publicó una clarificación en su cuenta pública del popular servicio de mensajería WeChat, donde señaló que las opiniones que se le atribuyen fueron “inventadas”. Luego emitió un informe de la economía donde las críticas brillan por su ausencia. Ni Gao ni representantes de su empleador devolvieron las llamadas en busca de comentario.