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Juan Orlando Hernández, niñez y política

<p>Juan Orlando rezuma a pesar de su formación académica un inconfundible aroma a caudillo montaraz.</p>

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Aunque muchas personas acusan al actual presidente del Congreso de ser ?malgeniado, presuntuoso y maquiav?ico?, en realidad s?o estamos frente un iluso con causa.

Oriundo de Gracias ?cuna del nacionalismo serrano? Juan Orlando Hern?dez se va acercando a la recta m? peligrosa de su carrera electoral. Sin muchos tropiezos a la vista m? la arrasadora convicci? del que se dice ?elegido por los dioses?, este precandidato presidencial no ha tenido reparos en montar una plataforma publicitaria haciendo uso de los recursos econ?icos, humanos y log?ticos del Gobierno.

Se dice que Juan Orlando subsidia una gigantesca maquinaria de activistas contratados a tiempo completo? con unas proporciones de despilfarro y demagogia jam? vistas en la historia pol?ica hondure?.

Una dosis perfectamente combinada de populismo benefactor, discursos agridulces hacia las capas medias y arengas de mal ag?ero entre los grupos empresariales lo convierten en el pol?ico m? antip?ico de la arena. La pregunta es: ?C?o un ?cipote malcriado? (la frase se le atribuye a un memorable rega? de Pineda Ponce) evoluciona con tanta rapidez de media cuchara a maestro de obra? O m? bien: ?c?o se las arregla un pol?ico como ?, alguien que apenas cuenta con 44 a?s de edad, para recorrer a grandes zancadas una pista electoral minada de obst?ulos y espejismos?

Sus conocidas maniobras para quedarse con la presidencia del Congreso a trav? de audiencias que se celebraron en las aguas termales de Gracias, su aterradora habilidad para convertir la bancada azul en una tanqueta de demolici?, su pericia para crear partidas subterr?eas y mantener en pie su gigantesca red de activistas y lugartenientes, el sofrito de un discurso seudopopulista y el acento complaciente hacia los dislates del Ejecutivo son algunas de las pinceladas que definen el paisaje poco alentador de este pol?ico biso?.

Juan Orlando rezuma a pesar de su formaci? acad?ica ? es abogado- un inconfundible aroma a caudillo montaraz.

Tiene un estilo de mando tradicional basado en las lealtades paternales y un control electoral fundamentado en redes patrimoniales. Creci?viendo y observando c?o los sectores pobres se api?n en torno a la caridad publicitaria de pol?icos que entregan bonos, regalan urea, reparten canastas b?icas y distribuyen v?eres.

Aunque no proviene de los sectores castigados de Gracias ? un departamento sumido en una pobreza ancestral y pintoresca ? Juan Orlando se ha mandado a fabricar una imagen de ?hombre de pueblo?? una imagen de nativo superado que responde a los gritos rec?ditos de viejo Congol?. Esta mezcla astuta entre lenca ilustrado y criollo progresista lo coloca en posici? de pararse frente a las ?ites burguesas y reclamarles sin ambages ?por favor se?res, hay que distribuir la riqueza? porque dicha imagen debe ir acompa?da de frases heroicas e imprecaciones directas contra los crueles villanos de la vi?, que seg?n la doctrina popular, son los ricos.

?A veces ? coment?recientemente ? las decisiones implican siempre costo pol?ico, pero yo soy de los que prefiero equivocarme, pero siempre tomar decisiones y si me equivoco hay que enmendar, prefiero esto a estar de brazos cruzados y no hacer nada y que las cosas sigan igual en Honduras, yo no soy de esos, definitivamente?.

Pero lo cierto es que son m? las veces que acierta a su propia conveniencia que las veces que se equivoca. De hecho, casi nunca se equivoca. Bajo su presidencia, el Congreso Nacional se convirti?en una maquila legislativa. Se han debatido y decretado a matacaballo cuatro azotes ? por ejemplo la impopular Tasa de Seguridad, la sospechosa compra energ?ica de emergencia, la afamada nueva ley de inversiones para atracci? de capitales y la desdichada ley para las famosas ciudades modelos, entre otras ? y despu? de dos a?s de hiperactividad legislativa todas estas disposiciones se han metido en las bodegas del olvido. El tiempo se ha diluido en quimeras, ilusiones y mentiras. Son leyes insulsas que no tienen ning?n impacto en la realidad y que ?nicamente han servido para producir pasto pol?ico. Detr? de las tapias burocr?icas, en traspatio de la vida? la pobreza campea y el crimen horroriza.

Con su ambici? invicta por ganar las internas a cualquier precio, Juan Orlando Hern?dez avanza de espaldas a las torpezas del Ejecutivo. Entre la opci? de contrariar al jefe de Gobierno o hacerse de la vista gorda, prefiere lo segundo. Sabe que el ?humanismo cristiano? adoptado por el gobierno de Lobo es una capilla muy peque? para meter a toda su feligres?.

En realidad Juan Orlando tiene en mente un templo pol?ico m? gigantesco y esto implica ir m? all?del humanismo y sobrepasar lo cristiano. Esto implica acogerse con todo y sus riesgos a un socialismo vago que lo acerque ? sin quitarse el frac ? al llano en llamas de la popularidad electoral. En otras palabras, este pol?ico desea con todas sus fuerzas ser un candidato campechano.

Pero en realidad Ricardo ?varez, Miguel Pastor, Mar? Antonieta Guill?? todos son amigos y hermanos?, pero nadie lo cree. Ni sus mismos activistas quisieron aplaudir esta parte del discurso. Todos sus camaradas saben que juega con demasiadas cartas ocultas. De momento peregrina por todas las periferias regalando ecofogones y entil?dose la camisa como un todo santo cach?. Ha sugerido que no se ir?de este mundo sin antes cumplir su sue? de convertir a las vendedoras de tortillas en unas boyantes empresarias y estas mujeres simplemente le siguen la corriente sin perder esa espl?dida sonrisa que es propia de la gente que simplemente vive su verdad? en medio de tantas mentiras.