La mamografía a los 30 o 35 años es necesaria cuando hay antecedentes de cáncer de mama en la familia.

Ninguna precaución sobra, ¡cuida tus senos!

La detección temprana es la única que aumenta las posibilidades de salir bien librada de un cáncer mamario

La autoexploración desde la adolescencia y la revisión clínica anual a partir de los 20 años, realizarse la mamografía, llevar una dieta saludable y el ejercicio diario son las medidas de prevención que se consideran básicas para atacar el cáncer de mama y que cada año se refuerzan en esta época.

Pero no todo es color de rosa. Aun cuando se cumplan estas recomendaciones, tal vez no se logre al 100 por ciento la prevención de este mal, pero sí ayuda a la detección temprana, que ya es una garantía de curación.

Sonia Flores, cirujana oncóloga comenta que “la prevención o detección temprana es lo único que va a poder abatir esos índices tan altos de mortalidad”, agrega la especialista. “Seguimos recomendando que se autoexploren desde que tienen su primera menstruación, esto no significa que se vaya a prevenir el cáncer o que bajen los índices de mortalidad, sino para que conozcan su cuerpo desde que empieza a desarrollarse la glándula mamaria y notar si hay cambios”.

Flores aclara que a partir de los 20 años se recomienda una revisión clínica anual, que no requiere mamografía ni ultrasonido, para que el especialista pueda detectar nódulos o secreción en el pezón o cualquier alteración que presente la glándula mamaria y tener un historial personalizado, para determinar si la paciente tiene o no riesgo elevado y realizar los estudios necesarios.

“Luego, a los 40, realizar su primera mamografía y continuar así cada año”, señala.

La mamografía a los 30 o 35 años es necesaria cuando hay antecedentes de cáncer de mama en la familia, o si se encontró en una biopsia hiperplasia ductual atípica o carcinoma lobulillar in situ o cicatriz radial, lo que las coloca como pacientes con mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

En quienes son sobrevivientes de este mal, el riesgo de recurrencia es del 25 por ciento en los primeros tres años, y de metástasis en los cinco siguientes, por eso se aconseja permanecer en vigilancia con chequeos.